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LA EPOPEYA DEL SOCORRO A
OVIEDO
(Julio a Octubre de 1936)
Es muy difícil hacerse ahora una idea de lo que fue aquello, pero merece la pena intentarlo y, sobre todo, es de justicia hacerlo y, aun más, no olvidarlo y divulgarlo. Tenemos el gusto de presentarles a continuación un extraordinario artículo del que fuera insigne escritor y historiador militar, el Coronel de Artillería Dn. Juan Manuel Martínez Bande, en el que se relata con exactitud, serenidad, conocimiento militar y oportunidad la epopeya --pues de otro modo no se puede calificar-- llevada a cabo por las tropas nacionales --en las más difíciles circunstancias y contra todo pronóstico-- con el fin de romper el cerco a que desde el estallido del Alzamiento venía siendo sometido Oviedo por las hordas rojas; que no otra cosa fueron. La audacia de los mandos nacionales, junto con su precisión militar, y el valor y voluntad de vencer de las tropas consiguieron lo que nadie podía imaginar en una de las más arriesgdas y viriles maniobras de la Cruzada Nacional de Liberación. Cuando uno relee este pasaje no da crédito y sólo se explica su éxito por una combinación extraordinaria de empuje, decisión y voluntad, así como de arrojo y fe.
ANTECEDENTES
Situación general.
En los últimos días de julio de 1936 el suelo español aparecía,
dividido y ocupado por dos fracciones enemigas. Sin embargo, ello no significaba
dos pedazos únicos, compactos y perfectamente separados; por el contrario, los
territorios dominados por unas y otras fuerzas se presentaban rotos en varios
fragmentos, que forcejeaban por unirse.
La España alzada en armas ofrecía, aparte de diversos islotes, dos
grandes y desiguales zonas. En la del Norte se incrustaba, a su vez, la
correspondiente a los territorios de Asturias, Santander, Vizcaya y
Guipúzcoa, en poder del enemigo, lo cual representaba una grave amenaza sobre
Castilla la Vieja y el valle del Ebro.
A reducirla, o al menos contenerla. se dirigieron los esfuerzos de los
Mandos militares diversos, en un primer momento aún no perfectamente
coordinados. Sin embargo, obedeciendo sin duda a una bien calculada
evaluación de las posibilidades del adversario, vióse pronto que
la faja cantábrica era atacada por uno y otro extremo; en tanto que por su
centro apenas si se realizaban las más elementales acciones defensivas.
La campaña guipuzcoana persiguió y consiguió liberar esta provincia
totalmente: Asturias, en cambio, era presa difícil, mas por contraste con Guipúzcoa,
el Alzamiento había triunfado en la capital, la cual aparecía solitaria y
cercada; y aunque fracasado en Gijón, quedaban
allí, igualmente sitiados, dos cuarteles leales que se defendían
denodadamente.
¿Qué se debía hacer ante esta situación?
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El Alzamiento en el territorio de la 8ª
División.
En las directrices dadas por el General Mola para el Alzamiento, se
piensa claramente en las dificultades que éste ha de tropezar en tierra
asturiana. La primera Instrucción data del 25 de mayo de 1936, se titula El
objetivo, los medios y los itinerarios, y en ella se prevé que “...las
fuerzas de la Comandancia Militar de Asturias tengan a raya a las masas de la
cuenca minera y puerto del Musel, y que Parte de la 8ª División y guarnición
de León retuercen dichas tropas”.
Asturias --no hay casi que decirlo-- surgió desde el principio como uno
de los más agudos problemas con que tropezaría el Alzamiento.
La revolución de 1934 había dejado hondas raíces de venganza y la
región aparecía difícil de dominar, por la naturaleza del terreno y la
psicología extremista de una gran masa de población, en la que abundaban los
trabajadores de minas, puertos e industrias numerosas.
También en la provincia de León había varios focos peligrosos, y éstos
existían igualmente en Galicia; pero el dominio de tales territorios ya no tenía
la dificultad que el del asturiano.
Iniciado el Alzamiento, éste pudo darse por triunfante hacia el día 24
en toda Galicia y parte Sur de la provincia de León; en Asturias aparecían,
como se ha dicho, aislados, Oviedo en su totalidad y dos cuarteles en Gijón,
que luego caerían sucesivamente el 16 y el 21 de agosto (1).
De esta forma al mando de la División se le presentó ya inicialmente --y según la Instrucción de Mola-- la necesidad de enviar
refuerzos a los dos núc1eos sitiados, esto es, de socorrerles.
El socorro a Oviedo.
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La palabra «socorro» tiene verdadera solera militar. Aunque el sentido
vulgar sea de auxilio y ayuda en la guerra, es casi técnico y exclusivo
de una plaza sitiada y fuertemente estrechada» (2).
Este fue, sin género de duda, el
verdadero carácter bélico de las operaciones emprendidas
en territorio asturiano por las columnas gallegas, desde
fines de julio de 1936 al 11 de octubre del mismo año.
Había que impedir la caída de dos reductos de Oviedo y cuarteles de
Gijón, los cuales, por una parte fijaban considerables contingentes enemigos, y
por otra significaban, ya dentro del clima psicológico especial que rodea las
guerras civiles, dos objetivos plenos de, valores sentimentales y patrióticos.
Y para evitar esa caída nada mejor que comunicarse directamente con ellos,
levantar el sitio que sufrían.
Las fuerzas nacionales.
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En julio de 1936, la 8ª División comprendía los territorios de las
cuatro provincias gallegas, la de León y la de Oviedo. Su capitalidad era La
Coruña y el mando de la misma recaía en el General don Enrique Salcedo
Molinuevo.
