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EL
ATAQUE ROJO A VILLARREAL DE ÁLAVA
Por el Gral. Dn. José Martínez Esparza (In memorian)
Muchos
episodios de nuestra Campaña de Liberación
Nacional que en su día tuvieron en la situación general gran trascendencia, pero resonancia
puramente local, pueden caer en el olvido cuando pase el tiempo. Su
trascendencia no pudo darles resonancia nacional a causa de la compartimentación
del territorio y de la dificultad de transmisiones y comunicaciones que al
principio existía, todas pocas para las necesidades la guerra. De añadidura,
la atención de cada región, zona o localidad situada en las proximidades del
frente de contacto, y aun a veces sin contacto, estaba exclusivamente pendiente
del problema militar que se planteaba en sus inmediaciones. También su atención
estaba atraída por la ayuda intensa, eficaz y desinteresada que prestaba a los
diversos mandos militares para resolver sus pequeños y grandes problemas.
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Para salvarlo del olvido he querido dedicar estas líneas a recordar un episodio
de los primeros días de la Campaña de Liberación Nacional en el frente de
Vitoria: el sitio, mejor dicho, el ataque rojo, el sitio y la liberación de
Villarreal de Álava. Ignoramos si en las diversas historias más o menos
extensas de la Campaña se relata este episodio con la extensión y datos que
aquí se van a exponer y nos decidimos a relatarlo con la pretensión de que sea
original, para lo que hemos evitado completamente consultar ningún texto de las
referidas historias. En relación con la objetividad que deseamos emplear no
estará de más decir que en el propio ataque, y el sitio subsiguiente, apenas
intervinimos, por lo cual creemos haber conseguido la suficiente independencia
de criterio para ser objetivos. Las "fuentes" de que nos servimos
empiezan en lo que vimos. Oímos y presumimos del episodio en nuestra
subsiguiente llegada al campo de batalla, continuadas por lo que después nos
contaron un Jefe del mando rojo de Bilbao que servía de enlace al Mando
Nacional (Teniente Coronel Goicoechea, de Ingenieros) y el entonces Teniente
Coronel, después Teniente General, Don Camilo Alonso Vega, Jefe de una columna
a cuyo cargo corrió la liberación de la guarnición sitiada y el contraataque
a las fuerzas rojas que habían montado el asedio de aquel pueblo,
permitiendo, por lo pronto, la entrada del convoy de aprovisionamiento en el
mismo.
SITUACIÓN GENERAL
Corría el mes de noviembre de 1936. En los primeros momentos, y no sin ciertas
dificultades, se había dominado la capital de Álava y el resto de
la provincia en dirección a Burgos y Logroño, pero no así en las proximidades
de Vizcaya y Guipúzcoa, donde, seguramente por estar más extendido el
nacionalismo vasco por ser mayor el contingente de obreros envenenados
por las ideas secesionistas, habían quedado las poblaciones en poder del
elemento rojo, el cual trataba de llevar la guerra al territorio que había
quedado por los nacionales, con fuerzas militares de recluta y mandos
improvisados, de instrucción nula y sin grandes deseos de batirse, salvo un
pequeño contingente de idealistas que arrastraba a las masas y salvo, tal vez,
los batallones nacionalistas que no carecían de cierta moral.
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Desde la iniciación del Movimiento, correspondiendo a esta reacción del mando rojo v tratando de dar sensación de fuerza, una pequeña columna formada por un Batallón, que a veces eran dos y pequeños núcleos de falangistas, requetés y Guardia de Asalto de efectivos muy elásticos al mando del Teniente Coronel del Batallón de Flandes, Alonso Vega, se había esforzado por llevar su acción a lugares enemigos para poder delimitar un frente de contacto lo más alejado posible de Vitoria. En los sitios en que el enemigo no se mostraba muy agresivo o sea, en los frentes pasivos, se habían establecido el Regimiento de Caballería de guarnición de Vitoria y el de Artillería con otras fuerzas que habían llegado de Logroño. Entiéndase por esto que se habían ocupado los pueblos de cierta importancia, algunas carreteras, puntos destacados del terreno, pero no se imagine por ello que el frente por su densidad de ocupación y por la distancia entre puestos correspondía ni siquiera a lo que puede llamarse una línea de vigilancia. En cuestión de reservas, ninguna; no había más que la columna Alonso Vega, que actuaba para todo, como reserva general; como columna móvil a veces tenía que dejar parte de su fuerza para ocupar frentes en que se había producido una penetración y había que reaccionar y taponar luego. Era la única fuerza disponible. Por haber actuado ya en la época que nos ocupa en diversos frentes próximos a Vitoria tenía prestigio y entrenamiento. Pero si se excluye esta fuerza no quedaban reservas ningunas en la capital y en la provincia las más próximas tenían que venir desde Logroño o Zaragoza, donde a la sazón tampoco andaban muy sobrados de ellas. Por esto, en el momento álgido del ataque a Villarreal dos Tabores de Mehalla muy mermados de efectivos y a las órdenes de! Comandante Galera fueron las que acudieron; y tan pronto llegaron otras fuerzas de Marruecos, directamente marcharon los Tabores a Zaragoza de nuevo, donde eran solicitadas por el mando de aquella capital. Así, pues, la situación en el lado nacional no podía ser más adecuada para proporcionar a los rojos el éxito de cualquier ataque que trataran de desencadenar, y efectivamente, los propósitos de éstos no podían ser más ambiciosos, como después trataremos de mostrar.
