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ASÍ FUE LA LIBERACIÓN
DE EL ALCÁZAR
(27 de Septiembre de 1936)
El 27 de Septiembre de este año se cumplen 71 años de la liberación de El Alcázar por las fuerzas nacionales que desde Sevilla marchaban hacia Madrid en una de las epopeyas militares y humanas más increíbles y espectaculares que se han visto. Mucho se ha escrito sobre el asedio, pero no tanto sobre cómo fue su liberación. Por eso mediante este artículo, que se debe a la presitigiosa pluma del que fuera insigne historiador militar Coronel de Artillería Dn. José Manuel Martínez Bande, rendimos homenaje a quellos que con su arrojo, valor, inteligencia y voluntad firme de vencer, hicieron posible la justa liberación de aquellos otros que en epopeya sin igual llevaban practicamente tres meses resistiendo en condiciones inverosímiles dispuesto a morir o a vencer.
Situación
general.
Ocupado Talavera y enlazadas de nuevo las
fuerzas de los Ejércitos del Norte y del Sur, se ofrecerá para el Mando
nacional una situación bastante sólida, con un aumento en las posibilidades
futuras de maniobra. La moral de las tropas seguirá siendo excelente, pese a
las constantes mermas experimentadas, que difícilmente compensan la intervención
de nuevos contingentes.
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Pero
la Junta de Defensa Nacional comprende que la guerra no va a terminar tan rápidamente
conforme se cree en amplios sectores y a ello obedece una medida de gran valor a
lo largo de la contienda: la de proveer la penuria de mandos, que ya se
vislumbra próxima, con la habilitación para el empleo superior, hasta el de
coronel inclusive, a los jefes y oficiales profesionales que se hagan acreedores
de. ello, y la también habilitación para el empleo de alféreces provisionales
a las personas civiles que superen unos cursos abreviados.
Por
parte del bando enemigo debe registrarse el intento de estructurar el Teatro de
Operaciones del Centro, llevado a cabo por el jefe de Estado Mayor del
Ministerio, que el 11 de septiembre, en unas Directivas, divide aquel en
cinco sectores: Guadalajara, Somosierra, Guadarrama, Extremadura (Cáceres) y
Toledo; disponiendo a su vez que en cada sector haya un jefe militar, auxiliado
por un Estado Mayor, así como en las Columnas cuyos efectivos 1ebasen los 4.000
hombres. En las mismas Directivas se encarece la necesidad de inculcar a los
milicianos una fuerte disciplina militar, aprovechando los momentos de descanso
para perfeccionar su estado de instrucción.
En
cuanto a las Columnas de Extremadura, sus efectivos crecen constantemente: el día
9 de septiembre son 13.928 hombres; el 19, 24.264, Y el 23, 26.264. Es decir,
que en quince días dichos efectivos han sido doblados, apareciendo, además, en
este Teatro de Operaciones del Centro los primeros grupos extranjeros (1).
Con su llegada coincide el comienzo de la influencia rusa en el Ministerio de la
Guerra (2).
Problema previo: la
liberación del Alcázar toledano.
El nombre
del Alcázar trae a colación un problema que tuvo que presentarse aquí
forzosamente al Mando: ¿debía la «Columna Madrid» lanzarse, por el camino más
corto, sobre la capital de España o desviarse hacia la derecha, para liberar a
los defensores de aquel recinto? Tres soluciones podían, teóricamente,
seguirse:
l."
Buscar un enlace nuevo con las fuerzas del Norte, apoyándose en el Alberche y
ocupando El Escorial, desde donde podría hacerse descender sobre la capital
española el mayor número de efectivos posibles.
2."
Llegar hasta Maqueda, y desde aquí, llevando como eje de marcha la carretera
general de Extremadura, atacar Madrid.
3.&
Desviarse hacia la derecha, buscar la salvaguardia de su flanco sobre el Tajo,
liberar Toledo y luego atacar Madrid, con dos carreteras de primer orden como
ejes de marcha: la antes citada y la de Toledo-Madrid.
Mucho
puede decirse sobre este momento de nuestra contienda. Pero no debe olvidarse
que ésta era una guerra civil, en la que el Mando, además de los factores
ordinarios, tenía que ponderar otros de extraordinario carácter. En torno a
los defensores del Alcázar se había creado una aureola, con categoría de
mito, que había llegado a traspasar las fronteras. En la España liberada,
donde existía entonces un clima propicio de hipersensibilidad patriótica, había
un deseo incontenido, como un compromiso de honor, en libertarlos. Pero. también
en el exterior produciría el hecho un efecto beneficioso para la causa
nacional, pues entre el fárrago de noticias contradictorias que se publicaban
sobre nuestra guerra, se había captado la gesta alcazareña como muestra
indeleble del genio caballeresco de la raza.