La División se componía de dos Brigadas de Infantería normales: la XV
(Cuartel General, La Coruña) y la XVI (Cuartel General, León, con la
correspondiente Brigada de Artillería ligera. (Cuartel General, Pontevedra).
Había además, independiente, la Brigada de Montaña de Asturias (Cuartel
General, Oviedo), la Base Naval de El Ferrol y la Base Aérea de León. En total
figuraban aquí seis Regimientos de Infantería, un Escuadrón de Caballería,
tres Regimientos y un Grupo de Artillería, un Batallón y un Grupo de
Ingenieros y algunas unidades menores aparte de los Servicios Divisionarios y
las fuerzas de Orden Público (3). Pero
los efectivos de las diferentes unidades eran muy reducidos. como consecuencia
de podas y licencias de verano y la propaganda marxista había trabajado en
firme sobre algunos mandos y la tropa.
Como las fuerzas de León se emplearon en dominar los focos rebeldes allí
existentes y garantizar la seguridad frente a los embates rojos procedentes
del Norte, sólo pudo contarse en definitiva, para operar en Asturias, con las
fuerzas de Galicia: tres Regimientos de Infantería, muy mermados (unos 2.400
hombres), y dos Regimientos de Artillería ligera, también sumamente escasos de
personal. Aparte quedaban en El Ferrol 1.300 marinos, de muy distinto origen,
pero cuya colaboración resultaba problemática, un Regimiento de Artillería de
costa y la escuadra surta en el puerto (4).
Para socorrer a los sitiados en Asturias, y al igual que en otras
regiones, formáronse desde el primer momento columnas. de composición
variable, pero reducidas en efectivos a cinco Compañías como máximo, una
Sección de Artillería o, a lo más, una Batería y algunos Servicios muy
elementales. Luego, sobre la marcha, las columnas fueron engrosándose con Compañías
de los Regimientos y de voluntarios y Baterías a pie, o con material, todo según
lo permitía el desarrollo de la movilización; llegando, ya avanzadas las
operaciones, unidades de otros Cuerpos, diversos Tabores y una Bandera del
Tercio. Puede decirse que al liberarse Oviedo (17 de octubre) había desde Ribadeo
a la capital unos 20.700 hombres entre soldados del Ejército, Milicias, Guardia
Civil y de Asalto (5). De estas fuerzas,
los dos tercios estaban empleadas en guarnecer los larguísimos flancos y el
resto en el ataque propiamente dicho. No llegó a contarse con el fuego de más
de diez Baterías.
Respecto a los mandos, las Columnas operaban inicialmente con verdadera
independencia, aunque el buen sentido general lograba una coordinación de
esfuerzos no siempre deliberadamente buscada. El 14 de agosto, un Decreto
nombraba General Jefe de la División a don Luis Lombarte Serrano; pero ya el día
anterior había tomado el mando de las cuatro Columnas entonces actuantes el
Coronel de Infantería don Pablo Martín Alonso.
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El enemigo.
Asturias tenía una significación política bien conocida. Orientados
primero sus elementos radicales hacia un socialismo moderado, cambiaron luego
durante la primera guerra mundial en un sentido francamente revolucionario. Más
tarde apareció el sindicalismo, y, finalmente, el comunismo. Una ideología que
prevalecía en la región era la de un socialismo de izquierdas, partidario de
la conquista del Poder por la acción violenta y la subsiguiente dictadura del
proletariado.
Asturias estuvo gobernada en los primeros meses del Alzamiento por el
titulado Comité Provincial del Frente Popular, radicado al parecer, en Sama de
Langreo, como capital provisional asturiana, Comité del que formaba parte una
misión Ejecutiva que entendía exc1usivamente en asuntos de guerra y que se
hallaba presidida por el Delegado General del Gobierno de la República,
Belarmino Tomás
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Dominaban en el Comité los socialistas, comunistas, anarquistas y,
sobre todo, los sindicalistas; los elementos republicanos
--que aun siendo extremistas eran tenidos por moderados--
no pesaban nada en las decisiones del conjunto (6).
Más adelante surgió el Comité de Guerra, integrado por Ramón González Peña,
por el partido socialista; Avelino González Manada, por los sindicalistas, y
Juan José Manso, por los comunistas. En el mes de octubre aparece ya, en las
proclamas oficiales, junto a los
nombres de los jefes del Comité de Guerra y por el Estado Mayor, el de
Francisco Ciutat, que al comenzar la campaña era Teniente de Infantería.
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La recluta se hacía atendiendo, indudablemente, a dos notas a considerar:
el punto de origen y el credo político. En principio tenía lugar por Concejos,
en cada uno de los cuales había una lista de los individuos de1 mismo aptos
para marchar al frente. A medida, que la autoridad de guerra necesitaba fuerzas
para cubrir bajas o efectuar relevos designaba la proporción
en que cada Concejo debía contribuir sobre la base de los hombres incluidos en
su lista.
Pero también el factor político influía en la formación de las unidades.
Desde tal punto de vista podían aquí señalarse las siguientes clases de
fuerzas: confederales, faístas, republicanas, comunistas, socialistas,
carabineros, de Asalto y del Ejército (7).
La masa que propiamente podemos incluir dentro de aquellas banderas era
muy numerosa, dura para e1 combate, con la experiencia adquirida en muchos años
de lucha --aunque fuese una lucha sui
sui-- y la especialísima
conquistada en la llamada «revolución de octubre». Rara vez se daba por
vencida, volviendo, después de una derrota, a la carga, con bríos renovados.
Por añadidura contaba con militares profesionales en una abundancia de que
otras regiones españolas caídas del lado rojo carecieron (8).