Debemos añadir que la cuestión de
municionamiento era bien complicada y que la escasez, especialmente en
proyectiles de artillería, granadas de mano y de mortero e incluso municiones
de fusil, era grande. La multiplicidad de calibres, debida al armamento
capturado al enemigo, no contribuía precisamente a aclarar la situación de las
fuerzas nacionales en este aspecto. El Mando estaba todavía apenas sin
organizar; se había dividido el frente en sectores o subsectores de campaña,
en los que mandaban alternativamente los Comandantes Jefes de Regimiento,
Artillería y Caballería y Tenientes Coroneles de las tres Armas de los
Regimientos de guarnición. En cuanto al Mando Superior estaba vinculado al
Gobierno Militar de la Plaza de Vitoria y provincia de Álava y existía un
General de nombramiento expreso del Gobierno de Burgos. En el día del ataque a
Villarreal era Gobernador de Vitoria el General Solans, pero enseguida fue
solicitado para otro mando en donde la situación le requería. Alrededor de
estos Generales se fue forjando un pequeño Estado Mayor con elementos que se
iban incorporando de diversas procedencias e incluso al principio se complicó
la cuestión por existir cierta dualidad entre el Gobierno Militar de la Plaza y
Provincia y el incipiente Mando y Estado Mayor que se estaba creando, lo cual,
ciertamente, no contribuiría a simplificar las cosas. Esto se remedió
enseguida, definitivamente, con la creación de Brigadas Navarras bajo un plan
único, idea del entonces Coronel Solchaga, tan bien lograda y llevada a la práctica
que acabó con la desorganización, dualidades de mando del comienzo, proporcionó
reservas y masa de maniobra, lo que permitió mirar el porvenir con una mayor
confianza. Cuando esta organización estuvo perfeccionada y constituidos sus
Servicios, lo que se logró muy pronto a pesar de las dificultades, esta masa de
maniobra formando realmente un Cuerpo de Ejército muy nutrido y con servicios
de Ejército aunque dotados escasamente, dio el espaldarazo al Ejército
Nacional, terminó con la época de la improvisación y del empirismo y se pudo
pensar en llevar a cabo un plan de operaciones estudiando de antemano para
imponer la voluntad del Mando Nacional al enemigo, arrebatándole la iniciativa
que sólo logró tomar en cortos y excepcionales períodos, sin impedir al Mando
Nacional, aún batiéndose en los lugares impuestos que adaptándose a los
planes de aquél, logró sus más puras y claras victorias.
Añadamos a lo dicho (para dar una pequeña idea de la situación particular) que Villarreal de Álava estaba ocupado por fuerzas de Flandes, San Marcial y Requetés al mando del Teniente Coronel Iglesias Navarro, que llegaría a General. La guarnición el día 30 de noviembre estaba constituida por la Quinta Compañía de Requetés; una Compañía de San Marcial; la Novena Compañía del Batallón de Flandes; una Sección de Ametralladoras de Flandes; una Batería de 10,5 del Segundo Regimiento de Montaña; dos ametralladoras de Bailén y dos camiones blindados, con unos 600 hombres aproximadamente, de los que eran combatientes 460. Las posiciones que cubrían estaban deficientemente fortificadas y no se contaba con gran número de municiones. La posición estaba organizada en parte y tenía algunas alambradas, cortes de carretera, alguna fortificación semipermanente y de campaña y también se reforzó durante el ataque en la noche del 30 de noviembre al día con un blindado llevando algunas municiones y cuatro ametralladoras y como cosa de una Compañía de Infantería de Flandes y una Sección de Caballería. Esta posición de Villarreal se había ocupado para cortar ya el paso de Vitoria durante una retirada que se vio obligada a emprender desde el Mirugaño, próximo a Ochandiano una columna que realmente pudo llegar a este pueblo y ocuparlo, lo que realmente pudo llegar a este pueblo y ocuparlo, lo que no hizo por falta de fuerzas para guarnecerlo y cubrir la comunicación con él. También parece que por allá gozaba de alguna superioridad numérica el enemigo, el cual aparentemente en la organización se nos adelantó a nosotros y también había que contar con la deficiencia de funcionamiento y falta de apoyo de nuestra retaguardia que, sobre todo, no tenía reservas. Además, en el momento de producirse el ataque a Villarreal, la columna Alonso Vega se hallaba actuando en Campanzar donde había llevado a cabo un contraataque para dar aire a Vergara.
El
frente de contacto de los rojos antes de la operación estaba situado en el
Albertia, seguía por el Mendigaín y luego subía a las alturas hacia el Oeste,
lo cual ya no nos interesa para los efectos de esta operación; por el Este de
la cresta del Albertia seguía al Maroto y por aquí con diversos trazados hasta
los Inchortas, dejando libre la carretera de Vitoria a Vergara por Salinas de
Lens; los rojos no ocupaban el Isusquiza, que era posición Navional, pero
durante el ataque fue ocupado por los rojos.
El Mando Supremo del Ejército de Euzkadi residía en el Presidente del Gobierno y Ministros de Defensa, Aguirre, quien transmitía órdenes directas al Jefe militar de las fuerzas Capitán de Infantería Modesto Arambarry, haciendo caso omiso del General Llano de la Encomienda que asistido por el Capitán Ciutat, pretendía desplazar de las funciones del mando a Aguirre, dando esta pugna ocasión a curiosas incidencias. Estas cesaron después de someter a una Asamblea de militares profesionales la cuestión de a quién se debería obedecer, si a Aguirre o a Llano, donde la mayoría reunida en el Cuartel General rojo de Yurre, acordó que Aguirre fuese el Jefe.