Este
sentido de la lucha fue perfectamente acusado por el Mando (3).
El
terreno. (Croquis
número 8.)
De Talavera a Toledo el terreno sólo presenta, al avance de una fuerza
que se mueve en dirección Oeste-Este, el río Guadarrama como obstáculo de
poca consideración. En general, muéstrase aquel ligeramente ondulado, apto
para la maniobra; como cultivo, la tierra de labor y algunos viñedos y
olivares; lo que, en conjunto, permite una cómoda observación desde el aire.
Considerando
el triángulo Escalona-Talavera-Toledo, diremos que la mitad Norte del mismo es
muy suave, y que a medida que se desciende el terreno se vuelve más movido: la
línea del ferrocarril Madrid-Talavera puede servir de divisoria. Esta zona está,
además, flanqueada a su izquierda por las estribaciones de la sierra de San
Vicente.
En
cuanto a las comunicaciones se ofrecen aquí, además del ferrocarril ya dicho,
dos carreteras fundamentales, que se cortan en Maqueda, en cruz: la de Ávila a
Toledo y la llamada de Extremadura; aparte de otras secundarias, extendidas, en
general, de Norte a Sur. Algunas atraviesan el Tajo, cuyos puentes y vados sería
necesario vigilar luego que se hubiera ocupado el terreno correspondiente.
La
información nacional acusaba desde el primer momento una serie de
fortificaciones protegiendo la carretera de Extremadura, al Este de Cazalejas,
ante los pueblos de Cerralbo, Illán de Vacas, El Bravo y El Casar de Escalona
y, sobre todo, en torno a Santa Olalla y Maqueda, localidades cuyo valor táctico
no desconocía el enemigo; era indudable que se había valorado sobradamente el
terreno y ordenado su defensa en la medida de lo posible.
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Reorganización
de las fuerzas.
El día 8, Yagüe propone al general Franco
una reorganización de las Agrupaciones o Columnas, que es aceptada dos días
después. Cada una de aquéllas (Asensio, Tella, Castejón y Delgado Serrano)
contará con una bandera, dos tabores, una batería ligera, una estación de
radio a caballo y otra de óptica pesada. Ello incrementa los efectivos del Ejército
Expedicionario, si bien han de ser consideradas las bajas que constantemente
sufre, no siempre repuestas.
Operaciones
de tanteo.
La línea del frente, después del último
enlace logrado con las fuerzas del coronel Monasterio, ofrece el saliente de
Talavera, sobre el que se alzan las estribaciones de la sierra de San Vicente,
que conviene tener en la mano. Más al Norte, está la zona intrincada del valle
del Tiétar. En la operación que ahora se planea intervendrán -aparte de
Monasterio- Castejón, de modo principal, y Asensio, secundariamente. La
Agrupación Castejón se dividirá en dos Subagrupaciones, que seguirán las
carreteras Talavera-Almendral y Talavera-El Real de San Vicente. Asensio atacará
en dirección Cazalejas, y Monasterio se dirigirá por la carretera
Arenas-Casavieja. Se tienen noticias de haber concentraciones enemigas en la
zona asignada a Castejón.
El
11 consigue éste avanzar hasta Navamorcuende e Hinojosa, y al día siguiente
conquistar Almendral y El Real de San Vicente, llegando hasta Pelahustán. El
enemigo, constituido por la Columna Del Rosal, la comunista López-Tienda,
venida de Cataluña, y grupos internacionales, se muestra durísimo, y Almendral
ha de ser reconquistado. En vista de ello se decide fijar una línea sólida e
imprimir a las fuerzas un giro hacia la derecha. Más al Norte, Monasterio ha
ocupado Lanzahita y Pedro Bernardo (días 14 y 15), Y al Sur, Asensio ha entrado
en Cazalejas el 12.
La
orden de Yagüe del día 14 dispone que, en la fecha siguiente, se realice un
atflque demostrativo desde Cazalejas (Delgado Serrano), mientras que Castejón,
al otro lado del Alberche, vadee el río, desborde el frente y ataque luego de
revés las posiciones enemigas; entonces será llegado el momento de que las
fuerzas de Delgado Serrano se empleen a fondo. Pero la resistencia en la zona
Cazalejas-El Casar sigue siendo considerable (4),
y por las estribaciones de la sierra de San Vicente masas de milicianos realizan
incursiones peligrosas; por todo lo cual se hace entrar en línea una nueva
columna (teniente coronel Barrón), variándose la idea de maniobra.
