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       Gral. López Ochoa                         Gral. López Pozas                     Gral. Capaz Montes

TRES SEMBLANZAS PARA HACER "MEMORIA HISTÓRICA" DE LO QUE FUE EL "FRENTE POPULAR REPUBLICANO Y DEMOCRÁTICO"   

Los datos biográficos de los tres insignes nilitares que presentamos a continuación  --salvando el republicanismo y probada filiación masónica del primero de ellos--  ilustra con claridad, una vez más, la barbarie que carcaterizó a aquel rojerío marxista, anticatólico y antiespañol que provocó una guerra porque creyó que la tenía ganada. Hoy, cuando sus herederos confesos se autocalifican  --y califican a sus antecesores--  de "luchadores por la libertad y la democracia", lo que sólo se creen los tontos y los idiotas, uno se ríe por no llorar, pues con ello asumen hechos como los que aquí presentamos. Claro que ellos, los de ahora, lo saben, no les importa y persiguen los mismos fines, y, aunque algo más sutíles y ladinos, tarde o temprano actuarán igual. Que nadie se engañe.

EDUARDO LÓPEZ OCHOA 

Murió asesinado en el hospital militar de Carabanchel cuando se hallaba ingresado en el centro para tratarse de un cáncer. En la cama recibió la visita de elementos de las milicias populares, perfectamente dirigidos por líderes políticos de Madrid. Sin dejarle vestir el uniforme, como él pidió, en pijama, fue sacado a la calle, y en las mismas tapias del hospital fue acribillado a tiros por sus secuestradores. Una vez muerto, aquellos defensores de la legalidad republicana, como ahora se les llama, le cortaron la cabeza y pinchándola en un palo aguzado la pasearon en triunfo por las calles aledañas al hospital. Cuando los asesinos se hartaron de profanar el cuerpo del general, sus restos fueron recogidos por alguien y depositados en el cementerio de la entonces villa madrileña. Hasta hace sólo un par de años un sencillo nicho casi cubierto de telarañas, proclamaba el nombre del militar. Una remodelación reciente del cementerio ha suprimido el nicho. Preguntado por los restos, el sepulturero nos indicó que los habían recogido unos familiares para volver a depositarlos en otro lugar. No se conoce el nuevo enterramiento.

López Ocha, nació en 1877 , ingresó en la Academia de Infantería a los 16 años, donde permaneció durante tres cursos, al cabo de los cuales obtuvo el empleo de segundo teniente. Su primer destino fue el Ejército de Cuba, donde obtuvo cinco cruces del Mérito Militar, una de María Cristina y los ascensos por méritos de guerra a primer teniente y capitán, este último en 1898 por la acción de Loma Ayua en 1898, cuando contaba sólo 21 años de edad.

Tras algunos destinos en Madrid, en 1909, al producirse los primeros acontecimientos bélicos en Marruecos, solicitó destino y en los combates de Sidi Hamet el Hach, acaecidos a los pocos días de su incorporación, obtuvo el empleo de comandante. Dos años después el de teniente coronel por las operaciones de Beni Bu Gafar, donde resultó herido de gravedad, y el de coronel en 1914 por su actuación al mando del batallón de cazadores de Reus en Malalaien. Contaba 37 años de edad, era pues uno de los coroneles más jóvenes del Ejército y lo sería igualmente del general ato cuando cuatro años más tarde, en 1918, obtuvo el empleo de general de brigada.

En 1924 pasó a la situación de primera reserva en Barcelona por sus actividades contrarias a la Dictadura, cuatro año después fue dado de baja en el Ejército, reingresando al proclamarse la República. Su republicanismo fue ostensible, formó parte de la Unión Militar Republicana (UME), participó en la intentona de diciembre de 1930, Y fue nombrado capitán general de Cataluña por Manuel Azaña.

En octubre de 1934, cuando el PSOE y sus amigos se sublevaron contra el legítimo Gobierno de la República, fue designado por dicho Gobierno general en jefe de las fuerzas encargadas de sofocar la rebelión asturiana. Por su heroísmo, resolución y acierto con que dirigió y realizó las operaciones militares fue recompensado con la Cruz Laureada de San Fernando con fecha 18 de febrero de 1935. Al ganar las elecciones el Frente Popular, febrero de 1936, fue cesado y procesado. Y el 16 de agosto asesinado.     