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El
jefe militar de todas las fuerzas era el Capitán Arambarry, que tenía su
Cuartel General en un chalet de Yurre, compuesto aquél de dos ayudantes y del
Estado Mayor, formado por su Jefe, Comandante de Ingenieros Alberto Montaud, el
Capitán Lafuente y los Jefes de Artillería, Ingenieros e Intendencia; sin
embargo, las tres agrupaciones que formaron las fuerzas de choque, fueron
puestas bajo el mando del Teniente Coronel de Carabineros, Cueto.
La fuerza de maniobra se componía de 26
batallones de fusileros con armas automáticas. El efectivo de cada batallón
llegaba a los mil hombres y cada uno de los batallones estaba mandado por un
jefe civil, como caso todos, designado por la organización política a que el
batallón pertenecía. El Cuartel General no tenía ninguna intervención en los
mandos de los batallones, que de este modo se entendía antes que nada con las
caramillas o Jefes políticos de sus partidos, desobedeciendo frecuentemente las
órdenes del mando militar.
La clasificación aproximada de las
fuerzas de operaciones era de 10 batallones nacionalistas vascos (entre partido
y acción); 8 socialistas, 4 comunistas, 2 republicanos y 2 anarcosindicalistas.
Esta fuerza de maniobra auxiliada por
unas 12 baterías de diversos calibres, dos compañías de Zapadores y servicios
independientes de Intendencia, quedó organizada en tres agrupaciones de 8
batallones cada una, mandadas la primera por el Capitán de la Guardia Civil
Ibarrola, la segunda por el Capitán Saseta de Intendencia y la tercera por el
Teniente Samaniego de Guardias de Asalto.
Con estos detalles creemos haber puesto
al lector al corriente de la situación general en el frente de la futura
batalla, tanto de un lado como de otro de la línea de contacto, y ahora pasemos
a la descripción del ataque.
DECISIÓN DEL MANDO ROJO PARA EL ATAQUE Y FECHA DE EMPEZARLO
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En
un Consejo de Ministros del "Gobierno de Euzkadi", compuesto por
Nacionalistas Vascos, Socialistas y Comunistas, celebrado en el Hotel Carlton
(sede de la Presidencia del citado Gobierno) en el mes de octubre de 1936, después
de estabilizadas las líneas de los sectores de Marquina, Eibar, Elgueta,
Campanzar y Ochandiano, se acordó bajo grandes presiones del Gobierno Central,
que la venía reclamando, realizar una acción conjunta de gran envergadura
contra las fuerzas Nacionales por los Ejércitos de Euzkadi (como base),
secundados por los Ejércitos de Santander y Cataluña.
La fecha del ataque, fijada como de
necesidad urgente dentro del mes de noviembre, quedaría determinada por la
organización de los batallones rojos y la llegada a Bilbao del resto de un
cargamento de armas y municiones, parte del cual se había recibido en los últimos
días de septiembre y con el cual se había conseguido paralizar el rápido
avance de los Nacionales.
A mediados de noviembre, los batallones
rojos se encontraban completos de efectivos y cuadros de mando. Sin embargo, la
operación sufrió retrasos por la puesta en orden y distribución de armas y
municiones recibidas en la primera quincena y también porque le mando rojo
sostenía la necesidad de abrir una comunicación entre las carreteras
Ochandiano a Villarreal y Aramanova a Villarreal, asiladas por la ocupación de
Villarreal por los Nacionales y sin la cual el aprovisionamientos y evacuación
de los batallones rojos resultaba imposible; esta obra fue terminada por los
zapadores rojos hacia el 15 de noviembre y enseguida se hicieron las marchas de
aproximación.
A principios de noviembre llegó a Bilbao
un General ruso que inspeccionó las líneas rojas y manifestó que las
posiciones elegidas eran buenas y que su defensa y el éxito de las operaciones
dependía sólo del valor de los soldados rojos.
FINES
DE LA OPERACIÓN
El
objetivo estratégico a largo plazo del mando rojo consistía en la reunión de
sus ejércitos de Cataluña, "Euzkadi" y Santander en los alrededores
de Zaragoza; el de Cataluña avanzaría remontando la cuenca del Ebro, el de
Euzkadi, previa la ocupación de Vitoria, habría de seguir el Ebro hasta
Miranda, donde se reuniría con el ejército de Santander que habría de atacar
previamente Villarcayo, y Medina de Pomar, bajando por la cuenca del citado río
y, una vez reunidos en Miranda, la conjunción con el Ejército de Cataluña se
haría en los alrededores de Zaragoza en una segunda fase.
