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ALFÉRECES
PROVISIONALES:
HÉROES DE LEYENDA
Los
29.065 alféreces provisionales, desde Sebastián Camarero hasta Rafael
Palenzuela, primero y último, son un dato expresivo de su contribución a los
cuadros de mando de la guerra. Con los de los otros Ejércitos
--Aire e Infantería de Mar-- el
número total de unos 30.000 puede darse como definitivo. De ellos 22.000 fueron
de Infantería combatiente y tal nómina supone aproximadamente los dos tercios
de la oficialidad de campaña, casi el completo de los mandos de sección, la
mayor parte de los de compañía y algunos de batallón, o unidades similares en
otras armas, aunque en menor escala,
porque no en balde al terminar la guerra cerca de 8.000 eran Tenientes y
casi 500 habían ascendido a Capitanes.
Con
esto, resulta el siguiente balance
|
De las Armas |
|
| Infantería | 22.180 |
| Milicias | 1.004 |
| Caballería | 307 |
| Artillería | 1.578 |
| Ingenieros | 1.174 |
| Intendencia | 678 |
| Auxiliares de Estado Mayor | 417 |
|
Otros Cuerpos |
|
| Orden Público | 967 |
| Batallones de Trabajadores | 509 |
| Defensa Química | 209 |
| Auxiliares de Intervención | 42 |
|
Subtotal |
29.065 |
|
Otros Ejércitos |
|
| Aviación | 1.151 |
| Marina | 137 |
|
TOTAL |
30.353 |
Ellos
fueron, pues, la armazón de los 700.000 combatientes del ejército de Franco, el pulso y el impulso del
combate, con sólo la táctica precisa, con escasa técnica, compensada muchas
veces con derroches de valor y sentido común. Su ¡adelante! o su ¡arriba! no
eran muy ortodoxos ni muy recomendables como norma habitual, pero en muchas
ocasiones fueron resolutivos a la hora de la verdad.
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Así
fue el prototipo, en el sentido cronológico, el de los primeros cursillos,
cuando la guerra aún era irregular, el que ha quedado como estampa de alférez
provisional y dio origen a frases, definiciones y chistes macabros que pueden
definirse en el popular: «Alférez Provisional, cadáver efectivo.»
Pero no puede olvidarse su sentido de responsabilidad, la preocupación
escrupulosa por la vida de sus hombres, su afán de perfección profesional, que
les llevaba incluso a solicitar a su comandante clases de táctica ampliatorias
en días de descanso, y a apurar las situaciones en instrucción de combate,
donde era tan difícil interesar a la tropa por un enemigo nada más que
supuesto.
No
se puede valorar al oficial provisional con dichos populares, tópicos y
superficiales. Entre el alferecillo inexperto y el curtido capitán provisional
había casi un abismo de ciencia y de experiencia militar. El mismo Franco,
improvisó su loa, al año justo de salir la primera promoción, cuando el 1º
de octubre de 1937 decía al pueblo de Burgos, al anunciar la conquista de
Covadonga, desde el balcón de Capitanía:
“Mi recuerdo en este día tiene que ser para los que se baten, para el soldado, para el oficial; tiene que ser para esos bachilleres de los frentes que, cuando les colgamos en el pecho una estrella, sabemos que formamos una generación de oficiales, sabemos que ve el honor de España en ellos.
Hoy
son esos hijos del pueblo, son esos alféreces provisionales, los caudillos, los
cabecillas de nuestras tropas, los que las arrastran a la victoria, los que
mueren en racimos, y mueren gritando como nosotros hacemos: ¡Viva España! ¡Arriba
España¡
Lo
ratificaba a los diez años de la victoria, inaugurando el Valle de los Caídos,
el 1 de abril de 1959, al citarlos como el extremo más genial en las creaciones
de aquella guerra.
El
genio español surgió en mil
manifestaciones, desde aquellas milicias en que cristalizó el entusiasmo
popular de los primeros momentos, y que formaron el primer núcleo de nuestras
fuerzas de choque, a los alféreces provisionales que nuestra capacidad de
improvisación creó para el encuadramiento de nuestras tropas y que habían de
asombrar a todos por su espíritu y aptitud para el mando”
Tal
es el antitópico de alférez provisional, que no anula al tópico, sino que lo
completa y supera.
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Si
nos dejásemos llevar del afán estadístico contaríamos los muertos. La
aureola popular del alférez provisional hizo de él un romance de juventud y
muerte que la retaguardia aceptó como un sino fatal a partir de la cuarta
promoción. Según mis cálculos ponderados, que he contrastado con los
historiadores más ecuánimes, quizá no llegasen a 3.000 los oficiales
provisionales muertos en campaña. Si se tiene en cuenta el total de caídos en
las filas nacionales y el hecho de que la mayor densidad de las promociones Sé;
dio cuando la guerra terminaba, la proporción es extraordinaria. Pero lo que más
importa no es el número, sino el cómo y el cuándo, por qué y para qué
mueren.