La orden de 15 de septiembre dispone, al efecto, el envolvimiento de las
posiciones enemigas frente a Cazalejas por el Norte (Barrón) y por el Sur
(Delgado Serrano): la aviación y artillería realizarán una preparación
intensa de veinte minutos. El avance del día 16 resulta penoso, pero en la
jornada siguiente se profundizan 10 kilómetros, ocupándose El Casar de
Escalona, El Bravo, Cerralbo e Illán de Vacas. El 18 interviene Asensio, que
entra en Otero.
Ocupación
de Santa Olalla.
El día 19 las fuerzas se encuentran así desplegadas: en
vanguardia, y de Norte a Sur, las Columnas de Barrón (en El Casar), Castejón
(en El Bravo) y Asensio (en Otero); la reserva en Talavera. Hay concentraciones
enemigas, comprobadas, en Escalona, Maqueda y Santa Olalla, y se supone que en
Torrijos. La orden de Yagüe de aquella fecha dispone para el 20 la ocupación
de Santa Olalla, y para el 21 la de Maqueda. Santa Olalla será amenazada de
envolvimiento por el Norte, a cargo de Barrón, quien vigilará, además, el
flanco izquierdo; Castejón, un poco retrasado, atacará la localidad de frente,
y Asensio, por el Sur, la ocupará.
La operación se realiza como estaba
previsto y el enemigo, que sufre pérdidas en hombres y material, no es capaz de
reaccionar frente a la maniobra realizada. Al terminar la operación Asensio
queda en Santa Olalla, y Castejón la rebasa, situándose al Este de la misma,
dando frente a Maqueda.
Ocupación
de Maqueda.
Maqueda aparecía fortificada, y en su
defensa había puesto el Mando rojo grandes esperanzas. Parece ser que la
dirección de las obras se había encomendado al general Masquelet, el cual montó
una organización defensiva a caballo sobre la carretera de Extremadura, con el
fin de detener los ataques de frente. La Aviación nacional obtuvo fotografías
que denunciaron un punto sin fortificar al Sur de la plaza.
La
orden de Yagüe de fecha 20 de septiembre dispone que Barrón avance por la
izquierda de la carretera general, hasta rebasar el pueblo; Castejón ataque de
Sur a Norte para ocupar aquél por el lugar no fortificado, y Asensio, marchando
por el centro, enlace las otras dos Columnas.
La
operación se realiza con éxito y el enemigo es dominado, por un momento, por
el pánico, huyendo precipitadamente; pero luego vuelve sobre sus pasos y, al
atardecer, hostiliza las líneas nacionales.
Hay
más tarde un desplazamiento de las Columnas de Yagüe hacia el Suroeste.
El
22, Asensio ocupa Val de Santo Domingo, siguiendo la dirección Oeste-Este,
mientras Barrón realiza un ataque demostrativo de Norte a Sur; seguidamente,
Castejón, marchando desde Alcabón, y Asensio, por el Norte, conquistan
Torrijos.
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Consecuencias
de estas operaciones. Mando del general Varela.
La ocupación de Maqueda (aparte de las de Santa Olalla y
Torrijos) tuvo extraordinaria importancia, pues despejaba el camino hacia
Toledo, ante la que sólo se ofrecía como obstáculo el endeble del río
Guadarrama. Maqueda, además, solamente distaba de la capital de España 74 kilómetros.
Por
eso, dándose cuenta el enemigo de la gravedad de la situación lanzó contra
Maqueda en los días 22, 23 Y 24 fuertes contraataques.
En
la última de estas jornadas se hizo cargo del mando directo del Ejército
Expedicionario el general Varela, que sustituía al teniente coronel Yagüe,
cuya salud se resentía sensiblemente, denominando al conjunto de las fuerzas «Agrupación
de Columnas de Vanguardia».
Ocupación
de Toledo. (Croquis
números 8 y 9.)
Toledo se encuentra en un cerro, rodeado, al
Este, Sur y Oeste, por el río Tajo, que marcha encajonado a manera de foso. Por
el Norte hay un pequeño collado que, como un istmo, une el montículo con
elevaciones relativamente alejadas; a ambos lados del collado el terreno es
llano, particularmente en dirección Noroeste, donde se encuentra La Vega. La
situación de Toledo recordaba, sólo en parte, la de Badajoz; pues la topografía
favorecía mejor a las fuerzas que se encerrasen dentro de la plaza, ya que los
atacantes únicamente podían dirigir sus movimientos según una sola dirección,
de Norte a Sur, y los defensores tenían siempre asegurada la retirada a través
de dos puentes que conducían a su zona de retaguardia, cosa que no ocurría en
la ciudad extremeña. Por otra parte su proximidad a Madrid aseguraba a las
milicias rojas el municionamiento y toda clase de servicios: las bajas podían
ser fácilmente cubiertas.
