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UN DISCURSO ÉPICO Y FORJADOR
El que
pronunciara el Teniente
Coronel Director de la Academia de Alférez Provisoonales de Xaun, Don Julián
M. Simancas Ximénez (in memorian), el
25 de Enero de 1937.
Sus palábras hablan por sí solas; son, al tiempo, muestra del temple de quien
las dice y semilla de héroes de quienes las escucharon. Los hechos posteriores
así lo demuestran.
(Para
más sobre los Alféreces Provisonales puede pinchar aquí).
"Caballeros cadetes y prontos
Alféreces Provisionales:
Son
mis primeras palabras, tímidos remolinos de la inquietud que agita mi espíritu,
al pensar en este momento que en la lejanía se encuentra el General Orgaz, el
de las nobles inquietudes, que marcó el camino y el ideal alto a ésta Academia
y con su mirar me decía cuántas veces la inspeccionó “Más... todavía más...
Siempre más”. Y aquí estamos otra vez, obedientes a su consigna, para si
posible fuese hacer más... Todavía más... Siempre más.
Porque las horas de España piden montar la guardia tensa, para atalayar sus sueños
altos, tan altos como las ingentes nieves de las montañas de su suelo, esas
montañas que hablan de recias cosas anchas, cosas graves y firmes y que frente
a ellas, tras su bronco perfil, despiertan la evocación de los hombres nobles y
profundamente heroicos que están forjando la gesta inmortal de España y que
CarIyle colocaría entre sus héroes.
Porque el poeta, el sacerdote, el hombre de letras, el campesino, sobre su corazón,
enjoyelado rubí de sus más nobles sentimientos, han puesto una cruz, un haz de
flechas, unas alas, distintivos preciados que los ha hecho cruzados de esta España
que ni debe, ni puede, ni quiere morir. Y, así, el de la Cruz sangrante, el de
los yugos y flechas, el de las plateadas alas, a la voz del Generalísimo, se
han convertido en soldados de España para su eterno vivir.
Para llegar a ese honor, tenéis que tener fe y amor. Que no os falte la fe,
para que lleguéis a tener ese amor que os hará señores y dueños de esa alegría
moral que ,como agua silenciosa y divina ,tenéis que llevar a todos; esa alegría,
verdadera alegría del alma, flor alpina de las altas montañas, que es
imposible que pueda arraigar ni establecerse perdurablemente bajo las espinas y
lo abrojos y las ortigas de una vida recelosa del trabajo y que olvida el deber;
ni en la ciénaga ni en el fango de la obscenidad y del desenfreno; ni en las tétricas
mazmorras del inhumano egoísmo; ni en las hondonadas de la pereza; ni tampoco
en las solitarias estepas de una vida indigna del hombre, olvidadiza del alma y
de Dios.
Trabajo, deber, pureza, generosidad y dignidad, serán los guiones de vuestros
espíritus y de vuestros corazones; si no seréis indignos de ser herederos de
aquellos once caballeros cadetes de Xauen, de Octubre, que dieron ya su vida por
España, legando así una ejecutoria de honor a esta Academia
¡Caballeros cadetes de Xauen! Inclinar vuestras cabezas en señal de
reverencia, rendid vuestras almas como se rinden las espadas en homenaje de
aquellos que montan ya la guardia sobre los luceros de los cielos de España.
Y ahora, para que en el escudo de vuestro pensamiento, para que en esas frentes
juveniles quede la huella imborrable de este momento, pensad en el honor que nos
dispensa la presencia de un veterano, el General Lombarte, alma
recia de soldado, que un día glorioso salió de su hogar, un hogar que había
alzado al abrigo de la vida, con los esmeros de su espíritu y jugos de su fe, y
dejó para pedir un puesto en el peligro. No adujo su alta jerarquía, no
solicitó sitio determinado, había sentido la llamada de España y con muchos
ó pocos, como Jefe ó simple soldado, la categoría no importaba, allí estaba
él presto a combatir ¿dónde?... bajo los cielos plomizos de Asturias, por
riscos y breñas, junto con unos soldados, no muchos, y unos hombres con las
camisas azules de la Falange Gallega marchando, abriéndose paso con decisión y
con violencia, mandados por este General Lombarte, por entre miles de mineros
enfurecidos y perfectamente armados; esos mineros que más que hombres eran
lobos que bajaban de la montaña lanzando alaridos de rabia y coraje, que se
convertían en aullidos de despecho, al tener que ceder ante este soldado de
mirada viva cuya fisonomía nos recuerda a aquellos caballeros que la paleta
maravillosa de aquel griego-español, el Greco, que se embriagó de zumos de
Dios y de crepúsculo, nos legó en obras que son imágenes vivas de las almas
españolas. Aquel caballero de la mano en el pecho y este viejo y varonil
soldado, tienen la misma alma, encarnación de la firmeza y serenidad de
Castilla, madre de España y del ideal de Dios.
Así, él llegó a Oviedo, una de las muchas páginas de esta gesta que
vivimos, y que escribió ese otro soldado, que se llama Aranda, venciendo a
aquellos hombres que se agarraban al terreno hosco y bravío de Asturias, el que
sabía que había que ir por encima de todo y contra todo, está aquí entre
nosotros, que no se nos olvida el honor que nos prestigia con su presencia en
esta Academia, que a él llegue, enérgico y vibrante, ese grito que yergue
nuestras almas y nos enfrenta con la vida y con la muerte.
¡¡CABALLEROS
CADETES DE XAUEN!!
¡¡VIVA FRANCO!! ¡¡VIVA
ESPAÑA!!
Vuestro
Teniente Coronel Director, Julián M.
Simancas Ximénez
Xauen
- 25
- Enero
- 1937.