Estos jefes dieron, sin duda, una cierta tónica a la instrucción de las masas,
que no por defectuosa y pintoresca en muchas ocasiones, dejaba de tener valor (9).
Tampoco estuvieron ausentes elementos extranjeros (10).
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Empujados los jefes e inspiradores por un afán de novedad y a la
vez por el prurito de seguir un camino distinto al tradicional conocido de
todos, dióse a los combatientes una organización particular, creándose en un
primer momento las unidades «Línea» y «Grupo», y más
adelante la «Columna», con sus mandos respectivos. No existió aquí
seguramente una coordinación técnica de esfuerzos y una disciplina a la
manera clásica; pero ello se veía sobradamente compensado con el número y la
calidad de los soldados, su sentido intuitivo, y a la vez
experimentado de la lucha, y la
posesión de un coraje y una fe en
el triunfo cuyo valor sería ridículo desconocer.
En cuanto al armamento, éste era muy numeroso. Procedía de los alijos
de armas anteriores a los de julio, de los asaltos a los cuarteles de Gijón, de
la fábrica de Trubia y del enviado del extranjero a través del puerto
del Musel (material francés, belga, mejicano y checo). Había numerosas armas
automáticas y mucha Artillería, teniendo en cuenta la época de
escaseces generales correspondientes a los primeros meses de guerra. La acción
artillera fue siempre molesta y eficaz, y lo propio puede decirse
de la Aviación, cuya actuación frecuente, y, en ocasiones casi
constante, hizo muy peligroso el avance de las Columnas nacionales; además
frente a ella, y para contrarrestar su acción, no se dispuso de arma
eficaz alguna.
El teatro de operaciones. (Croquis núm. l.)
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Galicia y Astucias tienen una organización topográfica
distinta. La primera es una región
a la vez atlántica y cantábrica
y su dependencia de aquel Océano está reflejada en la cuenca del Miño, que
con sus afluentes dibuja un verdadero abanico de ríos, el cual atravesando el
país deja sólo una reducida faja costera cantábrica, regada por cursos de
agua muy cortos.
Pero ya antes de entrar en Asturias este régimen cambia. El río Eo --casi todo él gallego-- tiene regular longitud y se orienta decididamente de Sur a Norte. A su derecha, el Navia, de mucho mayor curso, sigue dirección idéntica. Luego aparecen algunos ríos pequeños, y enseguida el Nalón que, en la primera parte de su recorrido y con su afluente el Narcea, lleva igualmente aquella orientación.
Esta simple inspección de la red hidrográfica nos dice que para
tropas procedentes del Oeste, el terreno aparece compartimentado
en dirección normal a su marcha. Como
es lógico las vías de comunicación Oeste-Este son escasas, y prácticamente
dos: la costera, y la que desde Lugo cruza los pueblos de Fonsagrada, y Grandas
de Salime hasta empalmar, cerca de Tineo, con la carretera de. Ponferrada a
Canero.
Pero la región asturiana está además separada de las tierras de León
por el gran murallón de la cordillera cantábrica, que suponía igualmente un
obstáculo para las fuerzas que trataran de invadir Asturias procedentes del
Sur, sólo practicable a través de muy escasos pasos. Dos fundamentales hay que
considerar: el puerto de Leitariegos, por el que cruza la carretera ya
citada de Ponferrada a Canero, y el de Pajares, atravesado por la general de León
a Oviedo. Entre ellos hay dos: el de Somiedo y el de la Ventana, sin valor
militar alguno.
Idea general de la maniobra nacional para el socorro a Oviedo. Etapas a
considerar.
Uno de los principales problemas que se ofrecieron aquí al Mando
nacional era el de contar en todo momento con una retaguardia adicta.
Inicialmente consiguióse esto con las operaciones de limpieza llevadas a cabo
sobre el territorio gallego y parte del leonés; mas, al adentrarse las fuerzas
de Asturias, el problema de la seguridad se manifestó con caracteres graves.
Para llegar hasta Oviedo es preciso, como se vio antes, salvar dos órdenes
de obstáculos, orientados de Norte a Sur y de Oeste a Este. Respecto a los
primeros, la posesión de la cuenca del Eo --en territorio gallego, salvo los últimos
kilómetros-- no parecía difícil;
la del Navia surgía más peligrosa; y más aún la del Narcea. Respecto a los
segundos, la lógica enseñaba que había que salvar forzosamente algún puerto
sobre la divisoria cantábrica.
Las carreteras escogidas entre las que van de Galicia a Asturias fueron
dos: la de la costa y la que pasa por Grandas de Salime; mas por las razones que
luego se verán sólo pudo utilizarse, en un momento inicial de las operaciones,
la primera. De las que penetran desde tierra leonesa en la asturiana, prefirióse
la de Ponferrada a Canero. La del puerto de Pajares es muy excéntrica, en
relación con un ataque por la costa, y muy alejada de Galicia; pues no debe
olvidarse que, según lo dicho antes, únicamente pudieron liberar Asturias las
columnas formadas a base de los Regimientos gallegos.
Elegidas así dos direcciones de penetración, la unión de las fuerzas
que las seguían significaba la solución de un ataque convergente de indudable
valor. Esta unión tuvo lugar en
el cruce de La Espina y representó el final de una etapa inicial.
Una segunda fase acaba con la llegada de las columnas liberadoras a
los cursos de los ríos Nalón y Narcea.
Finalmente el contacto inicial con Oviedo representa el término de
la última etapa del socorro.
PRIMER
PERIODO
HASTA LA LLEGADA AL CRUCE DE LA ESPINA
(29 de julio-17 de agosto)
Acciones
de
cobertura. (Croquis
núm. 1.)