PÍO LÓPEZ POZAS 

Fue detenido en Madrid por milicias del Frente Popular. Pasó por varias checas y sufrió torturas que lo dejaron al borde de la muerte. En la madrugada del 7 de 1936 fue trasladado a Paracuellos del Jarama junto con un considerable número de presos. Formó fila frente a las fosas preparadas para su enterra­miento y todos perecieron ametrallados por los verdugos encargados de las ejecuciones ¿democráticas? Su cuerpo cayó a la tierra entre los de sus compañeros de martirio y allí permanece. Los descubridores de tumbas pueden tratar de encontrarlo, en aquel cementerio hay materia para un buen equipo de desenterradores.

Este soldado nació en 1871, ingresó en la Academia General Militar a los 17 años y salió promovido al empleo de segundo teniente en 1892. Su primer destino fue el Ejército de Filipinas donde ascendió a primer teniente por méritos de guerra en 1894 y a capitán tres meses después por su actuación en el combate de Momuntán. Por esta operación fue recompensado con la Cruz de San Fernando de 2ª clase, Laureada. Tenía 23 años de edad

Regresó a España para incorporar­se a la Escuela Superior de Guerra, pero los sucesos en Cuba le impulsaron a dejar el centro de estudios y pedir voluntariamente una vacante en aquel Ejército. Allí obtuvo el empleo de comandante en 1896 por los méritos contraídos en campaña, así como una Cruz de María Cristina. En 1908 ascendió en Madrid a teniente coronel por antigüedad. Al iniciarse las operaciones en Melilla pasó a mandar el Batallón de Cazadores de Madrid, obteniendo el empleo de coronel en 1913 como recompensa por sus méritos en la ocupación de Laucién, tenía 32 años. El paralelismo con López Ochoa es casi perfecto. Salvo en su posterior trayectoria, aquél republicano y éste monárquico.

Sucesivamente obtuvo los empleos de general de brigada en 1918, con cargo de gobernador militar de Segovia, general de división en 1922, con mando de los gobiernos militares de Tenerife, La Coruña y Madrid. En 1927 ascendió a teniente general y fue nombrado capitán general de la 6ª Región; en 1930, lo designaron jefe de la Casa Militar del Rey y comandante general de Alabarderos. Al proclamarse la República quedó en situación de disponible en la plaza de Madrid. Detenido en los primeros días de la guerra, su cuerpo acabó en una fosa común de Paracuellos. Avívese la memoria histórica del responsable de aquella matanza, a lo mejor puede decir todavía donde encontrar los restos de tan ilustre militar.   

OSWALDO FERNANDO CAPAZ  MONTES 

Fue uno de los hombres que dio a la República mayor prestigio internacional al realizar las operaciones de incorporación de Ifni a España y exponer su conocimiento a toda la comunicad geográfica europea. Hallándose desempeñando el cargo de gobernador de aquel territorio, solicitó permiso al Ministerio de la Guerra el 3 de julio de 1936 para asistir a revisión periódica de su enfermedad cardiovascular. A pesar de que fue advertido por conocidos de la delicada situación política en la capital, él argumentó que nada tenía que temer puesto que era simplemente un servidor del Estado. Se alojó en el Casino Militar durante las pruebas médicas. Allí mismo, en su habitación, fue detenido por la cuadrilla de García Atadell y trasladado a la Cárcel Modelo, donde fue asesinado el 23 de agosto junto al capitán médico Fanjul. Su cadáver apareció tirado en la Ciudad Universitaria.

Capaz Ingresó en la Academia de Infantería en 1910, en junio de 1913 ascendió a 2° teniente por finalización de sus estudios. Pisó tierra africana por primera vez el 23 de julio de 1913 como oficial del batallón expedicionario del Regimiento de Infantería Covadonga n° 40. Su bautismo de fuego se produjo el 21 de diciembre, cuando a las órdenes del teniente coronel García Trejo participó en la toma y ocupación de la posición de Kudia Abid.

El Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas de Larache, mandado por el teniente coronel Federico Berenguer, gozaba de merecida fama en el territorio, en esta unidad, de reciente creación, ascendió a primer teniente por antigüedad. Posteriormente pasó a la Mehalla Jerifiana al frente de una «mía» en la columna volante del teniente coronel Castro Girona. En octubre de 1919 ascendió a capitán por antigüedad, contaba 25 años de edad.