El objetivo inmediato del "ejército
de Euzkadi" era la ocupación de Vitoria, teniendo como eje del ataque
principal la carretera de Villarreal a Vitoria, aunque desde la base de partida
se intentarían tres ataques: uno por la carretera de Bilbao a Vitoria por
Arratia, otro por la carretera de Vitoria a Durango por Villarreal (Aramayona) y
otro de menor importancia que consistía en bajar del Isusquiza a la Estación
de Landa y a Venta Berri sobre la carretera de Vergara. Este último ataque corría
a cargo de la primera agrupación roja, cuya misión era el corte de la
carretera y ocupación de las alturas inmediatas, entre ellas el Castillo de
Landa. La segunda agrupación, compuesta por 6 batallones vascos nacionalistas y
2 socialistas, tenía como base la línea Albertia- Mendigaín y como eje de
avance la carretera Ochandiano- Villarreal- Vitoria, como objetivo previo
Villarreal y como objetivo principal Vitoria, asignándose a esta agrupación el
esfuerzo principal en el ataque. La tercera agrupación ocupaba el ala derecha
del dispositivo con sus bases al Sur y a lo largo de la carretera de Ubidea a
Villarreal y tenía como objetivos los poblados de Cestafe- Avosta- Murúa y
Murguía, para, cortando la carretera Vitoria- Murguía, cubrir por el Sur el
avance a Vitoria de la segunda agrupación.
DESARROLLO DEL ATAQUE
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Los rojos habían llegado a fijar la fecha del ataque después de varios aplazamientos por las causas ya citadas de retrasos en la organización y más especialmente en la llegada de envíos de armas y municiones anunciadas y que no se recibieron en las fechas previstas. Especialmente éstas últimas escaseaban, no porque realmente el aprovisionamiento de ellas fuese escaso, sino porque se daba la paradoja de que cuando algún envío de municiones de procedencia extranjera producía la abundancia, entonces el consumo, mejor dicho, el abuso del consumo era tan enorme que, a los pocos días, habían desaparecido las reservas de municiones y se volvían a encontrar las fuerzas rojas en mayor penuria que antes. Como fecha definitiva se fijó la del día 30 de noviembre de 1936 a las seis de la mañana. El puesto de mando rojo se situó en el alto de Mochotegui situado al norte de Mendigaín y la iniciación del ataque fié presenciada desde aquel puesto por Aguirre y otros políticos acompañados del general ruso. Se inició con una fuerte preparación artillera de las baterías rojas situadas a ambos lados de la carretera de Ubidea a Villarreal, en los alrededores del kilómetro 21, registrándose a media mañana el avance de la tercera agrupación roja que ocupó Ollerías, Elosu y alturas de Cestafe y Nafarrate, e incluso este último pueblo. Tenemos entendido que el pueblo de Ollerías no estaba ocupado por las fuerzas nacionales, ignoramos si lo estaba Elosu y en cuanto a las alturas de Cestafe y pueblo de Nafarrate y sus alturas, parece ser que había una tenue cortina que fue desbordada por la masa aplastante de fuego y tropas rojas, teniendo la desgracia de perder una batería que se encontraba situada en la cota 659 al sur de Elosu y que naturalmente había quedado sin protección, pues parece que el ataque no era esperado en este lugar. A pesar de este avance relativamente fácil de las fuerzas rojas, siempre se mantuvo en nuestro poder Urruñaga y Latoma llamada Vergara, al sur de Nafarrate, e incluso entre Urriñaga y Cestafe el frente quedó sostenido por una ligera cortina de fuerzas nacionales que formaban un frente discontinuo y muy irregular, habiendo acudido al contraataque en los alrededores de Eribe, dos tabores de la Mehalla de Tetuán que, procedentes del frente de Zaragoza, había sido transportados rápidamente, así como algún batallón suelto para taponar y parar el flanco derecho del avance rojo, que sólo en este punto tuvo un pequeño éxito inicial. Sin embargo, parece que esta pequeña agrupación roja del flanco derecho, la tercera, fue la más codiciosa (especialmente los días 30, 1, 2 y 3 en que operó con bastante intensidad en todo el frente desde Cestafe a Nafarrate); aunque su acción por sí sola no podía tener efecto decisivo, pues solamente podía ayudar al avance de la segunda, que era la que llevaba el esfuerzo principal y a la que únicamente cabía la posibilidad de llegar a Villarreal en caso de éxito, siguió forcejando hasta última hora y mantuvo su agresividad hasta el 21 de diciembre, fecha en que, ya a mucha distancia de los sucesos que estamos explicando y después de sufrir algunos embates de la ofensiva nacional coronada por la ocupación de Bilbao.
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A
la segunda agrupación correspondía la parte más principal y aún más dura
del empeño. Pero también tenían enfrente un pueblo, Villarreal; unas fuerzas
de elevada moral y un bien Jefe que les iba a corta el paso por mucho que fuera
el entusiasmo y la capacidad ofensiva de la segunda agrupación formada por
batallones vascos a los que se había encomendado la misión considerada como más
difícil, precisamente porque, con razón o sin ella, eran considerados por el
mando rojo como las fuerzas mejor instruidas, armadas y de más moral de toas
las disponibles. Entusiasmo mal empleado por cierto y que quizá no hubieran
sentid de saber, como sabían sus dirigentes, que todos los partidos de
izquierdas no nacionalistas, estaban dispuestos a acabar con ellos una vez que
el triunfo les hubiera dado dominio completo sobre todo el país. Desde la
preparación y comienzo de la ofensiva roja sobre Vitoria, y como sabemos ahora,
de más ambicioso alcance, estas rencillas se había procurado disimularlas. Es
natural que la esperanza del próximo triunfo tendiera a aminorar las
diferencias entre los diversos componentes del conglomerado rojo. Pero el
fracaso de Villarreal sacó a la superficie los antagonismos y éstos fueron
aumentando a causa de atrocidades cometidas en Bilbao por parte de elementos
rojos, poco después de este fracaso. Y así, cuando fueron reclamados refuerzos
para los frentes de Santander y Oviedo, Aguirre procuró deshacerse de los
batallones comunistas enviándolos de refuerzo con otros batallones vascos a
aquellos frentes.