En los primeros momentos las unidades nacionales persiguieron el llevar
al enemigo lo más lejos posible de la retaguardia propia, lanzándose por las vías
naturales de penetración, en un forcejeo por ganar, a la vez, tiempo y espacio.
Respondiendo a este propósito creáronse en Galicia las primeras columnas de
socorro.
El 28 se organiza en Lugo la columna Ceano, con la misión de penetrar
en la provincia asturiana siguiendo la carretera de la costa; se compone de
cinco unidades tipo Compañía, una Batería y algunos Servicios (11).
La columna sale de Lugo el 29 y pernocta en Ribadeo. El 30 avanza hasta Vegadeo
--donde se encuentra fuerte resistencia, que vence maniobrando--
y Castropol. El 31 llega hasta La Caridad; el adversario no presenta
combate y ha destruido sistemáticamente todas las obras de fábrica de la
carretera. El 1 de agosto Ceano ocupa Navia, cuyo puente sobre el río de ese
nombre aparece volado, lo que no le impide llegar a la otra orilla (12).
También el 1 de agosto se forma la columna López-Pita (13),
concentrada igualmente en Lugo, con la misión de marchar por Fonsagrada, Cangas
de Tineo y Villablino a Ponferrada. Pero las confidencias de la Guardia Civil y
paisanos, confirmadas por un reconocimiento hecho por elementos destacados de la
misma columna, que señalan fuertes núcleos de mineros, dirigidos por militares
profesionales, más la voladura del puente sobre el río Navia, próximo al
pueblo de Grandas de Salime, aconsejan cambiar el itinerario, marchando
directamente a Ponferrada.
El 3 la columna Ceano encuentra gran resistencia en los alrededores de
Villapedre, donde el enemigo, atrincherado y dotado de ametralladoras, espera el
avance de las tropas. Hay un duro encuentro, el primero en esta campaña
verdaderamente sangriento, siendo herido el jefe de la Columna, al que sustituye
el Comandante Teijeiro (14).
El mismo día 3, López Pita llega desde Ponferrada a Villamartín donde
halla volado un puente. El 4 ocupa Páramo del Sil, apareciendo la carretera
destruida en más de 40 metros con otras muchas voladuras, por lo que se ordena
seguir la marcha a pie y tomar las medidas pertinentes con vistas a dotar a las
tropas de ganado.
En esta última jornada se organiza la nueva columna Ollo, que inicia su
marcha hacia Ponferrada (15).
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Ocupación de Luarca y Villablino.
El día 5, Teijeiro llega a
dos kilómetros de Luarca, luchando con un enemigo que, con creciente resistencia, emplea armas automáticas y
camiones blindados; ambas partes sufren pérdidas cuantiosas. Al día siguiente
prosigue el laborioso avance, frente a un adversario que incrementa
constantemente su número y dispone de Artillería y Aviación. En vista de lo
cual se dispone que la columna Ollo, que se ha concentrado en Ponferrada, venga
hacia la costa como refuerzo, lo que tiene lugar el día 7.
En tanto, López Pita ha entrado, el 6, en Villablino, después de un
largo combate, y en la jornada siguiente toma contacto con fuerzas procedentes
de León, asegurando así aquella conquista.
El 8, Ollo y Teijeiro ocupan Luarca, prosiguiendo su avance y
buscando el envolvimiento por la derecha del pueblo de Canero. Esta
operación, por la forma de maniobrar y por haber cooperado a ella la
Aviación y el fuego del crucero A1mirante Cervera, produce honda
desmoralización en el enemigo, que en el primer momento huye a la
desbandada (16).
El 9, la lluvia y la niebla sólo
permiten, por la costa, la mejora de
posiciones y la reorganización de los efectivos con los nuevos elementos
enviados desde La Coruña; pero López Pita ocupa Villager y en combinación con
fuerzas envidas desde León, ViIlaseca.
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Una nueva columna (Comandante Arteaga), dotada de medios a lomo, se
concentra en Ponferrada para seguir a Villablino (17).
El 10 se ocupa, por el Norte, Canero y Trevias, y el 11, Brieves,
interesante cruce de carreteras. También aquí se van convirtiendo las tropas
motorizadas en unidades de montaña, según lo exigen la naturaleza del terreno
y las cuantiosas destrucciones. El terreno es disputado palmo a palmo.
Ocupación de La Espina. Mando del Coronel Martín
Alonso.
El 12, por la costa, ocupan Cadavedo las columnas de Teijeiro y Ollo,
siendo este último herido y sustituido por el Comandante Castro. Por
el interior, López-Pita, coordinando su acción con las tropas leonesas,
robustece y amplía su flanco derecho con la conquista de La Vega de los Viejos.
La columna Arteaga, en tanto, emprende su marcha hacia el puerto de Letariegos.
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El día 13, y al objeto de armonizar los movimientos de todas las
columnas, se designa jefe de las mismas al coronel Martín Alonso. Se reciben
refuerzos y se reorganizan las unidades. La Aviación enemiga, aun en días de
calma, interviene frecuentemente, bombardeando las localidades ocupadas (18).
El 15, Arteaga entra en Caboalles. Al Norte, Teijeiro ocupa e1 17 1ª
Central Eléctrica que suministra energía a la cuenca de Mieres; a Reinosa y a
Santander, entrando el 18 en Paredes; mientras que ese día Arteaga gana el
puerto de Leitariegos. EI 19, las avanzadillas de Paredes y Brieves sufren los
primeros contraataques registrados; poco a poco la guerra se va haciendo más
dura.
El 21 de agosto mejora la situación por la costa, alcanzándose la línea
Novellana-Arcayana; en tanto que Arteaga conquista Vallado.
