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CRISTO HA RESUCITADO
1.
Jesucristo, después de ser crucificado, estuvo muerto y enterrado, y al
tercer día resucitó juntando su cuerpo y su alma gloriosos para nunca más
morir.
Por tanto, Jesucristo está ahora en el cielo en cuerpo y alma.
La resurrección de Cristo es dogma de fe. Está definido en el IV
Concilio de Letrán (1215): «Creemos y confesamos que Jesucristo resucitó
de entre los muertos y subió al cielo en cuerpo y alma».
La resurrección de Cristo es «el dogma fundamental del cristianismo».
La expresión del Credo: «subió al cielo y está sentado a la derecha del
Padre» significa que tiene el mismo poder de Dios-Padre.
«La expresión de San Mateo atribuye a Jesús sepultado una
duración de "tres días y tres noches". Pero tal expresión venía a
ser idéntica a la duración hasta el tercer día, al juzgarse el día como una
unidad de día-noche. El decir "tres días y tres noches" es un
modismo equivalente a "al tercer día"».
Jesucristo murió un viernes por la tarde y resucitó un domingo por la
mañana: es decir que estuvo en el sepulcro un día entero y dos medios días.
Pero para el modo de hablar hebreo esto equivale a tres días, o lo que es lo
mismo,«al tercer día». Dijo San Pedro: «resucitó al tercer día».
Antes de morir Jesús había profetizado varias veces su resurrección.
Por lo tanto, al resucitar por su propio poder, demostraba nuevamente, y con la
prueba más convincente, que era Dios.
Dice San Mateo, que los fariseos mandaron a sus soldados que habían
estado guardando la tumba, que dijeran: «Sus discípulos vinieron de noche
estando nosotros dormidos y lo robaron». San Agustín dio a esto una
respuesta definitiva: «Si estaban durmiendo, no pudieron ver nada. Y si no
vieron nada, ¿cómo pueden ser testigos?».
Los teólogos modernos buscan diversas explicaciones al hecho de la resurrección
de Cristo. Pero cualquiera que sea la interpretación debe incluir la
revivificación del cuerpo, si no se quiere hundir la teología de la resurrección.
Para el protestante Bultmann, la resurrección de Cristo es un
mito. Pero para el Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, la resurrección
de Cristo es un acontecimiento real.
Algunos dicen que la resurrección de Cristo no es un hecho histórico,
pues no hay testigos. Este modo de hablar es ambiguo y puede confundir; pues «no
histórico» puede confundirse con «no real». Por eso no debe emplearse, como
recomienda el padre José Caba, S.I. , Catedrático de la Pontificia
Universidad Gregoriana de Roma, en su libro Resucitó Cristo, mi esperanza.
La resurrección de Cristo es un hecho que ha sucedido en la realidad.
«Aunque no haya habido propiamente ningún testigo del hecho de la resurrección,
en cuanto tal, es histórica en razón de las huellas dejadas en nuestro mundo y
de las que dan testimonio los Apóstoles».
Si aparece un coche en el fondo de un barranco y está destrozado el pretil de
la curva que hay en ese sitio, no necesito haber visto el accidente, para
comprender lo que ha pasado.
De la misma manera puedo conocer la resurrección de Jesucristo.
Para otros sí se puede considerar como hecho histórico, pues puede localizarse
en el.espacio y en el tiempo; y según Pannemberg es histórico todo
suceso que puede ser colocado en unas coordenadas de espacio y tiempo.
«Con otras palabras: es histórico todo lo que ha sucedido en un determinado
momento y en un determinado sitio».
Por eso para el P.Ignacio de La Potterie, S.I. , que es uno de los
mejores especialistas en el mundo del Evangelio de San Juan, la
resurrección de Cristo tuvo una realidad física, histórica. Dice Max
Meinertz: «La resurrección entra en el campo de la realidad histórica».
La resurrección de Cristo la refiere San Pablo en carta a los
Corintios, el año 57, es decir, a contemporáneos de los hechos: «Cristo
murió por nuestros pecados, fue sepultado y resucitó al tercer día».
Y lo atestigua San Pedro: «De Jesús resucitado todos nosotros somos
testigos».
San Lucas lo afirma enfáticamente: «El Señor ha resucitado
verdaderamente»
2. Cristo estaba muerto en la cruz.
Por eso los verdugos no le partieron las piernas como solían hacer para rematar
a los crucificados.
Si no hubiera estado muerto, le hubiera matado la lanzada que le abrió la aurícula
derecha del corazón. La
cantidad de sangre que salió después de la lanzada, según el relato de San
Juan, que estaba allí presente, dicen los médicos, sólo se explica porque
la lanza perforó la aurícula derecha que en los cadáveres está llena de
sangre líquida.
Al tercer día el sepulcro estaba vacío: no estaba el cuerpo de Cristo.
La fe en la resurrección de Jesucristo parte del sepulcro vacío. Oscar
Cullmann, protestante, de la Universidad de Basilea, dice: «la tumba vacía
seguirá siendo un acontecimiento histórico».
Los Apóstoles «no habrían creído en la resurrección de Jesús de
haber encontrado su cadáver en el sepulcro». Los cuatro evangelistas
relacionan el sepulcro vacío con la resurrección de Cristo.
a) San Mateo: «No está aquí, pues ha resucitado».
b) San Marcos: «Ha resucitado, no está aquí».
c) San Lucas: «No está aquí, sino que ha resucitado».
d) San Juan al ver la tumba vacía y la disposición de los lienzos «vio
y creyó» que había resucitado; pues si alguien hubiera robado el cadáver,
no hubiera dejado los lienzos tan bien puestecitos.
