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EL BOMBARDEO DE GUERNICA
(26 de Abril de 1937)
La
villa (ver
croquis).-
El
26 de abril de 1937 Guernica era una pequeña localidad, situada entre la margen
izquierda del río Oca y la caída suave de la loma Aiserrota (276 metros). Al
otro lado del río se encontraba el pequeño barrio de Rentería, y hacia el
Sur, y siguiendo la vecindad del ferrocarril, varios talleres e instalaciones
industriales. Dominaba el conjunto urbano la Casa de Juntas con el retoño del
histórico árbol, que daba a la villa una acusada fuerza histórica y
sentimental.
El
casco propiamente dicho de Guernica estaba formado por una densa aglomeración
de viviendas, separadas por calles estrechas. Los edificios más importantes,
aparte de la ya mencionada Casa de Juntas y de algunos viejos palacios
ajardinados, situados casi siempre fuera de aquella aglomeración, tenían carácter
eclesiástico: la parroquia de Santa Mari a, la iglesia de San Juan y varios
conventos.
Es
posible que en 1937 Guernica no tuviese una superficie superior a los 400.000
metros cuadrados. En cuanto a la población del municipio podía cifrarse en 5.000
almas, pero esta
población aparecía sumamente removida con motivo de la guerra. Muchos habían
sido evacuados o se encontraban huidos o dispersos por muy diversas causas;
aunque como compensación figuraban aquí los igualmente huidos de las pequeñas
anteiglesias batidas por la guerra, de las villas de Marquina y Lequeitio, e
incluso de Eibar, además de las fuerzas militares acantonadas (al parecer dos
batallones) y de las representaciones y planas mayores de algunas unidades
destacadas en el frente.
Su
situación (ver croquis).-
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Guernica
era un verdadero nudo de comunicaciones, y bien podía decirse que desde ella se
iba «a todas partes». Aparte del ferrocarril de vía estrecha de Amorebieta a
Pedernales, en el que Guernica era la estación principal, de la vieja villa
foral partían las siguientes carreteras radiales:
- la de Arteaga, desde cuyo punto se podía llegar a toda la zona costera
situada a la derecha del último tramo del río Oca (o ría de Mundaca),
incluido Lequeitio.
-
la de Navarniz,
de poca importancia.
-
la de Marquina, por Arrazúa, Arbacegui-Guerricaiz y Bolívar.
-
la carretera a Durango por Ajanguiz, Marmíz y Mendata. -
la que lleva a
Amorebieta por Múgica y Zugastieta.
-
la de Munguía
por Rigoitia.
-
la de Bermeo por Busturia, Pedernales y Mundaca.
Estas
seis carreteras, orientadas en todas direcciones, se comunicaban casi siempre
entre sí por ramales secundarios.
Aumentaba
el valor de Guernica como centro de comunicaciones la anchura y aun profundidad del recorrido final
del río Oca, a partir de la villa, que hacía que el último puente que salvase
tal curso de agua fuese el de Rentería. Como consecuencia de ello toda la zona
nordeste de la provincia vizcaína se comunicaba con el resto de la misma casi sólo
a través del ya citado paso, lo que le daba un valor casi estratégico.
Guernica
bajo la guerra.-
Conforme se ve, la situación de Guernica se hizo verdaderamente importante al fijarse la línea del frente vizcaíno-guipuzcoano tras la ofensiva sobre Guipúzcoa, y concretamente en relación con los sectores de Lequeitio y Marquina y aun en parte con los de Eibar, Elgueta y Elorrio. La vieja villa foral se convirtió así en centro, base y lugar indicado par el acantonamiento de unidades de reserva y el establecimiento de planas mayores y representaciones de las fuerzas destacadas en aquellos sectores. No nos extrañe que por ello se hubiesen convertido en cuarteles el convento de los Agustinos, situado en la carretera de Bermeo, el convento de Santa Clara, junto a la Casa de Juntas, el convento de Madres Mercedarias, en el barrio de Rentería y el Instituto (**).
El
abolengo industrial de Guernica acusó más aún su importancia militar. En
abril se contaba aquí con la Fábrica de Unceta y Compañía, dedicada a la
fabricación de pistolas ametralladoras y los talleres de Guernica, productores
de bombas de aviación en gran cantidad, morteros de varios tipos, granadas,
bombas de mano, espoletas y ojivas para proyectiles de artillería y cargas de
profundidad antisubmarinas (**).