Para
la ocupación de Toledo, Franco dio en Cáceres, el día 24, una orden de
operaciones, que desarrollaba la acción en tres fases: en la primera se ocuparía
la línea Villamiel-alturas al Suroeste del puente sobre el Guadarrama; en la
segunda se alcanzaría Bargas, formándose una amplia base de partida para el
ataque a la ciudad; y en la tercera tendría lugar el asalto de ésta. Como eje
de marcha se seguiría la carretera Torrijos-Toledo. La información acusaba
obras de fortificación en torno al puente sobre el Guadarrama y concentraciones
frente a Maqueda y El Real de San Vicente y en Olías, Bargas y Toledo. El mando
enemigo parecía, pues, moverse con acierto: defendía el acceso lógico, a través
del puente citado, situaba en la plaza efectivos considerables y amenazaba el
flanco del ataque por puntos sensibles.
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Las
Columnas atacantes eran tres: 1 (Asensio), 2 (Barrón) y 3 (Castejón), quedando
en Maqueda, como reserva, la 4 de Delgado Serrano. El apoyo desde el aire se
reduciría a dos patrullas de bombardeo, un aparato de reconocimiento y cuatro
patrullas de caza. Se consideraba que la operación duraría, en su conjunto,
tres días.
En
Torrijos, el Jefe de la «Agrupación de Columnas de Vanguardia» da el mismo día
24 su orden particular. A la una horas del 25 las tres Columnas deben iniciar su
marcha de aproximación, partiendo de dicho pueblo; pasado Rielves, Asensio se
desplazará hacia el Norte de la carretera Toledo-Torrijos; Barrón marchará
por el Sur de la misma, y Castejón protegerá el flanco izquierdo,
principalmente Torrijos y Villamiel. Antes de amanecer Barrón dará un golpe de
mano para apoderarse por sorpresa del puente sobre el Guadarrama. Luego sus
fuerzas y algunas de Asensio tratarán de fijar el enemigo de frente, mientras
el resto de las unidades del segundo de los jefes citados intentará vadear el
Guadarrama y envolver por el Norte las trincheras situadas en esta zona.
El
25 las Columnas emprenden el avance, ocupando Villamiel y encontrando volado el
puente sobre el río. Los rojos son arrollados, pero su artillería y aviación
castigan duramente a las fuerzas que avanzan (5).
Los propósitos del general Asensio Torrado son, sin duda, establecer una línea
defensiva entre el Guadarrama Y Toledo y forzar la rendición de los defensores
del Alcázar.
Pasado
el Guadarrama las fuerzas de Varela se orientan en dos direcciones: las de Barrón
directamente sobre la capital; las de Asensio desviándose hacia Bargas, con la
intención de cortar la carretera Madrid-Toledo. Tras contener un ataque de
flanco, bien planeado, Bargas es conquistado el 26, y Barrón llega a la
divisoria entre el Guadarrama y Toledo, fortificándose en las posiciones
conquistadas.
El
27 este jefe observa cómo el enemigo huye en todas direcciones, aunque luego a
las mismas puertas de la ciudad ofrece una resistencia inesperada, habiendo
combates muy duros. Asensio, mientras tanto, se extiende a ambos lados de la
carretera general a Madrid, ocupando, a viva fuerza y con durísimos encuentros,
la Plaza de Toros, el Cementerio, el Colegio de Huérfanos, el Hospital de San
Juan Bautista y el barrio de Covachuelas. Algunas fuerzas cruzan la puerta de la
Visagra y otras llegan al paseo del Miradero, desde donde se extienden hacia el
puente de Alcántara. Las primeras suben a la plaza del Zocodover y luego hasta
el Alcázar por el ángulo Nordeste del edificio, y las segundas toman contacto
con el mismo por su fachada Este. Aquella noche queda roto el asedio (6).
El
28, Barrón ocupa la Fábrica de Armas, rechazando luego un duro contraataque, y
entra en Toledo por la puerta del Cambrón (7).
A las diez de la mañana queda la ciudad totalmente ocupada, a excepción del
Seminario, Diputación y Hospital Tavera, cuyos defensores, después de luchar
valerosamente, se rinden dos días después. El botín capturado es considerable
(8). Las fuerzas
victoriosas se instalan en los puentes de San Martín y de Alcántara y en el
castillo de San Servando, creando así dos pequeñas cabezas de puente, que en
el transcurso de la contienda serían varias veces ampliadas, hasta quedar
unidas en una sola.