El
primero, el Alférez Escalera, cayó en el frente de Aragón el 5 de octubre de
1936, a los dos días de recibir en Burgos su pasaporte, única credencial de su
empleo, por la urgencia de enviarlos al combate. El último, Alfonso de
Churruca, cayó en la cabeza de puente de Toledo el 27 de Marzo de 1939, víspera
de la entrada en Madrid, con una espoleta de medio kilo clavada en la cadera.
Eran las últimas descargas de la artillería enemiga.
Están
registrados los hechos de 15 caballeros laureados y 363 medallas
militares. El porcentaje es muy alto si se tiene en cuenta que en la guerra de
Liberación se concedió un total de 71 laureadas y 1.214 medallas militares.
Pero sería medir el heroísmo con un patrón demasiado material e imperfecto y
olvidar innumerables casos que, por ignorados, quedaron en silencio. Alférez
hubo que sólo ostentó treinta horas su estrella enlutada. Y hubo promociones
que se embebieron íntegras en las batallas de Brunete, Teruel y el Ebro, según
salían de sus Academias. Alguna división de choque, como la 1ª de Navarra,
llevaba en su cuartel general un plantel de oficiales provisionales, en calidad
de reserva, como piezas en calidad respeto, para que teniéndoles a mano hubiese
interrupción en las reposiciones de bajas.
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Los
caídos
Nadie
había hecho el más mínimo recuento ni cálculo sobre los Oficiales
Provisionales muertos, pues en otro caso no se hubieran dado números
exorbitantes y fantásticos, incluso en discursos oficiales, sin base alguna,
ni siquiera lógica. Una buena muestra de tales absurdos está en la obra de uno
de los últimos escritores con pretensiones históricas sobre la guerra del 36,
que llama «pseudohistoriadores» a los primitivos y afirma:. «Del MIR
dependían las Academias de los Provisionales, que promovieron durante la Guerra
50.000
oficiales, de los que murieron 20.000
en combate» añade
algo tan estadístico como lo siguiente: «Según el general Walch, en 1938
la duración media de un teniente (sic) salido de la Escuela Militar era de
cuarenta y tres días». Prescindiendo de que si el general Walch era
alguien al que el autor concede algún crédito por juzgarle enterado, debiera
saber que desde mayo de 1937 los provisionales se formaban en Academias y seguían
saliendo de alféreces y no de tenientes, es curioso que la terminología de «tenientes»
y «Escuelas» conviene perfectamente a los rojos y no a los nacionales. En
cuanto a los cuarenta y tres días de vida media, está claro que, según eso, aún
son pocos los muertos que se citan, pues 10 serían todos los salidos de las
Academias cuarenta y tres días antes del 1 de abril de 1939, es decir, todos
menos unos 4.500 promovidos después de esa fecha; según ellos no eran 20.000,
sino 45.500 muertos, en buena lógica. Habría que preguntar por los heridos,
que solían ser seis veces más, y los ilesos, que al fundarse la Hermandad de
antiguos Alféreces
Provisionales en 1958, contó muy pronto con 16.000 afiliados
--vivos claro-, sin contar las bajas por muerte
natural producidas en los veinte años transcurridos.
El
único dato suficientemente expresivo y verídico que he conseguido encontrar
para el cómputo de oficiales provisionales muertos en campaña es el minucioso
recuento que se hizo en Granada para bordar un manto a la Virgen de las
Angustias, con una estrella por cada uno de los alféreces caídos de las
promociones que en aquella Academia se consagraban indefectiblemente a Ella al
terminar el curso.
Las estrellas del manto son 537 correspondientes a otros tantos
muertos de los 5.372 alféreces promovidos en los quince primeros cursos
granadinos, los anteriores al que concluyó
el 27 de Enero de 1939 y subsiguientes, cuyos alumnos ya no llegaron a
tiempo de intervenir en ningún combate. Es una base muy útil, por su amplitud,
para el cálculo total de los Provisionales caídos, pues ese coeficiente del 10
por 100 supone, casi exactamente, la cuarta parte de los 21.890 oficiales de las
cuatro Armas combatientes promovidos antes del 25 de Enero de 1939, promoción a
partir de la cual difícilmente podrían intervenir en campaña 31, por terminar ésta el 8 de febrero en Cataluña.
|
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Bien es verdad, que ese tanto por ciento
deducido de quince promociones de Infantería debiera referirse en rigor sólo a
la Infantería --el arma de las
bajas--, cuyos alféreces en la época
rigurosa de campaña fueron 19.206, agregándoles 968 de milicias, que también
eran infantería. Los 2.684 de las otras tres Armas tendrían, lógicamente,
menor proporción de bajas, pero también es cierto que superarían la
diferencia y la duplicarían fácilmente, los 5.132 alféreces promovidos en
los seis primeros cursos de las Escuelas anteriores a las del General Orgaz, de
ellos 3.932 de infantería, que fueron
mucho más que diezmadas en la actuación de sus oficiales a lo largo de toda la
guerra as. De ellos, por razón de su especialidad, sólo saldrían bastante
indemnes los 177 de Intendencia, aunque en tan larga campaña, con incidencias
tan imprevistas, no había seguro de vida para los Provisionales ni aun en los
servicios de retaguardia.