Pero
con relación a aquella importancia militar las medidas de defensa antiaérea
establecidas eran prácticamente nulas, ya que consistían en una sola
ametralladora instalada en el convento de los Agustinos. En cuanto ala defensa
pasiva se habían construido varios refugios, al parecer cinco, uno de ellos aún
no terminado.
La
situación el 26 de abril.-
Para
comprender bien cuál era la situación de Guernica al ser bombardeada, basta
recordar lo que se dijo anteriormente, y cómo los movimientos de las I y IV
Brigadas de Navarra habían formado el día 26 alrededor de la localidad de
Marquina una profunda bolsa, sentenciada a ser ocupada con todos sus defensores,
caso de no retirarse éstos.
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Durango
no tenía salvación. La I Brigada cortaba en aquel día la carretera a Elorrio,
mientras que otras fuerzas, desde Olacueta, llegaban a las primeras casas
duranguesas. Por la derecha se alcanzaba la altura de Yurreta, y en el amplio
macizo del Oiz, el barrio de Sarrimendi.
Por
su parte, la IV Brigada, que en esta jornada ocupaba Eibar y Ermua, ascendía el
monte Urco, en tanto que a
la izquierda y
por Mallavia y Guerefia, entraba en Bolivar, que era rebasado al norte.
La
situación de Marquina y Lequeitio resultaba así desesperada y, por ello, no
debe asombrarnos nada de cuanto en Guernica ocurrió inmediatamente antes del 26
de abril por la tarde.
Pese
a que no había sido aún bombardeada (**)
existía la conciencia general de que iba a ocurrir algo grave. Ello hizo que
por la superioridad se tomasen algunas medidas muy prudentes, y así
precisamente para el día 26 se tenia planeada su evacuación general, que por
las causas que fuesen no se llevó a cabo, siendo suspendido por el delegado
local del Gobierno de «Euzkadi» el mercado, que debía tener lugar por la mañana,
y el partido de pelota de la tarde.
En
esa fecha la riada de milicianos y «gudaris» que se repliegan del frente, casi
siempre en desorden, es considerable (**).
Si la lógica militar empuja a la IV Brigada sobre Guernica, también esa lógica
lleva al Mando de Bilbao a tratar de fijar una línea sobre el río Oca:
Guernica seria clave de la misma, ya que se encontraba en
su margen oeste,
pudiendo convertirse, si las circunstancias resultaban favorables, en un punto
muy disputado. Ya se ha hablado aquí, a tal efecto, de la orden del 27 de
abril, que debió gestarse con anterioridad.
El bombardeo.-
El
26 de Abril se encontraba despejado el cielo de Guernica.
Hacia
las cuatro horas quince minutos apareció un avión, que arrojó varias bombas.
A los diez o quince minutos llegó la primera oleada, a la que siguieron otras,
hasta bastante después de las siete de la tarde. Habían pasado tres horas
largas (**).
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Los
aviones despegaban del aeródromo de Vitoria, rebasaban el litoral y luego,
dando media vuelta, seguían el valle del Oca, atacando Guernica de Norte a Sur.
Al parecer pertenecían a tres tipos: Heinkel-111 y Junker-52, de
bombardeo, y Heinkel-51, de caza y ametrallamiento.
Debieron
formar dos masas, que se turnaban, y en cuanto al número de cada una existe una
general discrepancia. Por fijar ideas, bien podemos suponer que en cada oleada
actuaban, entre bombarderos y caza, alrededor de 15 a 20 aviones. Eran
suficientes.
Su
táctica consistió en arrojar primero bombas rompedoras ordinarias, luego racimos de pequeñas bombas
incendiarias y, simultáneamente, ametrallar al personal al descubierto, no sólo
el que se encontraba en la ciudad, sino también en sus alrededores
e incluso las anteiglesias comarcales.
El
viejo casco urbano, en donde la madera desempeñaba un elemento fundamental en
la construcción, desapareció prácticamente, quedando en pie, inverosímilmente
enhiestos, grandes lienzos maestros. En total, 721 casas sufrieron daños, de
las que el 71 por 100 quedaron totalmente destruidas y un 7 por 100 con graves
desperfectos. De los edificios importantes habían quedado abatido el
Ayuntamiento, la iglesia de San Juan, el Frontón y el instituto, y en parte sólo
el Asilo Calzada; también la estaci6n del ferrocarril y buena parte de las
instalaciones ferroviarias.
Tras
el bombardeo las explosiones continuaron durante varios días, aun después de
ser ocupada la villa por las tropas nacionales, y con las explosiones ardieron
algunos edificios que no lo habían hecho antes.