El 22 toma el Comandante Gómez Iglesias el mando de las columnas López
Pita y Arteaga, entrando al anochecer en Cangas de Tineo. Al día siguiente
fuerzas de León robustecen más aún el flanco derecho, ocupando el puerto de
Somiedo.
El 24, Teijeiro gana el pueblo de Adrados, continuando el avance en
dirección al cruce de La Espina. El 25, Gómez Iglesias, tras un combate con
fuertes núcleos enemigos sostenido a 5 kilómetros. de Tineo, entra en esta
localidad, a viva fuerza (19).
El 26, las tropas de Teijeiro se establecen a unos cuatro kilómetros al
Suroeste de La Espina, mientras que las de Gómez Iglesias avanzan al Norte de
Tineo. El enlace de las columnas tiene lugar el 27 en las proximidades de La
Espina. El 28 se ocupa el cruce de ese nombre, no sin combatir duramente; es
herido el Comandante Gómez Iglesias.
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El día 30 se recorre la carretera que pasa por .Grandas de Salime y la
Pola de Allende, la cual aparece libre de enemigo. Este, comprendiendo la
creciente gravedad de la situación, lleva a cabo el mismo día 27, en
que tuvo lugar el enlace de las columnas, violentos ataques en la provincia de
León, principalmente sobre el puerto de Somiedo; ataques que se repiten en días
sucesivos.
Consecuencias.
La ocupación de La ,Espina revistió inusitada importancia, pues a1
permitir la libre circulación por la carretera Ponferrada-Canero se avanzaba
ordinariamente la zona de retaguardia hacia el Este; a espaldas de la misma
quedaba un terreno limpio de enemigo. Las columnas nacionales contaban en
adelante con tres vías de penetración en
dirección a Oviedo: la carretera de la costa, la que con un trozo de camino de
herradura lleva de Brieves a San Martín de Luiña, y la general por La Espina,
Salas y Grado.
Ello suponía para la capital del Principado un aliento grande. Desde
los primeros días de agosto había tenido que abandonar su actitud ofensiva,
para limitarse a soportar un cerco que se apretaba por momentos; el 21, además,
se había rendido el último reducto de Gijón, lo que dejaba libre, para ser
empleada donde mejor se creyera, una masa grande de combatientes rojos.
SEGUNDO
PERIODO
LLEGADA A LOS CURSOS DEL NALÓN Y EL NARCIA
(28 de agosto-9 de septiembre)
Ocupación de Salas y San Martín de Luiña.
(Croquis núm. 2.)
La lucha por la costa es muy encarnizada en los últimos días de agosto
y primeros de septiembre, principalmente ante el pueblo de San Cosme. Más al
interior, las fuerzas que operan desde La Espina y son mandadas por el Teniente
Coronel De Miguel ocupan el pueblo de Salas.
El 4 rompen la resistencia enemiga las columnas de la izquierda y centro,
conquistándose, después de hacerlo con Soto de Luiña y San Cosíne, el pueblo
de San Martín de Luiña, en un avance rápido y fácil.
Llegada al Nalón y al
Narcea.
El 5, se alcanzan Villademar y San Cristóbal, llegándose muy cerca de
Cudillero y Pravia. El adversario se ofrece tenaz y valeroso, pero resulta
vencido merced a la capacidad de maniobra de las tropas Comandante Prado,
que opera por la costa, y del Comandante Teijeiro, que
actúa a la derecha de aquél. Las bajas sufridas por el contrario son
cuantiosas, y el botín de guerra muy considerable. Su aviación interviene con
intensidad, sin que los nacionales puedan impedirlo.
El 6 son ocupados, en la costa,
Cudillero y El Pito, progresando 1as
fuerzas del Comandante Teijeiro al Este de San Cristóbal; la resistencia
encontrada es muy grande y la aviación enemiga molesta constantemente, haciendo
muy penosos los avances diurnos. La Columna del Teniente Coronel De Miguel
conquista Villazón.
El 7 ocupa el Comandante Prado, San Esteban y Muros de Nalón, y
Teijeiro, Pravia, donde tiene que entrar cargando a la bayoneta (20).
El 8 hay ataques adversarios sobre la retaguardia de la columna De
Miguel, al Sureste de Salas, que han de ser contrarrestados.
El 9 de septiembre puede darse por asegurado el dominio de las márgenes
izquierda del Nalón hasta su confluencia con el Narcea y de éste hasta el
pueblo de Cornellana, que aún persiste en poder del enemigo.
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Consideraciones.
La resistencia encontrada en general, ha sido grande, vencida sólo por
la mejor calidad de las fuerzas nacionales, frente a la superioridad numérica y
en medios del contrario. La acción de su Aviación ha resultado muy eficaz y
constituye un factor adverso de importancia para las columnas gallegas. Ha
habido además un ataque o infiltración sobre posiciones a retaguardia, primero
de los muchos que tendrán lugar en los próximos días.
El adversario ha elevado
indudablemente su moral; porque cree próximo
el fin de la resistencia del Coronel Aranda en Oviedo, al igual que ocurrió con
la del Coronel Pinilla en Gijón. La situación de la capital asturiana, en
efecto, se agrava por días y todo hace presagiar un fatal desenlace.
Precisamente los días 8 y 9, en que termina este período que hemos estudiado,
son allí verdaderamente críticos.
Con la llegada a las márgenes del Nalón y Narcea se deja a la espalda
un rectángulo de verdadero valor táctico, apoyado por uno de sus flancos en el
mar; desde su lado oriental, las tropas están a 25 kilómetros en línea
recta de Oviedo. Queda el Teniente Coronel De Miguel al frente de la retaguardia
propia (Puerto de Leitariegos-Cangas de Tineo-La Espina-Luarca) mientras que el
Coronel Martín Alonso, con las columnas Arteaga, López Pita y Teijeiro se dispone
a lanzarse sobre la capital del Principado.