Pues bien; los batallones vascos de la
segunda agrupación desembocaron del desfiladero que forma el río Santa
Engracia y que da paso a la carretera de Ubidea a Villarreal, y en Ollerías
montaron el ataque a un lado y otro de dicha carretera, que tomaron como eje de
la progresión. Ollerías se encuentra escasamente a 2.500 metros del pueblo de
Villarreal y naturalmente a la salida del desfiladero entraban, sin haber
desplegado completamente, bajo el alcance de las armas de Infantería de los
puestos avanzados de Villarreal. La guarnición de Villarreal, que no andaba
sobrada de municiones por lo que urgentemente hubo necesidad de enviárselas
durante el sitio, las aprovechaba tirando sobre seguro, lo cual favorecía
grandemente la situación táctica, pues el pueblo, en las faldas del Albertia,
dominaba algo el pequeño llano por el que discurría la carretera que servía
de eje al ataque. No tardó, por tanto, en ser detenido el avance y las bajas
rojas fueron muy numerosas.
La agrupación roja (Ibarrola) que marchaba por las alturas del Albertia y del Maroto, como es natural, llevaba menos apoyo artillero o no lo llevaba, que esto no está claro y, además, debía tener muy pocas ganas de batirse, porque abultando la resistencia que encontraban y no era más que un ligero tiroteo, telefoneó al mando, que no se encontraba en condiciones de realizar su cometido si no recibía apoyo artillero, por lo cual se le ordenó que esperase instrucciones y que suspendiese su acción.
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Mediada
la tarde y al darse cuenta el Jefe de Estado Mayor rojo de que le avance por su
flanco derecho languidecía, como el de la agrupación de la izquierda se había
suspendido por decisión propia y que el de la agrupación principal, la
segunda, había sido parado en seco por la guarnición de Villarreal, dio orden
a los dos batallones Larrañaga y Rosa de Luxemburgo, que se hallaban en reserva
en las inmediaciones de Durando que reforzasen el ataque ocupando de noche
Villarreal. Se presentaron los dos jefes de los citados batallones, uno el
comunista Jesús Larrañaga y el otro Cristóbal Errandonea, al citado Jefe de
Estado Mayor, preguntando qué es lo que tenían que hacer. Se les dieron las
instrucciones y ya a las veinte, con la noche cerrada muy oscura, se dirigieron
a la línea de fuego donde no se oía un solo tiro. Como no les gustara la hora
y el momento para inicial el ataque, se desataron ambos “Jefes de batallón”,
en improperios e insultos para los mandos militares, negándose rotundamente a
incorporarse al ataque de noche y anunciando fanfarronamente que al día
siguiente de madrugada ocuparían ellos solos Villarreal en media hora. Por lo
ocurrido después se nota que era en fuerza verbal en lo que estaban sobrados
esos batallones. Y con esto se terminó el primer día del ataque.
La guarnición de Villarreal se defendió gastando con mucha parsimonia sus municiones, pero dejando bien sentada su superioridad absoluta en todos los aspectos sobre sus contrincantes rojos.
El mando nacional, falto de fuerzas de maniobra, había reclamado la presencia de la columna Alonso Vega que se hallaba hacia Vergara empeñada en otra acción de contraataque que tuvo que suspender para regresar a Vitoria no siéndole posible ya al hacerlo, pasar por la carretera de Vergara a Vitoria por Salinas de Lens, no pudo llegar a Vitoria hasta la noche del 1 de diciembre por la acción que tenían entablada y por el rodeo que tuvo que hacer en su transporte. El Mando Nacional había dispuesto que varias unidades tipo batallón que habían pasado el Estrecho el 1 de diciembre y que iban destinadas al frente de Madrid, se orientaran en dirección a Vitoria. También se habían enviado refuerzos de Infantería y Artillería procedentes de Villarcayo y otras fuerzas desde Logroño, amén de los dos citados tabores de la Mehalla de Tetuán, al mando de su Comandante, después General, Galera, que cubrieron el frente delante de Eribe y que no pudieron contribuir al restablecimiento total de la línea, porque necesidades del frente de Aragón los reclamaba de nuevo en Zaragoza.
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Mientras este ataque de Villarreal se iniciaba y desarrollaba, el Mando regional de Vitoria tenía que atender a para pequeños ataques de diversión que producían los rojos a lo largo de todas las carreteras que convergen en esta población, sin fuerzas suficientes para atender todas las peticiones y, aunque era sabido que los ataques no eran capaces de profundizar, tampoco era posible desatender ninguna de las intentonas rojas porque podrían alcanzar acción decisiva debido a nuestra debilidad y falta de reservas.