La primera de sus tres heridas la recibió en enero de 1920 durante la toma de Gorques. En esta ocasión resultó grave; no obstante, permaneció durante 48 horas al mando de su unidad hasta que fue relevado y trasladado al Hospital militar de Tetuán. Sin haber concluido su licencia, partió con 40 jinetes de la Mehalla en auxilio de la posición de Kaaseras que había sido atacada, resultando herido. En el verano se incorporó a las Tropas de Policía Indígena de Ceuta con las que cooperó en la ocupación de varias posiciones y blocaos, recibiendo una tercera herida, grave. En enero 1922 ascendió a comandante por méritos de guerra.

En diciembre de 1923 fue nombrado alumno del curso de Observador de Aeroplano, pasando a la Escuela de Tiro y Bombardeo Aéreo de los Alcázares. Realizada la fase elemental del curso, regresó a Marruecos como alumno en práctica, haciéndose cargo interinamente de la 2ª Escuadrilla del Grupo Aéreo de Tetuán, alternando con operaciones terrestres en las que fue condecorado con la Medalla Militar Individual.

Con motivo de la derrota de Ab El Krim y su entrega voluntaria a las autoridades francesas (27.05.1926), el mando militar español proyectó la conquista de la región de Gomara, con lo que se completaría el dominio del protectorado y supondría el final de la guerra. El comandante Capaz conocía el territorio por haber mandado tropas de la Policía Indígena, tenía amistades con los más destacados notables y hablaba perfectamente el idioma árabe con dialectos de la región. La misión le fue encomendada en junio de 1926, dando comienzo a la operación militar conocida como «Raid Capaz».

Al mando de una harka de 1.000 hombres partió hacia la costa ocupando Cala Iris, Mestaza y punta Pescadores. Una vez logrados estos objetivos, se adentró hacia el Sur para desarmar a las tribus y establecer una forma de gobierno estable y ordenada. El 6 de julio, Capaz recibió la noticia de una sublevación en el territorio ocupado. Ante la gravedad de la situación, decidió tomar la ciudad santa de Xauen, con lo que dio por concluida la misión. El resultado final fue el sometimiento de diez kábilas rebeldes, la captura de 2.788 fusiles, 14 cañones y 18 ametralladoras, estableciendo un enlace permanente entre las regiones oriental y occidental de la costa. Fue ascendido a teniente coronel por méritos de guerra. El ascenso a coronel se produjo en 1929.

A la proclamación de la República, Capaz era inspector de las Tropas Jalifianas. En noviembre fue desig­nado comandante militar interino de las Palmas de Gran Canaria. En este cargo permaneció hasta enero de 1934 en que fue llamado a Madrid por el presidente del Consejo de Ministros, Alejandro Lerroux, para aportar información sobre el territorio de Santa Cruz de Mar Pequeña, asignado a España por el Tratado de 1912, refugio de rebeldes que hostigaban a las tropas coloniales francesas. Tras la conferencia con Lerroux y el Ministro de la Guerra, recibió el nombramiento de Delegado de Asuntos Indígenas de la Alta Comisaría de España en Marruecos. Ahora debía proceder a la ocupación de Ifni.

La conquista del territorio de Ifni se inició el 1 de abril de 1934 con vuelos sobre el desierto. El 5 desembarcó Capaz en Sidi Uni, donde le esperaba el caid Ahmed junto con los notables de la zona. Un equipo formado por nativos desbrozó una porción de terreno para que aterrizase el primer avión español, pilotado por el suboficial José Pérez Sánchez. El 13 de abril, con los notables de Ait ba Amaran y quince jinetes de escolta, efectuó un recorrido por la parte Norte del territorio. A final de mes había concluido la misión sin disparar un solo tiro.

El 23 de abril fue nombrado gobernador del Territorio de Ifni, ampliado al Sahara y Río de Oro. El 11 de noviembre ascendió a general de brigada por méritos contraídos en la ocupación de Ifni. Contaba 40 años de edad y 21 de servicios en África.

Anoten estos datos los intelectuales de la memoria histórica, y si lo desean busquen más información en el Archivo General Militar, pueden encontrar varios miles como estos. ¿Les entregarán un diplomita a los familiares? Busquen, busquen, que aquel archivo es una mina. 

Por Herodoto