TERCER
PERIODO
LIBERACIÓN
DE OVIEDO
(10 de septiembre- 17 de octubre)
La elección del «pasillo» de Oviedo.
Características de esta etapa. (Croquis
núm. 3.)
Para llegar hasta Oviedo desde las márgenes de los ríos Nalón y
Narcea, hay una carretera recta y otra que da un amplísimo rodeo pasando por
Avilés. Utilizar esta última, además de la primera, suponía el empleo de
efectivos considerables, la conquista de una ciudad con un extenso casco y la
dificultad de establecer una línea final sólida; quizá también un mayor
margen de tiempo. En cambio el camino que dibujaba la carretera general era mas
directo y demandaba menos densidad de fuerzas, aunque siempre ofrecería los
inconvenientes de las luchas frontales y el tener muy débiles los flancos.
Esta segunda solución fue la elegida, y la que originó el que
a la larga se llamó «pasillo» y
«corredor» de Oviedo o de Grado.
La etapa que vamos a considerar fue la más dura de todas, tardándose
en recorrer una distancia en línea recta de 25 kilómetros, treinta y siete días,
lo que representaba una progresión diaria de menos de 700 metros. Es muy
característica de ella los contraataques del enemigo y sus peligrosísimas
infiltraciones por puntos que pueden suponer un estrangulamiento de las
comunicaciones. Resulta frecuente el tener que suspender una operación
proyectada para, con aquellas mismas fuerzas, restablecer la situación
quebrantada de la retaguardia propia.
Oviedo sufre, en tanto, una presión superior a sus propios y mermadísimos
recursos, siendo bombardeado constantemente desde el aire y batido en tierra por
toda clase de medios. Su defensa adquiere carácter
de desesperada y el repliegue, aunque lento y escalonado, es
general sobre el casco de la población. En los últimos momentos los escasos
defensores se disponen a morir luchando en cinco reductos previamente
preparados (21).
Paso del Narcea y
ocupación de Cabruñana y Grado.
El 11 de septiembre, las columnas Teijeiro, López-Pita y Arteaga
realizan el paso del Narcea en un frente de unos ocho kilómetros.
Por la derecha, Arteaga conquista Cornellana y cruza el río; por el
centro López-Pita ocupa, de Norte a Sur, Sierra Sollera; y por la izquierda
Teijeiro corriéndose al Este de la misma, alcanza posiciones
próximas a Grado.
El 12, Arteaga continúa en su misión de fijar al enemigo, mientras
las otras dos columnas prosiguen sus movimientos envolventes. La resistencia
ofrecida ante Cabruñana resulta considerable y las bajas son grandes en ambas
partes.
La información acusa los planes rojos, que se resumen en impedir el
paso del Nalón entre San Esteban y Pravia, y defender encarnizadamente Cabruñana.
Este punto fuerte, bien dotado de organizaciones defensivas ha sido reforzado
con guardias de Asalto, carabineros, milicianos, soldados del Regimiento de
Simancas y movilizados, cifrándose los efectivos en unos 5.000 a 6.000 hombres;
jefes profesionales destacados son aquí el Comandante Gállego y el Capitán
Abad. Se tienen noticias de que el adversario cuenta con varios
fusiles-ametralladores, unas 30 ametralladoras y algunos morteros de 51 milímetros;
habiéndose localizado perfectamente hasta siete piezas de artillería de 75 y
105 milímetros, cuyos disparos son precisos. Trubia constituye el gran depósito
de material, que se proyecta defender a toda costa.
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El 13, con lluvia e intensa niebla, que hace difícil la observación
del tiro de Artillería y el enlace entre las Unidades, prosigue el lento
avance, haciéndose cargo de las columnas López-Pita y Arteaga, el Teniente
Coronel Gómez Iglesias. Un ataque enemigo rechazado a una de nuestras
posiciones frente a Cornellana es particularmente sangriento
(22).
El sistema defensivo que el adversario posee ante Cabruñana es asaltado
victoriosamente el día 14 quedando así, con la ocupación del pueblo despejado
el camino a Grado. El botín cogido resulta cuantioso, así como las baja
causadas (23).
El 15 se conquista Grado, con escasa resistencia. Con ello queda prácticamente
ocupado el terreno situado entre los ríos Nalón, Narcea y Cubia, y las alturas
a la derecha de la carretera general. Pero su
dominio es muy precario, como pronto ha de verse.
Avance sobre Trubia. Contraataques e
infiltraciones.
La información acusa ahora los propósitos del enemigo de defen.der a
todo trance la línea Peñaflor-Gurullés, fortificando además activamente la
margen derecha del Nalón, hasta su encuentro con el Narcea; están preparados
todos los puentes para ser destruidos y proyectada la voladura de la fábrica de
Trubia. La pérdida de Cabruña y Grado ha influido en la moral del adversario,
deprimiéndola en parte, lo que no impedirá llevar a cabo pronto una serie de
fortísimas reacciones que vamos a considerar.
El 16 avanzan las fuerzas de Gómez Iglesias varios kilómetros --en
dirección a Trubia-- pero se ven detenidas principalmente por la acción
intensa de la Aviación. Un grupo enemigo al mando de un oficial cruza el Nalón frente a Pravia, siendo rechazado.
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E1 17, con un tiempo lluvioso, prosigue el penoso avance de las fuerzas
de Gómez Iglesias frente al numeroso adversario bien provisto de
Artillería.
El 18 hay contraataques en los flancos de las comunicaciones con Grado.