La
mayoría de los autores, siguiendo los informes oficiales suministrados por el
Gobierno de «Euzkadi», dan aquí las cifras de 1.645 muertos y 889 heridos,
pero los libros de finados de Guernica
y anteiglesias
vecinas e incluso las referencias que se tienen de los fallecidos en Bilbao
arrojan sólo un número aproximado de doscientos muertos (**).
Y
ello es explicable. Lo reducido del casco urbano, desde cualquier punto del cual
se llegaba fácilmente a campo abierto, las pausas evidentes entre oleada y
oleada de aviones y, sobre todo, el clima de general nerviosismo de vísperas
del suceso, al que ya se ha hecho referencia y que había empujado a muchos a
abandonar la villa, fueron causa, sin duda, que en ésta la población se encontrase
bastante reducida al ser bombardeada. Que había sido ordenada su evacuación no
era un secreto. El enemigo estaba en el
monte Oiz y casi podian distinguirse sus banderas. ¿Es qué iban a permanecer
en Guernica, impasibles, los afiliados y simpatizantes de los partidos que
integraban el Gobierno de «Euzkadi»?
El
«escándalo de Guernica».-
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El
mundo conoció inmediatamente el hecho del bombardeo, y también las altas
jerarquías de la España nacional, pero a través de las noticias llegadas del
extranjero. Porque el Mando de la Legión Cóndor, y en seguida las autoridades
de Alemania, negaron el hecho alegando que el 27 no habían volado aviones.
Efectivamente, había sido así, dado el mal estado del tiempo en ese día (**).
La
confusión de fechas reforzó la idea de que la destrucción de Guernica había
sido efectuada por el propio enemigo al retirarse. Precedentes había y bien
numerosos y los seguiría habiendo. La idea de que el fuego y la dinamita eran
armas exclusivamente revolucionarias tenia larguísima tradición, que en la República
tomó cuerpo, particularmente durante la revolución de Asturias (**).
De esta forma el Mando nacional respondió públicamente, ya el dia 27, acusando
a Aguirre, su Gobierno y sus fuerzas de la destrucción de la villa.
Además y como veremos pronto, su ocupación tuvo lugar mucho más rápidamente de lo que todos esperaban. Ello justificaba sobradamente el que no estuviese destruido el puente de Rentería, ya que de otra forma no hubiesen podido retirarse las tropas situadas al Este y que todavía no lo habían hecho, quizá por creer que aún cabía resistir, e incluso el que tampoco se hubiesen Volado las fábricas y talleres de importancia militar. Por otra parte, resultaba igualmente sospechoso que, de haber sido la aviación el arma destructora, hubiesen quedado en pie, milagrosamente, la Casa de Juntas y el roble venerado: cosa fácilmente conseguida de haberse empleado la dinamita sólo en las zonas urbanas que voluntariamente se hubiesen elegido.
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La
permanencia de grandes muros no derrumbados, que se alzaban inverosimilmente
aislados, abogaban por el empleo del fuego y no de bombas rompedoras, y las
explosiones que siguieron tras la ocupación hacía pensar en cargas ocultas de
dinamita. Por otra parte la afirmación de que en algunos edificios aparecían
hornillos, que esperaban sin duda la colocación de una carga de dinamita, no
debe rechazarse de plano (**). Había
precedentes y los seguiría habiendo, como en el caso de la Universidad bilbaína
de Deusto, según veremos en su momento. Lo que por otra parte no debe extrañarnos,
pues en Guernica se alzaban varias construcciones de evidente interés militar,
que no debían caer intactas en manos del enemigo (**).
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El
mismo 29, el general Mola se personaba en Guernica. Allí, tras las vacilaciones
naturales, comprobaba la terrible verdad (**)
y poco después tendría conocimiento de ella el general Franco (**).
Fruto de las reacciones de ambos sería la orden al jefe de Estado Mayor de la Cóndor
prohibiendo el bombardeo de Bilbao, posiblemente objetivo inmediato de una
destrucción masiva. Y en efecto, Bilbao capital no sufrió ya ningún ataque aéreo
de esa clase (**).
Debe
puntualizarse finalmente que nadie desde el otro bando echó la culpa a los
aviadores españoles de la jornada del 26 de abril (**).
El
por qué del bombardeo.-
Guernica
hacía brotar inmediatamente esta pregunta: ¿por qué?
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A
todos alcanzaba el hecho de que el 26 de abril la villa foral se
encontraba casi a merced de las fuerzas nacionales, no siendo difícil prever su
próxima disputa. Se había convertido, pues, en un objetivo táctico, cuyo
castigo resultaba lógico, mas no en la forma en que se llevó a cabo. En
efecto: ¿qué interés podía tener conquistar un montón de ruinas? Porque tal
como se efectuó el bombardeo éste había sido inútil, e impopular ante el
mundo y los españoles de ambos bandos.