Y
amanece así el día 1 de diciembre, segundo día del ataque, con la obsesión
por parte del mando rojo de ocupar Villarreal, pero ya cambiando la forma del
ataque. En lugar de atacar de frente, lo hicieron esta vez desbordando
Villarreal por ambas alas y tratando de envolverlos por ambos flancos. Los
batallones de reserva Larrañaga y Rosa de Luxemburgo que había prometido para
la madrugada de este día la ocupación de Villarreal por sí solos, n se
presentaron al combate hasta después de las ocho, muy tarde, como es natural,
para emprender el ataque en condiciones favorables. No obstante, los ataques se
reanudaron. Al tratar el enemigo de envolver el poblado, la pequeña guarnición
se vio batida en tres de sus frentes y no pudo atender, dada sobre todo su
escasez de efectivos y municiones, a una defensa eficaz, con lo que el enemigo
tuvo cierta facilidad para actuar. Además le favorecía el hecho de que al
nordeste y este de Villarreal las estribaciones del Monte Albertia cubiertas de
pinos, dominaban muy de cerca las casas del poblado. Por este flanco nordeste y
debido al espeso pinar, se infiltraron los rojos, logrando ocupar el pinar de
Charillapea, altura que dominaba a Villarreal por el sudeste, lo cual empezó a
dar características de sitio a la situación de Villarreal. Otros batallones
rojos, entre ellos el Mateos, socialista, desbordó por el suroeste a Villarreal
aprovechando un bosque que existe a la altura del km. 15 de la carretera de
Vitoria y trató de envolver a distancia el pueblo para evitar sus fuegos por el
alejamiento y además por la disimulación que le proporcionaba el bosque. Estas
fuerzas se infiltraron desde Elosu aprovechando unas plantaciones de pinos en la
dirección señalada por las cotas 540 y 557 en la línea de Elosu- Charillapea,
llegando hasta la casa de Gerón, 100 m. Al este de la carretera. No la cruzaron
más que en determinados momentos, pero sin afianzarse al otro lado ni lograr
enlace táctico con las fuerzas rojas de Charillapea, aunque estaban a menos de
500 m. de éstas, pero se consumó prácticamente el cerco de Villarreal por la
acción de sus fuegos. En ese día ya el Mando Nacional intentó con unos
blindados el abastecimientos de la población de Villarreal, no lográndolo por
la proximidad de las fuerzas rojas a la carretera y los obstáculos puestos en
ella. Aunque la situación de Villarreal no era desesperada ni su jefe diera
sensación de excesiva preocupación, el hecho cierto des que la situación era
muy grave, especialmente por la cuestión de la evacuación de heridos,
municionamiento y suministros de todas clases, ya que casi toda la población se
encontraba en el interior y, aunque los heridos eran atendidos cuidadosamente,
en una casa del pueblo por una abnegada viuda que ofreció su casa y su propia
asistencia para ello, urgía la evacuación y el abastecimientos y ésta era la
mayor preocupación de nuestro Mando.
A partir de este momento comienza el verdadero sitio de Villarreal, cuya posición se convierte, como otras tantas de nuestra Campaña, en imán, que atrae todos los esfuerzos del mando rojos y de las fuerzas del mismo bando. Incapaces de mantener en sus manos la iniciativa que pesaba demasiado en su escaso ánimo, la ceden en cuanto llega la ocasión. A partir de ahora, toda su tenacidad va a vincularse en el asalto a la posición de Villarreal, hasta el punto de que durante este segundo día del ataque las agrupaciones primera y tercera, que no tienen ningún objetivo geográfico próximo, no avanzan. Su mando no se siente atraído por ninguna fuerte resistencia y encuentran más cómodo permanecer sobre las posiciones ocupadas. El mando rojo siente la máxima atracción por Villarreal y toda su atención se dedica a la segunda agrupación. La voluntad del mando no alcanza, ni lo intenta siquiera, galvanizar a las agrupaciones primera y tercera. La primera ya hemos visto que desde el primer día y a pesar de su base de partida, favorablemente situada en posición elevada dominando las posiciones nacionales desde gran altura y sin gran resistencia enfrente, con la excusa de carecer de apoyo artillero no intenta desde la iniciación de la operación hacer nada. Veremos después que estas dos agrupaciones, la primera y la tercera, sólo son impulsadas hacia delante, teniendo algún pequeño éxito local mucho después, afortunadamente, cuando el Mando Nacional ha recibido refuerzos y ha podido mejorar la ocupación de la línea y aumentar su densidad. Pero sobre todo cuando el mando rojo, despreocupado ya del objetivo definitivamente fracasado de Villarreal de Álava, puede en una última intentona ocuparse de que avancen estas dos agrupaciones.
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Y
en esta situación llega el tercer día del ataque. Bajo la sensación de
fracaso que ha recibido el mando rojo, sus batallones se empeñan en la
consecución del objetivo. Pero todo ello por iniciativa del escalón batallón
e incluso de las compañías y sin que los mandos de agrupación y superiores
puedan ya conducir el ataque ni tener en la mano a sus unidades. El mando en
Jefe va conociendo así sucesivamente la actuación y situación de dichas
unidades jalonadas por los fracasos, que le van comunicando sus jefes
respectivos, de sus inconscientes iniciativas. Un gigantesco desorden se
produce. El consumo de municiones se lleva a un ritmo que hace imposible
calcular la duración de los depósitos. Se emplean todos los medios. Por la
carretera de Durango se intenta forzar la defensa de Villarreal utilizando unos
blindados rusos de seis ruedas provistos de cañón de tanque. Son detenidos por
los fuegos de defensa de Villarreal con la poca artillería de que disponen.
Como no tienen aquellos blindados dirección en ambos sentidos, el que va en
cabeza trata de retroceder y vuelva. Esta es la señal para que los otros,
aprovechándose de una curva de la carretera en desmonte se pongan a cubierto y
desde allí, ya con las puertas abiertas, tratan de deslizarse a retaguardia, no
sin que otro de ellos vuelque y quede allí para toda la duración del sitio.