Pese a ello Gómez Iglesias ocupa posiciones próximas a los pueblos de Gurullés
y Bascones. El enemigo aumenta constantemente sus efectivos; suenan aquí, como
las más destacadas, las columnas de los cabecillas Travanco y Fandiños; frente
a Trubia hay unos 1.500 hombres.
El 12 se inicia el movimiento general sobre Trubia, que es parado en
seco por una resistencia encarnizada, la cual produce sensibles bajas. A la vez,
núcleos importantes atacan nuestras posiciones a la altura de Cabruñana y
sobre Gurullés, y más al Norte cruzan el Nalón por San Tirso, y ocupan parte
de Sierra Sollera.
Para destruir esta importante infiltración se monta una operación en
regla, en la que intervendrán las columnas Teijeiro, que avanzará por el
camino de Grado a Pravia y La Mortera, y López-Pita, que lo
Dos fechas más tarde se pierde una posición de Gurullés, que es
inmediatamente reconquistada.
El 25 se ocupa Peñaflor y alturas inmediatas, pero el adversario vuelve
a pasar el Nalón, por Prahua, cortando además las comunicaciones entre Gurullés
y Grado.
Este último contratiempo es salvado el mismo día 25 por la noche, pero
el otro obliga a planear una operación de envergadura, que se desarrolla
durante los días 27 y 28, en los que la columna Teijeiro avanza hacia el Norte
partiendo de Grado, y la de López-Pita lo hace desde Quinzanas hacia San Tirso;
apoyando el movimiento otras fracciones desde Cabruñana y Sierra Sollera.
El mismo día 27 son de nuevo atacadas las posiciones
avanzadas de la línea Peñaflor-Gurullés, infligiéndose al enemigo un duro
castigo (24), pese a lo cual continúa
su presión en este sector en fechas sucesivas (25).
Además, y como consecuencia de la actividad de los buques adversarios hay que
montar una vigilancia especial y tener tropas dispuestas, distintas a las
embebidas en el frente terrestre, para acudir al sitio amenazado si se intenta
desde aquellos un desembarco o golpe de efecto (26).
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La situación permanece, pues, estacionada a lo largo de los días y
puede calificarse en muchos instantes de critica. El enemigo, que es reforzado
constantemente, haciendo uso sin tasa de una reserva de hombres que parece no
tener fin, trata de alcanzar la iniciativa y, en parte, lo consigue (27).
Así, las fuerzas nacionales están demandadas más por la necesidad de tapar
los boquetes que de continuo se abren de frente y por sus flancos, que por el
libre deseo de seguir avanzando.
La moral roja con estos avatares sube indudablemente de grado. Oviedo,
además, pasa por momentos cada vez más difíciles, que exigen un socorro rápido.
Los partes adversarios comienza a hablar del frente asturiano más como un
peligro pasado o a punto de pasar (28).
En definitiva, se ha llegado a una situación de equilibrio
--muy activa desde luego-- que
amenaza con romperse a favor del bando contrario.
Progresión al Norte del Nalón.
Aparte de las reacciones del enemigo había que considerar su tenaz
defensa de la vía de penetración que por las proximidades de Trubia conduce a
la Capital asturiana. Ello obligó, sin duda, al mando nacional a cambiar su
plan de maniobra, buscando hora la carretera al Norte de la anterior, que por el
cruce de Escamplero lleva a Oviedo.
Mas aun partiendo de la relativa sorpresa que así se causaría, los
efectivos nacionales resultaban para esta maniobra excesivamente exiguos:
escasos en número, sus filas estaban muy mermadas, y el cansancio se acusaba en
la mayoría, pese a conservar todos una excelente moral.
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Para paliar esta penuria, llegan el día 4 dos unidades marroquíes del
Tercio y Regulares, y en jornadas sucesivas seis más (29);
con ellas se va a pretender quebrar la resistencia enemiga y levantar el cerco
de Oviedo, cuya situación es casi desesperada.
Ya el día 3 se había ocupado el pueblo de Cuero, al Norte del Nalón,
mas el avance decisivo comienza, en realidad, el día 7, en que se rompe el
frente por ambas orillas de aquel río, encontrándose fuerte oposición que no
impide progresar unos tres kilómetros. Los rojos se baten con tenacidad y son
apoyados eficazmente desde el aire. En vanguardia marchan las fuerzas del Tercio
y Regulares, que ocupan Bolgues, Palacín, El Soto y Santullano (30).
Al día siguiente actúa intensamente la Aviación contraria, que al fin
es puesta en fuga por la caza nacional, la cual protege luego el bombardeo de
las posiciones enemigas. El avance es, con todo, muy penoso.
Los días 9 y 10 un temporal de lluvias hace aún más duro el
movimiento de las unidades. Pese a ello se conquista Batsera.
El 11 hay un duro contraataque por el flanco izquierdo, que es
contrarrestado, ocupándose luego Otero. La. lucha resulta encarnizada en todo
momento.
El 12, se conquista, desde Gurullés, el punto denominado La Tejera, a
fin de facilitar el avance por el Norte, por donde continúan la serie de
combates muy cruentos, progresándose lentamente.
El 13 es decisivo, al ocuparse Escamplero. El 14 se descansa y el 15 se
conquistan las alturas que dominan el pueblo de Gallegos y las situadas al Este
de la carretera de Santullano a Balsera; pero la densa niebla impide terminar la
operación. La resistencia del adversario ha cedido notablemente.
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Ello facilita que el 16 se entre en el poblado de Gallegos y alturas al
Norte del mismo, permitiéndose que la Artillería dé un salto. El campo
entre Soto y Escamplero aparece sembrado de cadáveres. Las
fuerzas del Tercio, totalmente
diezmadas, han de ser retiradas del campo de batalla.