San Juan vio la sábana, que había cubierto el cadáver de Jesús,
yaciendo en el suelo, y doblado aparte el sudario que había estado sobre su
cabeza.
Según los especialistas la palabra ozonia usada por San Juan debe
traducirse por «lienzos» y no por «vendas» como hacen algunos
equivocadamente. Es verdad que las vendas son lienzos, pero no todos los lienzos
son vendas.
El sepulcro vacío sólo tiene dos explicaciones. O alguien se llevó el cadáver
o Cristo resucitó.
El cadáver no lo robaron los enemigos de Cristo, pues al correrse la
noticia de la resurrección la mejor manera de refutarla hubiera sido enseñar
el cadáver. Si no lo hicieron, es porque no lo tenían.
Tampoco lo tenían sus amigos, pues los Apóstoles murieron por su fe en Cristo
resucitado, y nadie da la vida por lo que sabe es una patraña.
Se puede dar la vida por un ideal equivocado, pero no por defender lo que se
sabe que es mentira. Dice Pascal: «Creo de buena gana las historias
cuyos testigos se dejan matar para defenderlas».
Es evidente que los Apóstoles no escondieron el cadáver.
Luego si Cristo estaba muerto, y el sepulcro estaba vacío, y nadie robó
el cadáver, sólo queda una explicación: Cristo resucitó.
San Pablo nos habla también de la resurrección de Cristo en la
Primera Carta a los Tesalonicenses del año 51 de nuestra era: Jesús murió
y resucitó; y en la Primera Carta a los Corintios del año 55: Cristo
resucitó al tercer día.
Una confirmación de la resurrección de Cristo es la Sábana Santa de
Turín donde ha quedado grabada a fuego su imagen por una radiación en el
momento de la resurrección. No hay explicación más aclaratoria.
Sobre la Sábana Santa yo he hecho tres vídeos titulados: La autenticidad de
la Sábana Santa, La Sábana Santa y el Carbono-14, La Sábana Santa y el
Sudario de Oviedo. Los tres se complementan, aunque algunas cosas se
repiten.
La resurrección de Jesucristo es totalmente distinta de la resurrección
de Lázaro o de la del hijo de la viuda de Naín: éstos resucitaron para
volver a morir, pero Cristo resucita para nunca más morir. «Cristo
resucitado de entre los muertos, ya no vuelve a morir».
La resurrección de Cristo no fue una reviviscencia para volver a morir,
como le pasó a Lázaro; tampoco fue una reencarnación, propia del
budismo y del hinduismo; menos aún fue el mero recuerdo de Jesús en el
ánimo de sus discípulos.
Fue el encuentro con Jesús resucitado lo que provocó la fe de los discípulos
en la resurrección, y no viceversa. «La resurrección no fue la consecuencia,
sino la causa de la fe de los discípulos. (...) Jesucristo fue
restituido con su humanidad a la vida gloriosa, plena e inmortal de Dios. (...)
Se trata de la transformación gloriosa del cuerpo».
Después de resucitar subió a los cielos. «La expresión "subir a los
cielos" es un recurso literario muy en consonancia con la cultura de
aquellos hombres. También nosotros expresamos nuestros anhelos levantando hacia
el cielo nuestras manos».
Después de resucitar, antes de subir al cielo con su Padre, estuvo varios días
apareciéndose a los Apóstoles.
Estas apariciones las expresa el Nuevo Testamento con la palabra griega «ófze»,
que significa «se mostró», «se hizo ver», «se dio a ver», lo que da a
entender que se trataba de un cuerpo real.
Los apóstoles comieron con Él y le palparon con sus propias manos.
Los fantasmas no comen ni se dejan palpar.
Cristo resucitado cenó con los Apóstoles y se dejó palpar por Santo
Tomas. Decía Cristo: «Soy Yo. Tocadme y ved. Un espíritu no
tiene carne y hueso, como veis que Yo tengo».
San Pedro lo recuerda: «Nosotros hemos comido y bebido con Él después
que resucitó de entre los muertos».
La resurrección de Cristo está confirmada por sus apariciones a San
Pedro y San Pablo después de las cuales cambiaron radicalmente.
En una ocasión se apareció a más de quinientos estando reunidos. Así nos lo
cuenta San Pablo escribiendo a los Corintios, y añadiendo que muchos de
los que lo vieron, todavía vivían cuando él escribía aquella carta, en los años
55-56 de nuestra Era.
El verbo empleado por San Pablo excluye una interpretación subjetiva del
término, «aparición».
Las apariciones de Jesús son un motivo de credibilidad en la resurrección
de Cristo.
Jesús resucitado tiene un cuerpo glorioso con propiedades distintas a
las de un cuerpo material.
En la Biblioteca Nacional de Madrid he leído un incunable en el que Poncio
Pilato escribe al emperador Tiberio sobre Cristo. Dice: «Después
de ser flagelado, lo crucificaron. Su sepultura fue custodiada por mis soldados.
Al tercer día resucitó. Los soldados recibieron dinero de los judíos para que
dijeran que los discípulos robaron su cadáver. Pero ellos no quisieron callar
y testificaron su resurrección».
«Sabemos con certeza que existieron unas actas oficiales de Poncio Pilato,
Procurador de Judea, al Emperador Tiberio, como era obligación y
costumbre en el Imperio» por testimonio de Tertuliano (siglo III).
Por el Padre Pío resumido de un escrito del P. Loring