En
Durango, según dijimos, se había pretendido sólo formar un montón de ruinas
que taponaran la circulación por aquel nudo viario importantísimo. Si el plan
falló fue por la falta de bombas incendiarias, en frase de Steer, pero este
remate no faltaría ahora (**).
Se
ha hablado, además, sobradamente de que Guernica fue elegida como «banco de
pruebas». por la Legión Cóndor, si no de nuevas armas, si de nuevo métodos.
Ahora bien, la villa era un punto demasiado sensible ante la conciencia del
mundo, reparo que «Sander» debía haber tenido presente y en Vizcaya existían,
por otra parte, varías localidades en las que una destrucción así hubiese
tenido una repercusión menor. ¿Ignoraban estas razones los mandos de la Legión
Cóndor o, simplemente, las despreciaron?
Pero
creemos que había aquí algo más que una prueba de nuevos métodos y armas.
Ya
se ha visto repetidamente cómo «Sander» discrepaba de la táctica empleada
por los generales Franco y Mola, para las operaciones en Vizcaya. En realidad se
trataba de dos puntos de vista totalmente irreconciliables, por apoyarse en
bases radicalmente distintas.
El
Generalísimo no disponía en estas fechas de una masa de maniobra
suficientemente poderosa como para pretender con ella llevar a cabo acciones
pretendidamente resolutorias. Sin embargo, había un hecho indudable, que suponía
toda una servidumbre: el de que las operaciones no podían «pararse», porque
una detención, justificada o no, supondría la pérdida de la iniciativa.
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La
ofensiva sobre Vizcaya se inicia con gran penuria de unidades de infantería,
penuria que ha de ser compensada en lo posible con su traslado de unos sectores
a otros y con el fuego de la artillería y aviación. Tal ofensiva se emprende
sobre la creencia de que el enemigo hará poca resistencia, por lo cual las
operaciones durarán unas pocas semanas.
Pero
no ocurre así. Aliado de ese enemigo es el mal tiempo -factor previsible-, el
terreno -factor conocido- y su resistencia -factor desconocido-. De esta manera,
en la ocupación de los puertos de Barazar, Sumelz y Urquiola se tarda ocho días
y en la rotura de los Inchortas, que en realidad son envueltos, cuatro.
Los
informes de «Sander» que conocemos, a los que podemos sumar otros,
desconocidos pero presumibles, denotan una viva inquietud: no se va a llegar a
Bilbao, el frente se estabilizará y al
perderse Vizcaya se perderá el Norte entero, y con ello la guerra misma.
Pero
no es solo el Mando alemán el que sustenta la necesidad de acelerar, a toda
costa, las operaciones, porque también el italiano, que tiene de la campaña un
sentido “celere”, análogo al de la guerra «relámpago» germana, ha
mostrado y seguirá mostrando en adelante, semejantes inquietudes (**).
Ahora
bien, la única manera de acelerar las operaciones, sin aumentar los efectivos
era imponer una táctica destructiva, que horrorizase a la población civil de
la retaguardia y, de rechazo, a las tropas del frente.
Pero
esto chocaba con el otro factor determinante de la conducta del general Franco
en la dirección de las operaciones: el sentimiento de que la guerra tenía
lugar en suelo español y frente a españoles (**).
En
definitiva, «Sander» -y es de suponer que también aquellos de quienes dependía-,
quería terminar rápidamente la campaña en Vizcaya. Nada mejor para ello que
el terror en la retaguardia: un pequeñísimo «Hiroshima» adivinado en sueños
en 1937 (**).
Las
consecuencias del bombardeo.-
Los
efectos del bombardeo sobre los dirigentes de «Euzkadi» fueron inmediatos,
concentrándose en el temor de que la capital de Vizcaya sufriese una suerte
parecida a la de la villa foral. En tal caso, Guernica sólo había significado
un aviso (**).
Ya
se ha señalado en otra ocasión cómo el bombardeo tambaleó, de momento, el
edificio de la resistencia de «Euzkadi» , bien que el temblor fuese superado.
Ahora agregaremos que una segunda consecuencia del bombardeo. tan importante
acaso como la anterior, fue el endurecimiento de las posiciones ante un posible
acuerdo con las fuerzas nacionales, venciendo la tendencia más radical frente a
la negociadora.