Enlace con los defensores de Oviedo.
El 17, por la mañana, una columna pasa el Nora y ocupa loma a loma las
cumbres de la Sierra del Naranco, basta el vértice Paisano,
punto el más elevado de aquélla. Al amparo de la anterior, otra columna cruza
igualmente el Nora, más al Sur, y sigue por Loriana, Villamar y loma Pando,
enlazándose a las siete y media de la tarde con los defensores de Oviedo. Una
tercera columna había salido de Escamplero, dirigiéndose, para cubrir el
flanco derecho, hacia San Claudio (31).
CONSIDERACIONES
El problema militar
Militarmente el socorro a Oviedo se presentaba como una operación
audaz, enérgica, típicamente ofensiva. El terreno era escabroso, plagado de
enemigos, adecuado como pocos para la defensa y la lucha de guerrillas. En estas
circunstancias sólo era posible moverse en él, si no con seguridad
--que en Asturias resultaba prácticamente imposible--
sí con holgura y desahogo, poseyendo una altísima moral, voluntad de
vencer a toda prueba y superioridad técnica. Por existir estos sólidos
cimientos no se realizó una empresa aventurada, a borde del fracaso.
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Pero el socorro, triunfante y todo, resolvía un problema
--el de rotura del asedio de la capital--
a costa de plantear otro: el de la creación de una situación táctica
muy peligrosa. En efecto, establecido el «pasillo de Oviedo», se creaba un
corredor de muy débiles “paredes”, estrechísimo y dominado en muchos
puntos por posiciones enemigas. Pasillo que sólo tenía valor como situación
de paso, base de partida para realización de otras operaciones de más amplios
vuelos. Por ejemplo, la ocupación del rectángulo situado al Norte del mismo,
conquistándose Avilés y Gijón.
Nada de eso pasó inadvertido para el Mando, y en tal sentido dirigióse
el Genéral Aranda al General Mola, el 19 de octubre, esto inmediatamente después
del enlace verificado dos jornadas antes (32). EI General Aranda
planteaba los inconvenientes de una situación
muy peligrosa, derivada de la larga línea de etapas y del estado de las
unidades, que necesitaban ser completadas en sus efectivos e incrementado en
conjunto con otras de refresco. En todo caso la situación, si se estabilizaba,
podía dar lugar a momentos muy peligrosos.
Estos planes no pudieron llevarse adelante, por haberse entrado ya en la
estación de lluvias, y por los problemas constantes que se presentaban al Alto
Mando nacional sobre aumentos de efectivos. Pero los peligros del mantenimiento
de una defensiva en Asturias se manifestaron bien pronto, y a lo largo del período
1936-1937, en las ofensivas rojas desencadenadas en diversas ocasiones,
El problema político.
El levantamiento del asedio de Oviedo supuso un duro golpe a la moral de
los sitiadores, y puede decirse que a la de toda la zona roja. La capital
asturiana, por su carácter psicológico y social y por los antecedentes de la
llamada “revolución de octubre”, era una de las presas más codiciadas por
el enemigo. Y en general Asturias toda constituía un señuelo, un formidable
acicate para mantener posiciones firmes y aún acciones ofensivas en otras
partes. (En Madrid, cuya defensa por esta época se planeaba ya a ultranza,
frente a las columnas que venían desde Sevilla, Asturias era el mejor ejemplo a
imitar.)
Oficialmente negóse casi de modo absoluto el avance de las fueras
procedentes de Galicia, hablándose sólo del sitio de Oviedo, que cada vez era
más cerrado, hasta suponerse, ya en vísperas. del 17, que la capital estaba prácticamente
conquistada, a excepción de algunos reductos aislados (33).
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Carácter general de la operación.
El socorro a Oviedo es un claro ejemplo de una operación militar
llevada a cabo con un grupo pequeño de fuerzas regulares, instruidas y
decididas, frente a una masa cuantiosa, bien armada y abastecida, que pretende
alcanzar la victoria por caminos irreegu1ares; como tales pueden considerarse la
ausencia de mandos --salvo
excepciones, que aunque en buen número no dejaban de confirmar la regla--
la disciplina arbitraria infundida por una moral revolucionaria y la
personalidad de los cabecillas, y la carencia de un verdadero plan militar
frente a las columnas nacionales.
Estas tuvieron que luchar contra toda clase de factores adversos:
terreno, psicología de los habitantes de la región, armamento del adversario
aunque fuera manejado defectuosamente muchas veces y número de éste, con
reservas prácticamente ilimitadas.
Sobre esta base llevóse a cabo una acción audaz, rápida, todo lo que
las circunstancias permitían, concéntrica en un primer momento, frontal después,
maniobrándose siempre que se pudo. En ella las unidades nacionales fueron
embebiéndose rápidamente, no supliendo sino muy precariamente los claros así
producidos, por bajas en el combate y necesidad de guardar los larguísimos
flancos, otras unidades nuevas. Puede asegurarse que el levantamiento del sitio
de Oviedo no hubiera sido realidad sin la negada al teatro de operaciones de.
las tropas marroquíes y peninsulares, que tuvo lugar a partir del día 4 de
octubre.
Balance de bajas
No es posible, ni remotamente, dar un balance de bajas de las fuerzas
enemigas. Las propias podían cifrarse en un total de 2.600, desglosadas de esta
manera:
Desde Ribadeo a La Espina y Novellana, 440.
Desde La Espina a Pravia y Grado, 600.
Desde Grado a Oviedo, 1.600.
Estos números son elocuentes y ponen de manifiesto la dureza de la
lucha.
Por el Col. Dn. Juan
Manuel Martínez Bande (In memorian)