El
general Varela entra en el Alcázar, y el 29, el general Franco, que impone al
jefe de la defensa la Cruz Laureada de San Fernando.
Consideraciones.
La etapa Talavera-Toledo es sensiblemente más dura que las
anteriores. Los números son aquí bien elocuentes. Basta decir que a pesar de
haberse aumentado los contingentes nacionales, las Columnas tardaron en cubrir
aquélla el mismo tiempo que el empleado para marchar desde Sevilla a Talavera.
Se acusa la presencia de algunos mandos y unidades profesionales y la mayor
pericia del general Asensio Torrado en relación con el general Riquelme. Hay
ataques de flanco constantes, líneas fortificadas y una mayor tenacidad en
pegarse al terreno. El desgaste de los efectivos de Yagüe -luego de Varela- es
grande.
Mas
la importancia de esta etapa ha de calibrarse desde un ángulo especial: el político.
Repercusión político-militar de la conquista de Toledo en ambas zonas.Aunque
los comunicados oficiales y la prensa y radio rojos trataron durante mucho
tiempo de ocuItar la situación de la lucha en el valle del Tajo, la proximidad
creciente del teatro de operaciones obligó, al fin, si no a declarar
taxativamente la verdad, sí a no acuitar la gravedad de los hechos (9).
Puede considerarse la fecha del 27 -precisamente cuando se toma contacto con los
héroes del Alcázar- como capital. En efecto, a la salida del Consejo de
Ministros, celebrado en ese día, se facilitó una declaración ministerial en
la que se confesaban tres cosas: que el enemigo se aproximaba a Madrid, que
desde él debía partir una contraofensiva victoriosa realizada por un nuevo Ejército,
con espíritu y disciplina militar perfectos, y que era preciso defender la
capital como si fuese una fortaleza inexpugnable (10).
Aparece,
pues, acuciante, la pretensión de tener algo que merezca el nombre de Fuerzas
Armadas. Varias disposiciones del Ministro de la Guerra, fechadas los días 28 y
29 de septiembre son bien elocuentes. Se ordena en una de ellas el pase a los
escalafones del Ejército de los individuos de las Milicias que fuesen
acreedores de ello, agregando que «se inicia así la formación del futuro Ejército
del pueblo»; el cual deberá estar bajo «la necesaria disciplina». En otra se
dice que las Milicias voluntarias tendrán, en adelante, «carácter, fuero y
condición militar», quedando sometidos sus individuos a los preceptos del Código
de Justicia castrense. En una tercera son llamados a filas los reemplazos de
1932 y 1933 (11).
Mientras
por un lado se lanza una propaganda nutrida, tratando de convencer a todos que
Madrid debe ser defendido hasta el último hombre y el último cartucho (12),
por otro los dirigentes políticos más significados preparan su fuga (13).
En
tanto, en la zona nacional tenía lugar un acontecimiento de extraordinaria
importancia: la sustitución de la Junta de Defensa Nacional por el Mando único,
militar y político (14).
El Decreto número 138, de 30 de septiembre, de la Presidencia de aquella Junta
establecía que, organizada la vida civil con normalidad absoluta en las
provincias rescatadas, se imponía un régimen orgánico que preparase el
porvenir. «Razones de todo linaje -decía el Decreto- señalan la conveniencia
de concentrar en un sólo poder todos aquéllos que han de conducir a la
victoria final y al establecimiento, consolidación y desarrollo del nuevo
Estado.» La concentración tenía realidad en la persona del general Franco,
nombrado, además, Generalísimo de las Fuerzas de Tierra, Mar y Aire y General
en Jefe del Ejército de Operaciones. El primer Decreto dado por él llevaba
fecha de 1 de octubre y organizaba las Fuerzas armadas de Tierra en dos Ejércitos:
del Norte (general Mola) y del Sur (general Queipo de Llano). El Ejército
Expedicionario quedaba dentro del primero.
El
general Franco estableció su Cuartel General en Salamanca (15).
Unos días antes -el 25 de septiembre- habían sido llamados los individuos del
reemplazo de 1932 (2º semestre).