En tal caso, y dadas las variantes e imponderables
naturales a lo largo de la guerra, bien puede considerarse incluso corto el 10
por 100 de muertos para el total de los 24.561 Oficiales Provisionales,
incluidos los de servicios como auxiliares de Estado Mayor, Intendencia, Defensa
Química, Intervención, Batallones de Trabajadores y Orden Público, en todos
los cuales hubo ocasiones de peligro, o pudo haberlas, pues a veces iba la
guerra a ellos, aunque ellos no fuesen a la guerra. Pero a esta suma hay que añadir
los 1.288 oficiales provisionales de Aviación y Marina, que si apenas afectan
al cálculo, confirman, sin embargo, fa proporción de bajas, pues en Aviación fueron
103 los pilotos y tripulantes muertos de los promovidos,
los de más bajas, lo cual supone un 11,50 por 100 de ellos o un 9 por 100 de
los oficiales promovidos del Ejército del Aire. Incluyéndolos, totalizan ya
25.849 los oficiales base del cómputo, para calcular en un 10 por 100 número
de muertos, que en tal caso serían unos 2.585. Teniendo en cuenta la mayor
mortandad en las primeras promociones, anteriores a las de Granada y en las
unidades del Ejército del Norte y del Centro, bien podría acercarse ese número
hasta unos 3.000, que supondría, en términos generales, el
10 por 100 de los 30.353 oficiales provisionales promovidos en total
en los tres Ejércitos, sin excluir los 4.504 salidos de las Academias sin
tiempo para actuar en el combate, aunque alguno de ellos pudo haber muerto, por
ejemplo, en el naufragio del «Castillo de Olite» durante su expedición
de socorro a Cartagena. Los que no pudieron caer en campaña fueron ninguno de
los 1.185 de las promociones «del arco iris», que salieron de las Academias a
partir del 1 de Abril porque ya había pasado la tormenta.
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Por otra parte, es poco probable que fuesen más de 3.000 los muertos. Para la guerra del 36-39 se da por normal el promedio de un muerto por cada siete bajas, coeficiente que pudo ser más agudo en este caso por las características especiales de ejemplaridad de los Provisionales, pero no mucho menor. En tal caso, los 3.000 muertos supondrían 21.000 bajas, prácticamente todos los oficiales de las cuatro Armas promovidos a tiempo de entrar en combate. Y si bien es verdad que hubo muchos heridos cuatro veces y más, también hubo gran cantidad de ilesos en las últimas promociones. Ello corrobora el cálculo como extremo, suponiendo que los ilesos se compensasen con los de múltiples heridas, que es demasiado suponer.
Mientras un recuento minucioso no lo desmienta, habrá
que dar por
bueno ese número máximo de 3.000 oficiales provisionales muertos, sobre la
base aceptable del 10 por 100 de caídos en las quince primeras promociones de
Granada, los 537 alféreces que estamparon su estrella y su nombre sobre el
terciopelo negro del manto de su patrona, la Virgen de las Angustias.
El
heroísmo de los provisionales
Afirmé una vez que el heroísmo puede ser resolutivo en una guerra, como se explicaba un famoso sorites según el cual se debía una victoria a una simple herradura. La actitud de un solo héroe puede cambiar el curso de una batalla, todo depende de la oportunidad de su actuación en el tiempo y en el espacio; por eso hablé de «la estadística inútil de lo heroico», porque lo heroico no puede medirse más que en intensidad, y no se expresa en gráficas ni estadísticas, sino en el bronce, y el soneto. En el actual empacho sociológico de cifras comparativas y tantos por ciento, cualquiera pregunta siempre por costos, proporciones y equivalencias de guerras, bajas, municiones, héroes y recompensas. En cualquier caso, bueno será ofrecer el recuento de los oficiales provisionales que alcanzaron la categoría de héroes, a sabiendas de que hay muchos desconocidos, porque su acción no la vieron quienes podían resaltada y divulgada, o porque murieron, solos en el empeño heroico. Es notorio, por ejemplo, el caso del Mjguel Blasco Vilatela, de la 6ª promoción de alféreces de Burgos cuyo expediente de Laureada, por caso insólito, imprevisto en el reglamento, declararon únicamente los enemigos, ya que sólo ellos fueron testigos de su heroísmo.