Estos blindados se habían de conocer después en la historia del sitio como
blindados núm. 1 y blindado núm. 2, en los cuales se montaba de noche un
servicio avanzado de la guarnición. El desorden entre todas las unidades rojas
es enorme. Como fuerzas poco habituadas al combate, el consumo de municiones es
grande de noche y de día. El despiste de las unidades rojas hace que al
amanecer se encuentren enfrentadas fuerzas del mismo bando, que se produzcan
tiroteos entre ambas con gran cantidad de bajas causadas entre sí por los
mismos rojos.
Con estas previsiones comenzó el tercer
día del ataque, o sea, el 2 de diciembre, en que, justamente hacia las siete
horas, había llegado a Urbina la columna Alonso Vega procedente de Vergara.
Esta columna estaba compuesta por los batallones de Flandes de reciente creación,
obtenidos del desdoblamiento; una compañía de Requetés, una compañía de
Falange, otra de Guardias de Asalto y una batería de 10,5 de montaña, pero
tuvo que dejar en Anguiozar, de donde procedía y donde el enemigo presionaba,
casi la mitad de su fuerza, y se encontró con que al llegar a Vitoria prácticamente
para el contraataque en Villarreal, había quedado reducida a unas seis compañías
incluidas las fuerzas de Requeté y Falange. Por ellos fue reforzada con un
batallón de San Marcial, que la esperaba en Urbina recién llegado y
completamente nuevo en estas lídes. Al llegar la columna a Urbina tuvo que
abandonar la carretera y se lanzó en dirección Nordeste entre la carretera de
Vitoria a Villarreal y el ferrocarril de Vitoria a Durango. No obstante sus
precauciones para el avance, la artillería roja, que tenía una observación
eficacísima desde el Albertia sobre toda esta zona, tomó bajos sus fuegos a la
pequeña columna y una de las unidades no pertenecientes a Flandes se despistó,
teniendo el Jefe que reconstruirla, por lo que hasta las diez de la mañana no
puedo encontrarse entre la carretera y el ferrocarril citado a la altura de
Gojain, línea que había de servir de base de partida para el ataque al pinar
de Charillapea, posición clave del cerco rojo de Villarreal. El batallón que
había recibido de refuerzo la columna quedó cubriendo la base de partida. Los
resultados conseguidos por esta columna, en realidad
pueden reputarse de milagrosos, porque la posición de Charillapea era
fuerte, dominaba el llano en que se hallaba la base de partida y era muy difícil
el cruce del camino de la estación de Villarreal. El Jefe de la columna lanzó
dos compañías en primer escalón y otras dos en segundo quedándose con otras
dos en reserva. El primer escalón avanzó hasta la cuneta del camino de la
estación citada, pero allí fue detenido por el fuego de frente que recibía
del pinar de Charillapea y por el de flanco que recibían del vivero de Bechina.
En este momento el Jefe de la columna decidió enviar las dos compañías del
segundo escalón hacia el vivero de Bechina, lo que hizo con relativa facilidad,
rechazando a los rojos que allí se encontraban y arrojándolos del vivero, cosa
a la que ya estaban predispuestos, por ser muy difícil su situación en aquel
punto. Una vez ocupado el pinar de Bechina (vivero), este escalón de dos compañías
atravesó la carretera en la entrada de Villarreal por el Km. 15 atacando de
flanco a los rojos que ocupaban Charullapea, los cuales estaban fijados por el
fuego del primer escalón y, sobre todo, por la atracción de este fuego, por lo
cual, al sentir la acción del segundo escalón, atendieron al frente de este
ataque; momento que aprovechó el Jefe de la columna para lanzarse con sus dos
últimas compañías y única reserva de que disponía en apoyo del primer escalón,
detenido en el camino de la estación de Villarreal. Este primer escalón, al
notar la acción del segundo por su flanco izquierdo y el griterío de los rojos
sorprendidos por acción tan fulminante y recibir el apoyo de la reserva,
atravesó decididamente el camino de la estación y subió rápidamente al bode
exterior del pinar de Charillapea al mismo tiempo que la otra Compañía del
segundo escalón subía por el Oeste al mismo lugar. Desde el escalón de
reserva se vio cómo el segundo escalón rojo de la posición del pinar, que
estaba en la cota 600 m, al Nordeste del caserío de Charillapea, abandonaba su
posición, huyendo en dirección a la creta del Monte Albertia. El pinar quedó
en poder de nuestras fuerzas, pero el día 3 de madrugada volvieron a atacarle
los rojos y lograron ocupar su parte Norte. Quedaron así desde entonces las
fuerzas nacionales en el centro de la posición del pinar, donde se fortificaron
ciñéndose a la posición roja de la otra mitad del pinar y creando una
resistencia que cubrió ya para lo sucesivo la carretera de Villarreal del fuego
de los rojos por quedar aquélla detrás de la cresta topográfica ocupada por
os nuestros. Así se consolidaron hasta el avance nacional hacia Bilbao las dos
posiciones, a pequeña distancia una de la otra, como tantas otras al
solidificarse el frente después de los primeros contactos.