---ooo---
CITAS.-
(1)
Sobre el particular puede verse Garibaldini in Ispagna (sic), Madrid,
1937, páginas 21 y siguientes, y Crónica General de la Guerra Civil,
de LINO NOVAS, publicada igualmente en Madrid durante la guerra. Según
estos testimonios los primeros extranjeros que combatieron en la zona Centro
fueron la centuria italiana «Gastone Sozzi» y un grupo de polacos, que se
movieron por Palahustán, Cenicientos, Robledo de Chavela, El Escorial, Brunete,
Chapinería y Peguerinos. ISIDORO G. ORTEGA asegura que «los primeros
voluntarios llegaron a tiempo para luchar en Irún, en Aragón y en Talavera» (Y
no pasaron..., página 45).
Pero
el texto más elocuente nos lo proporciona el libro de DOLORES IBARRURI y OTROS,
Guerra y Revolución en España, 1936-39 (tomo 11, página 113) al
decir: «Unos 200 voluntarios, italianos, franceses y polacos, que habían
luchado en Irún, y otros extranjeros que habían participado en el desembarco
en Mallorca, marcharon en septiembre al frente de Madrid, donde formaron las
centurias «Gastone Sozzi» y «Commune de Paris», esta última mandada por
Jules Dumont, que meses después sería jefe de la 14 Brigada Internacional, y
los grupos «Dombrowsky» (polacos) y «Rakosi», (húngaros), mandado éste por
el obrero albañil Mihaly Szlavai; Ferdinand Todorov Kozovski fue uno de los
primeros organizadores de los búlgaros. Todos ellos combatieron en Madrid y en
la Sierra de Guadarrama.»
(2).
Esta influencia debió comenzar inmediatamente después de la presentación de
cartas credenciales hecha por el embajador de la U. R. S. S., Marcel Rosemberg
en Madrid el 26 de agosto. Probablemente con Rosemberg llegaron los generales
Berzins y Goriev, del Ejército soviético. Según LUIS ARAQUlSTÁIN, socialista
del ala izquierda, las sugerencias de Rosemberg «eran prácticamente órdenes»
y se referían principalmente a los mandos militares. «Tal o cual coronel o
general debe ser destituido, y tales o cuales nombrados en su lugar. Estas
recomendaciones estaban basadas, no en la competencia de los oficiales, sino en
sus filiaciones políticas y en grado de sumisión a los comunistas» (El
comunismo y la guerra de España, pág. 24). El propio autor
señala que con Goriev venía una legión de «auxiliares» y «consejeros»,
«que nadie había requerido y que se introdujeron en el Estado Mayor militar y
en los cuerpos del Ejército, donde daban órdenes a su voluntad». SALVADOR DE
MADARIAGA (España, pág. 629), dice a este respecto: «Entretanto, en el
Ministerio de la Guerra. ya desde septiembre, se había instalado un Estado
Mayor ruso al mando del general Goriev.» LARGO CABALLERO, en Mis Recuerdos habla
largamente del tema, igualmente que SEGlSMUNDO CASADO (The Last Days Madrid,
pág. 53).
Y
sin embargo tales consejeros, aspirantes a hacerse dueños absolutos de la
situación, habían sido solicitados por el propio Gobierno, si hemos de hacer
caso a DOLORES IBARRURI: El 12 de enero, en carta dirigida por Largo Caballero a
Stalin, Molotov y Voroshilov, decía: «Los camaradas que, pedidos por nosotros,
han venido a ayudamos nos prestan un gran servicio. Su gran experiencia nos es
muy útil y contribuye de una manera eficaz a la defensa de España en su lucha
contra el fascismo.» (Guerra y revolución en España, tomo 11, pág.
103.)
(3) El general KINDELÁN (Ob. cit., pág. 23) refiere
una conversación mantenida con el general Franco en estos términos:
«-¿Sabe mi General que Toledo puede costarle Madrid? -le dije.
"-Si, lo sé; he meditado mucho sobre las consecuencias de mi decisión.
¿Usted qué haría?
"-Yo -le contesté sin vacilar- iría a Toledo, aunque con ello me
expusiera a no tomar Madrid.
"-Yo así lo tengo decidido -me respondió-, por apreciar que en toda
guerra, y más en las civiles, los factores espirituales cuentan de modo
extraordinario; hemos de impresionar al enemigo por el convencimiento llevado a
su ánimo de que cuanto nos proponemos lo realizamos sin que puedan
impedirlo", (Subrayado en el original.)
(4) El día 15 la Columna Castejón
llegó a tener más de 150 bajas. (54) La Columna Barrón contaba, el día 16,
con la 1 bandera del Tercio y el 1 tabor de Tetuán, más dos baterías y
Servicios; pero aquel mismo día fue reforzada con un tabor de Ceuta.
