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SOBRE LOS ÁNGELES

 

De los Ángeles en general.- Sabemos que existen los ángeles por la Sagrada Escritura, por las enseñanzas de la Iglesia y por la fe de todos los pueblos. El ángel es una sustancia espiritual, es decir, simple e inmaterial, dotada de inteligencia y de voluntad; completa, es decir, que no está destinada para vivir unida a un cuerpo. El ángel es más perfecto que el hombre en su inteligencia, que adquiere el conocimiento de la verdad sin necesidad de razonamiento; en su voluntad, que se fija en el objeto de su libre elección de manera irrevocable; en su poder sobre la materia, porque puede, con permiso de Dios, obra prodigios estupendos. Con todo, las facultades angélicas son necesariamente limitadas. Los ángeles fueron creados en el estado de inocencia, en el que eran felices con toda la felicidad correspondiente a su naturaleza. Debían, por su libre cooperación a la gracia de Dios, merecer la dicha eterna; triunfando de la prueba a que fueron sometidos. El objeto especial de la prueba, según muchos teólogos, consistió en la adoración del Verbo hecho carne, que Dios les propuso revelándoles el misterio de la Encarnación. Los ángeles malos rehusaron obedecer a Dios y cometieron un pecado de orgullo. Dios los castigó con la obcecación del espíritu, la obstinación de la voluntad en el mal, la exclusión de la mansión de la gloria y el tormento del fuego.

De los Ángeles buenos.- Los ángeles buenos gozan de la dicha eterna, y su vida es un perpetuo cántico de adoración, alabanza y acción de gracias. Forman entre sí una sociedad perfecta en la que reina la más perfecta subordinación. El número de ellos no ha sido revelado, pero es grandísimo. Según San Dionisio Areopagita, se dividen los ángeles en tres jerarquías: la jerarquía suprema, que comprende los coros de los Serafines, Querubines y Tronos; la jerarquía media, que comprende los coros de las Dominaciones, Virtudes, y Potestades; y la jerarquía íntima, que comprende los coros de los Principados, Arcángeles y Ángeles. Los ángeles conocidos son San Miguel, San Gabriel, y San Rafael. El ángel custodio es el que cuida de nosotros. Su existencia se prueba por la Sagrada Escritura, por las enseñanzas de la Iglesia y por la Tradición cristiana. Los ángeles custodios alejan de nosotros los peligros que nos amenazan, impiden a los demonios que nos dañen, nos sugieren santos pensamientos, ofrecen a Dios nuestras oraciones y consuelan en el Purgatorio a las almas que les han sido confiadas. Debemos a los ángeles custodios respeto, agradecimiento y confianza. 

De los Ángeles malos.- Se cree que Lucifer arrastró en su rebelión la tercera parte de los ángeles creados. Los demonios blasfeman contra Dios, y procuran arrebatarle la adoración de las criaturas; odian a los ángeles fieles, y se desprecian y detestan entre sí. Para hacernos cometer el mal, el demonio nos tienta de mil maneras; pero con la gracia de Dios podemos vencerlo, por medio de la vigilancia, oración y mortificación. El demonio puede dañar exteriormente al cuerpo por medio de la obsesión, e instalarse en él por medio de la posesión. Dios permite las maquinaciones de los demonios para probar a los justos, castigar a los malos y atormentar a los mismos demonios.

 

Por el Padre Pío