Pero el objetivo estaba conseguido y parte de la fuerza del segundo escalón que ocupó el vivero del Bechina entró en Villarreal, levantando el sitio y permitiendo en la práctica la comunicación de Villarreal en todo momento, aunque con tiroteos lejanos por ambos flancos, especialmente por el este. El fuego de la artillería, en cambio, arreció bastante. De la bravura de las tropas de la columna de socorro y del arrojo demostrado, dan perfecta idea las pérdidas causadas al enemigo que a continuación se detalla: Muertos cogidos al enemigo 300; prisioneros hechos en el pinar 24; armas automáticas recogidas 20; fusiles 150; municiones en enorme cantidad de todas clases.
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Todo
este tercer día se pasa en estos incidentes, que no hacen más que aumentar el
caos en el campo de nuestro enemigo, y ante las sensibles pérdidas que
experimentan, los rojos pierden terreno en el cuello de la botella que aprisiona
Villarreal y queda demostrado que la guarnición se halla en comunicación con
su retaguardia y con sus mandos. El conocimiento de este hecho por los rojos
contribuye a su desmoralización. No habiendo conseguido la ocupación de
Villarreal en los tres días de ataque, se habían hecho al menos la ilusión de
tener sitiada la población y que, aun con retraso, al fin la ocuparían,
consiguiendo con ello franquear el camino hacia Vitoria, donde tenían el propósito
ampliamente proclamado de “tomar café”.
En este tercer día del ataque, las
noticias que llegaron al mando rojo en fin de jornada disminuyeron mucho as
ilusiones, porque la situación, que nunca había sido clara, se hacía más
confusa. Aunque no conocía la situación de las fuerzas con toda precisión, el
mando rojo tenía la creencia de que el cerco de Villarreal era completo. Y, por
el contrario, en fin de esta tercera jornada había recibido noticias del
retroceso de sus tropas y de que el cerco de Villarreal no era una realidad.
Estas malas nuevas contribuyeron a desmoralizar totalmente a sus componentes. En
vista de la situación y como el mando rojo opinaba continuar el avance sobre
Vitoria, ordenó concentrar todos los elementos de artillería y armas automáticas
a favor de los batallones de la segunda agrupación roja y con este propósito
empezó la acción en el tercer día, 2 de diciembre. Pero las órdenes habían
sido recibidas por las tropas son entusiasmo alguno y en tal día el ataque no
registró avance rojo que mereciese mencionarse. La guarnición de Villarreal
por su parte, trató, una vez fijadas las fuerzas rojas, de hacer difícil la
permanencia de las mismas en el caserío de Bechina y en el Pinar de
Charillapea. Incluso trató de desalojar al enemigo del pinar, pero son
conseguirlo; pues, además de que carecían de reservas y eran mínimas las
fuerzas de maniobra de que disponían, la posición del pinar dominaba las
posiciones propias y su proximidad a la posición de Villarreal hacía difícil
el apoyo artillero de las piezas nacionales establecidas en los alrededores de
Urbina. También resultaba difícil sacar fuerzas de maniobra a causa del gran
perímetro que ocupa la posición de Villarreal. Este perímetro se ha reducido
durante el ataque para poder sacar reservas con que acudir a contraataques donde
fuera necesario, pero aún así, las disponibilidades de efectivos eran muy
precarias. Por tanto, las acciones de la guarnición en este día se limitaron a
las del fuego lo mismo que hicieron los rojos.
Al final del
tercer día, los partes recibidos por el mando rojo confirmaron los siguientes
extremos: el gran cansancio de los batallones rojos para la acción, debido a múltiples
concausas: la primera, el gran número de bajas registradas; segunda, la escasa
moral que les restaba, que fue disminuida por el fracaso del cerco, y tercera,
la escasez de municiones; influyendo también en cuarto y último lugar, la difícil
postura táctica en que algunas unidades rojas habían quedado bajo el alcance
medio del fuego de fusil de la guarnición de Villarreal, que les hacía
imposible la vida y el movimiento más que durante la noche. El consumo de
municiones hecho por los rojos había sido un verdadero derroche y excedido con
mucho las máximas previsiones calculadas, por lo cual se encontraron en la
imposibilidad de mantener el ritmo de combate, ya que sólo quedaba a disposición
del mando una reserva de tres millones de cartuchos de armas portátiles. En
vista de ello, el mando rojo decidió de momento suspender el ataque, aunque
manteniendo el contacto con la idea de continuarlo una vez recibidas más
municiones que se esperaban y reorganizadas algunas unidades que se retiraron
del frente. Como el consumo de municiones de artillería, más ordenado, no había
sido tan grande, para mantener a la guarnición de Villarreal en la idea de que
el ataque proseguía, se ordenó simultáneamente la intensificación del fuego
artillero sobre Villarreal. Se trataba de impresionar a la guarnición del
pueblo y especialmente batiendo la entrada de la carretera de Vitoria dificultar
el auxilio a la guarnición.
El mando rojo decidió la suspensión de la operación sobre Villarreal y ordenó el repliegue de una buena pare de los batallones a Villaro, castillo de Elejabeitia y Durango, y sobre todo a Bilbao, donde se hacia necesaria la llegada de estas tropas para levantar la moral grandemente decaída por el importante número de bajas que habían tenido que evacuar sobre la ciudad, debido a la imprevisión de no haber montado suficientes hospitales de campaña. La población, que veía pasar ambulancias y más ambulancias, y los familiares de los heridos que los visitaban en los hospitales, hacían elevar el número de bajas realmente enorme, a una ciudad cuatro o cinco veces mayor.
Por el Gral. Dn. José Martínez Esparza (In memorian)