Posteriormente los tabores fueron el 1 y 11 de Melilla. Es de notar que, a
efectos tácticos, las Columnas sufrían frecuentes alteraciones en su composición,
según las necesidades de la lucha.
(5)
En el Diario de la Columna Barrón se dice: «En la mañana de este día es
cuando se pudo observar mayor potencia en la artillería adversaria... En las últimas
horas de la tarde se verificó la mayor concentración de la aviación enemiga;
veintidós aparatos en formación se acercaron a nuestras líneas...»
(6)
Penetró en Toledo, por la puerta de la Visagra, el I tabor de Tetuán,
siendo unos destacamentos avanzados de la V bandera los que llegaron al Alcázar,
después de dar un rodeo hacia el puente de Alcántara. El capitán Tiede y el
teniente Lahuerta fueron los primeros oficiales que entraron en la martirizada
fortaleza.
(7)
El II tabor de Melilla ocupó la Fábrica de Armas y la I Bandera cruzó la
puerta del Cambrón.
(8)
Es curioso el detalle de la evacuación de Toledo por las milicias rojas, según
informe del jefe que las mandaba directamente, teniente coronel Burillo. Entre
otras cosas dice: «A poco se recibieron noticias de que el ataque a Toledo por
el Norte iba mal, ya que el enemigo a las diez y treinta horas había llegado al
cementerio. Retrocedían nuestras fuerzas. Al comandante Bernal se le había
filtrado el enemigo entre la carretera de Ávila y la de Bargas. Durante tres o
cuatro horas la situación continuó igual. El enemigo atacaba con armas automáticas(de
16 a 20 ametralladoras), morteros, Artillería y Aviación. Las fuerzas que
estaban en la vega no aguantaron y se metieron en Toledo por la Puerta de
Visagra (dentro de Toledo se perdían en las calles). "Nuestra aviación se
presentó entre las once y doce horas y bombardeó un objetivo (se le había dado
el kilómetro seis o siete de la carretera de Ávila) , que fue Safón, y
cayeron las bombas por la parte del río; esto fue lo suficiente para que la
gente que estaba en el río se metiera en Toledo atropelladamente". "La
situación desde entonces fue peor y se perdió la comunicación con Madrid (por
abandono de los telegrafistas). No pudieron comunicar con Bernal ni con las
baterías. A las cinco de la tarde (17 horas) la situación era desesperada,
pues Bernal, que tenía la misión de defender la Puerta de Visagra, se había
retirado hacia el campo y sólo quedaban en la citada Puerta, para su defensa,
treinta o cuarenta milicianos. Bernal no pudo cumplir esta misión, porque el
enemigo se le filtró por en medio y tuvo que retirarse hacia el campo en vez de
hacerlo hacia Toledo". "La gente que estaba en los parapetos de Toledo se
iba y el capitán Maján quedó en Santa Cruz únicamente con su guardia.
"Entonces el teniente coronel Burillo decidió salir por el puente de San
Martín a las 18 horas y a la misma hora entraba el enemigo por la Puerta de
Visagra. Luego se enteraron que dentro de Toledo quedaban cincuenta milicianos
mandados por Líster, que estuvo toda la noche en Toledo, y que a la mañana
siguiente, a las diez horas, se retiró con Bernal, que se había quedado en la
Fábrica de Armas.» Líster fue enviado desde Madrid a Toledo, al mando
de un batallón, cuando la ciudad estaba ya prácticamente perdida. Un parte del
general Varela fechado a las veinte horas del día 27 decía: «Con fuerzas mi
Columna me encuentro Toledo venciendo resistencia enemiga, habiendo cogido más
de 300 muertos, depósito en armamento en gran cantidad, así como numerosos
prisioneros.» Otro parte, éste del día 28, elevaba el número de muertos a
600, figurando en el botfn cuatro cañones de 75 y de 70, muchísimos fusiles
que se calculaban en más de 1.000, dos piezas antiaéreas de 20 milímetros y
cuantiosa munición.
(9)
He aquí lo ;que, a modo de ejemplo, decía el 27 de septiembre -día en que se
estableció contacto con los defensores del Alcázar- el periódico El
Liberal: «En el sector del Tajo, donde el enemigo se repliega desordenadamente,
se cumplieron ayer todos los objetivos.» El parte del día 24 señala, nada
menos, que las fuerzas de la República han iniciado en el sector de
Talavera-Santa Olalla un importante avance, obligando al enemigo a un rápido
repliegue; y el del día 25 indicaba que «en el sector del Tajo se han cumplido
todos los objetivos señalados en el día de hoy» y que las fuerzas rebeldes se
han replegado en algunos puntos desordenadamente». Pero el parte del día 28
habla ya de que «las columnas rebeldes procedentes de Torrijos y Maqueda han
avanzado» y de un repliegue hecho por los «leales» con el mayor orden. «La línea
de fortificación de nuestras tropas -dice- ha quedado establecida en las
inmediaciones de Toledo.» En los días siguientes se citaban constantemente
combates en Bargas y Olías, lo que era una declaración palmaria de que la
ciudad había sido, por lo menos, rebasada.