Finalmente,
la jornada del 26 influyó de modo considerable, sin duda alguna, en las
decisiones tomadas por el Gobierno inglés de admitir cuatro mil niños en
calidad de refugiados y de proteger el tráfico marítimo, fuesen los buques
ingleses, españoles o de cualquier otra nacionalidad. Estados Unidos, Francia,
Rusia, Holanda, Bélgica y Checoslovaquia siguieron el ejemplo.
La
ocupación de Guernica por las fuerzas nacionales (ver
croquis).-
El
episodio bélico de Guernica termina en los días 29 y 30 de abril. En la
primera jornada la villa cambia de manos; en la segunda, tiene lugar un fortísimo
y peligroso contraataque.
La
orden particular dada por el jefe de las Brigadas de Navarra al de la IV dispone
que, dividida aquélla en dos grupos (o Agrupaciones), se avance, llevándose
como ejes de marcha las carreteras de Bolivar a Guerricaiz y de Marquina a
Aulestia. No se habla de ocupar necesariamente Guernica, pero se prevée la
llegada a sus inmediaciones.
El
28 las dos Agrupaciones, al mando de los tenientes coroneles Iglesias y Esparza,
partiendo de los pueblos de Marquina y Bolivar, ocupan respectivamente: la de Iglesias, las alturas de Berdazandi, pueblo de Aulestia,
alturas de Illunzar y pueblo de Navarniz, llegando hasta el caserío Zabala, a
tres kilómetros de Guernica por carretera; y la del teniente coronel Esparza,
la ermita de San Cristóbal del monte Oiz, al vértice Garoño, los pueblos de
Guerricaiz y Arbacegui, el cruce de Urruchua, los montes Motrollo y Campona y el
pueblo de San Miguel de Mendata, llegando hasta el caserío de Marmiz, a cuatro
kilómetros y medio de Guernica por carretera.
Esta
localidad queda, pues, amenazada muy de cerca tras el impetuoso avance que
indudablemente resulta inesperado para el enemigo. Hasta tal punto que se pasa
sin darse cuenta a las filas nacionales un motorista portador de una orden
destinada a las unidades que se cree aún ocupan Marquina, para que se retiren
sobre Guernica; manifestando aquél que están llegando desde Bilbao a aquella
localidad fuerzas equivalentes a una División.
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Se
ha producido, pues, un vacío ante la avanzadilla de la IV de Navarra, pero la
idea del mando es defender Guernica. Efectivamente, nada más amanecer el día
29 se aprecia que ha cambiado la situación. Sobre las avanzadillas de Marmiz se
produce un contraataque, en el que sin duda trata el enemigo de ocupar las
alturas que por el Sureste defienden Guernica. Esta embestida es fácilmente
rechazada, huyendo aquél, lo que se aprovecha para ocupar las alturas de
Urgogana sin grandes dificultades.
A
partir de aquí los acontecimientos se precipitan y los carros, apoyados por el
batallón de Argel, avanzan por la carretera hacia Guernica. Desde Ajanguiz se
observa cómo en la estación de ferrocarril «se encuentra un tren militar que
acaba de llegar, trayendo fuerzas de la División que ocupa la villa» (**);
pero batida la estación por los carros huye el tren.
La
entrada en Guernica se hace sin resistencia. Luego se ocupa Luno y el monte
Aiserrota (**).
Ante
el Árbol y la Casa de Juntas se monta una guardia de requetés (**).
Se han rendido fuertes contingentes y entre los prisioneros figura el jefe de la
División encargada de defender Guernica, coronel Llarch (**).
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A
la vez, y conforme ya se señaló con anterioridad, «Flechas Negras», que había
ocupado el 28 Lequeitio, desciende el 29 sobre Arteaga y desde allí cae sobre
Guernica.
Pero
las fuerzas de «Euzkadi» no se dan por vencidas, y a la madrugada del día 30
llevan a cabo un fuerte contraataque, ocupan do en las primeras horas del día
la cota 430, llegando hasta la carretera de Guernica y alcanzando también el
monte Garoño, con lo que queda semienvuelto Urrechua.
Se
reconquista primero la cota 430, pero ello no impide que Urrechua sufra luego
hasta cinco asaltos de 2.000 hombres y cuatro carros blindados, que son
rechazados, tras los cuales y desde la cota 605 se asaltaba el Garoño, con
franco éxito (**).
En
este día 30 «Flechas Negras» sube por la carretera de la margen izquierda de
la ría hasta Bermeo, ocupando las colinas que dominan por el Oeste la dirección
de marcha.
Por el Col. José Manuel Martínez Bande (in memoriam)