De las 71 cruces laureadas de San Fernando que se
concedieron en la guerra de Liberación, quince lo fueron a oficiales
Provisionaes, es decir, el 21,4 por ciento del total. Eran éstos los
condecorados con el título oficial de héroe:
|
Arma |
|
| Infantería | Santiago Pedrosa Posada |
| Artillería (Legión) | Juan José Orozco Massieu |
| Infantería | Miguel Blasco Vilatela |
| Infantería | Carlos García de la Herranz Martínez |
| Infantería | José Antonio Pérez Otaño |
| Infantería | Primitivo Gargallo Manero |
| Infantería | Antonio Alemán Ramírez |
| Ingenieros | Serafín de la Concha Ballesteros |
| Infantería | Rafael García Siso |
| Aviación | Manuel Vázquez Sagastizábal |
| Infantería | Juan Chicoy Daván |
| Infantería | Simón Hernández Sagrado |
| Infantería | Alfonso Martínez Alonso |
| Infantería | José Oriol Anguera-Dodero |
| Caballería | Ramón Trobo Valdés |
Los
oficiales provisionales ganaron 363 de las 1.214 Medallas Militares Individuales
concedidas en el total de la campaña. El número de las recompensas concedidas
a cada Arma se distribuye de la siguiente forma:
| Laureadas |
Medallas Militares |
|
| Infantería | 11 | 274 |
| Caballería | 1 | 19 |
| Artillería | 1 | 13 |
| Ingenieros | 1 | 6 |
| Aviación | 1 | 51 |
| 15 |
363 |
Incluyo los tres últimos, aunque fueron
oficiales de complemento, por la absoluta identificación que éstos tuvieron
con los provisionales, a quienes se unían sin distinción alguna en cursos de
tenientes y capitanes. Moralmente se consideran también como Provisionales los
dos laureados que eran oficiales habilitados, de milicias el uno: Carlos
Miralles Álvarez, y legionario el otro, Giusseppe
Borguesse de Borbón Parma, que incluso llevó su estrella en el fondo negro
sobre el pecho; no así Miralles, por imposibilidad cronológica.
Van sumadas también en el cuadro las 30 Medallas Militares de alféreces Provisionales que eran suboficiales efectivos. No así las cinco de tenientes efectivos promovidos a capitanes provisional en el correspondiente curso, al ser muy circunstancial su provisionalidad y predominar en ellos su carácter profesional; ni los 16 de médicos y capellanes que fueron oficiales honoríficos, aunque hoy se sienten honrados al identificarse con los provisionales en su Hermandad. Tampoco figuran las medallas de cuatro pilotos civiles y uno legionario. Con ellos --moralmente provisionales todos-- habría 389 Medallas Militares en el recuento.
Para quienes de valorarlo todo en porcentajes, les
diremos las 363
suponen el
treinta por ciento del total de las Medallas Militares de la Guerra de Liberación.
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|
Mas ya dijimos que el heroísmo,
como el martirio, no se miden en número ni en utilidad. El sacrificio no es
cuantitativo y estadístico, sino cualitativo y ejemplar. El heroísmo es
caliente, no frío; dinámico y motriz, no inerte y escéptico. Y la estadística
de lo heroico resulta casi siempre inútil, porque es intensidad y no recuento.
Lo miden el epitafio, el himno y el clamor. Por eso lo que destacó José María
Pemán de los alféreces provisionales es que ya en la guerra misma pertenecían
a la Historia y al Romancero. Un romancero copioso, inspirado y popular, del que
sólo caben ejemplos, como este fragmento de Camacho Carrasco:
... tejen las rubias en oro
las seis puntas de tu estrella.
¡Alférez Provisional!
Novio de una primavera
que se buscó por los ríos
y que vino por el mar...
Pero
fue el mismo Pemán quien inmortalizó la figura del alférez provisional en un
drama titulado De ellos es el mundo, con versos que se hicieron
lapidarios:
Alférez... Provisional.
Triste y bella cosa por
su misma fragilidad.
Como una flor en el viento,
como un vaso de cristal,
soy
español por alférez
y más... por provisional.
Yo
aquí, ofreciéndote, España,
veinte
años, igual
que veinte dalias frescas,
y la Muerte
de jardinero detrás.
Tuve
el honor de ser asesor espontáneo, «provisional» en el «ensayo general con
todo» de la obra que se estrenó en el Teatro Argensola de Zaragoza, en marzo
de 1938, estando de paso para mi nuevo destino en el frente de Aragón.
Por
José Antonio Gárate Córdoba