(10)
Las palabras eran éstas: «Consideramos un deben informar al pueblo que...
el enemigo realiza grandes esfuerzos para acercarse a la capital de la República...
En Madrid debe generarse la gran contraofensiva victoriosa... La capital de la
República... debe ser el vivero del invencible Ejército de la victoria. Todas
las fuerzas, todos los pueblos españoles... tienen que participar en la defensa
de Madrid.». Según el libro Guerra y Revolución en España, 1936-39,
de DOLORES IBARRURI y OTROS (tomo 11, pág. 57) ya el 17 de septiembre una
delegación del Comité Central del Partido Comunista había hecho a Largo
Caballero una serie de proposiciones entre las cuales figuraba ésta: «Organizar
sin dilación la defensa de Madrid».
(11) Pese a todos los esfuerzos realizados para militarizar las milicias, infundiéndolas una disciplina, ésta tardaba en llegar. En un parte del día 29 de septiembre se dice: «7,35 tarde. El compañero Romero Solano informa que los milicianos de la columna titulada «Tierra y Libertad» ayer combatieron con bastante éxito. Pero hoy, al decirles el jefe de las fuerzas los puntos que tenían que ocupar se han negado diciendo que ellos no van a defender a los socialistas. Después se han retirado a Cabañas, llevándose los tres tanques y los 4 cañones del 7,5 que tienen en su poder. Añade Romero Solano que mañana habrá un combate y convendría que la columna «Tierra y Libertad», con los 3 tanques y los 4 cañones se la hiciera volver a Olías del Rey. El comandante de las fuerzas trató de oponerse a la retirada de la columna titulada «Tierra y Libertad», y éstos contestaron que no obedecían otras órdenes que las emanadas de su Comité»
(12)
La declaración ministerial del día 29 dice que «los facciosos quieren a todo
trance acercase a Madrid, corazón de la lucha antifascista; por esto debemos
subordinarlo todo a su defensa». Y en la sesión del Parlamento del día 2 se
aprueba por aclamación esta proposición: «Ante la excepcionalidad de las
circunstancias... el Congreso acuerda otorgar amplias facultades al Gobierno
para decretar cuantas medidas estime precisas.»
(13)
La idea de que Madrid no podía ser defendido venía de muy atrás. Al decir
DOLORES IBARRURI, cuando el 27 de julio llegó Martínez Barrios a Valencia
reunió a los representantes de los partidos y organizaciones del Frente
Popular, para explicarles que el Gobierno, «en previsión de que Madrid pudiera
caer en manos del enemigo o quedara cercado, había decidido constituir en
Valencia una Junta Delegada que él, en nombre de aquél, presidiría». Bien es
verdad que resulta poco verosímil admitir que el 27 de julio se creyera en un
posible futuro cerco de Madrid, aunque, eso sí, se temiese su ocupación por el
enemigo que se encontraba en Somosierra-Guadarrama. Los temores nacerían
realmente a partir de la pérdida de Talavera y tomarían peso después de la de
Toledo. El día 27 de septiembre el ministro de la Gobernación, Galarza, se
refería a un «bulo», que, lógicamente, llevaría ya varios días circulando:
el de la huida del Gobierno, que desmentía rotundamente, si bien explicaba que
desde hacía días existía el acuerdo de que algunos ministros visitaran las
poblaciones de la «España leal» para llevarles el aliento preciso y
hacerles comprender «que es fundamental defender Madrid». Y el 28, el
Presidente del Consejo y Ministro de la Guerra, Largo Caballero, señala: «Como
no sólo somos ministros de Madrid, sino de España entera, tenemos el deber de
desplazamos a diversas poblaciones...»
(14)
El Decreto número 138 de la Presidencia de la Junta de Defensa Nacional,
designaba, en virtud del acuerdo adoptado por aquélla, jefe del Gobierno del
Estado español al general Franco, el cual asumía «todos los poderes del nuevo
Estado», y a la vez se le nombraba Generalísimo de las fuerzas nacionales de
tierra, mar y aire y General en Jefe de los Ejércitos de Operaciones.
(15) En el Palacio Episcopal.