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CONTRICION: PRIMER ACTO DEL PENITENTE
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Naturaleza de la contrición.- La contrición es un dolor del alma y una detestación del pecado cometido, con el firme propósito de no volver a pecar (Coric. Trid. Seso XIV, cap. 4).

Se dice con propósito de confesarse, porque en la Ley de gracia no puede tener efecto la contrición sin propósito de confesión y de enmienda.

La palabra contrición, según su etimología, se deriva de la voz latina contérere, que significa romper, quebrantar, y por lo tanto expresa el quebranto del corazón.

La Sagrada Escritura la usa frecuentemente para manifestar un gran dolor que quebranta el corazón. Y la Iglesia la ha usado siempre para explicar el dolor del pecado en el Sacramento de la Penitencia; porque contrición es lo mismo que compunción, dolor, arrepentimiento, y por eso no se aplica más que al dolor que siente el corazón por haber ofendido a Dios. 

La contrición encierra tres cosas esenciales, a saber:

a) En cuanto a lo presente, el dolor del alma, impresionada por la gracia; el sentimiento, la pena o tristeza que siente por la maldad que encierra el pecado.

b) En cuanto a lo pasado, la detestación de los pecados cometidos, que radica en la voluntad, que quisiera no haberlos cometido, y por lo tanto la hace sentir el odio y el arrepentimiento de todos ellos.

c) En cuanto a lo futuro, el propósito firme de no pecar en lo sucesivo. 

Clases de contrición.- Hay dos clases o especies de contrición: la contrición perfecta y la contrición Imperfecta o atrición. 

a) La contrición perfecta es el dolor del alma y la detestación del pecado nacidos. del amor especial que se tiene a Dios, «por ser quien es, esto es, por ser sumamente bueno, con propósito de confesarse, enmendarse y cumplir la penitencia».

b) La contrición imperfecta o atrición es el dolor del alma y la detestación del pecado nacidos de otros motivos .sobrenaturales, pero no del amor de Dios. o sea «un dolor o pesar de haber ofendido a Dios, o por la fealdad del pecado, o por temor del infierno, o por haber perdido la gloria, con propósito de confesarse, enmendarse y cumplir la penitencia». 

Estas dos clases de contrición se diferencian en sus motivos y en sus efectos. 

1.° Se distinguen en sus motivos. porque el motivo de la contrición perfecta es el amor y el motivo de la contrición imperfecta es el temor. La contrición perfecta mira a Dios como amable, la contrición imperfecta le mira como justiciero, ésta se funda en el amor de si mismo; por eso se llama imperfecta, porque los motivos en que se funda proceden del egoísmo, del amor a nosotros mismos, es decir, porque la ofensa de Dios es causa para nosotros de la pérdida del cielo o de los tormentos del infierno, etc.

2.° Se distingue en sus efectos, porque la contrición perfecta borra todos los pecados, aun antes de confesarse, aunque incluye el propósito de recibir este Sacramento, y la atrición no justifica por si sola, sino cuando va unida a la confesión. La contrición justifica al alma del pecador, porque es un acto perfecto de amor de Dios, y «quien permanece en caridad, dice San Juan, en Dios permanece, y Dios en él» (1º, IV, 16); pero siempre con la condición de confesarse. y no se perdonada sin esa voluntad y propósito (Trid. Seso XIV, cap. 4). Por eso decía el Salmista: «Me confesaré, y vos, Señor, ya perdonasteis mi maldad» (Salm. XXXI. 5). Buen símil tenemos en la curación de los diez leprosos, a quienes el Señor, después de curados les mandó que se presentasen a los sacerdotes (Luc. XVII, 14).

La atrición aunque no tiene la virtud de justificar por si sola al pecador en si misma es un don del Espíritu Santo, que no habita todavía en el alma del penitente, pero que le excita a convertirse, y le dispone para obtener la gracia de Dios mediante este Sacramento, y entonces de atrito se hace contrito. porque la atrición con la absolución sacramental produce los mismos efectos que la contrición antes de recibir el Sacramento. Un ejemplo lo tenemos en el arrepentimiento del hijo pródigo, que fue perdonado, no cuando se arrepintió ante el recuerdo de los mercenarios que en casa de su padre tenían abundancia de pan, sino cuando se levantó, y se fue a su casa y se postró ante su padre pidiéndole perdón (Luc. XV, 11-24). 

Excelencia de la contrición perfecta.- De estas dos clases de dolor, el mejor y el más excelente como se ve, es el de perfecta contrición, por ser tan grande su eficacia, para justificar al pecador. Aun más, la contrición perfecta en un instante eleva al penitente a una grande santidad, y llena su alma de grandísima paz, como lo atestiguan los grandes pecadores arrepentidos. La contrición es la que formó todos los verdaderos penitentes y los grandes santos. Ejemplos de ello los tenemos abundantísimos en la Sagrada Escritura. Bastará recordar el de la Magdalena. quien tuvo el consuelo de oír de los labios de Jesús: «Le son perdonados muchos pecados, porque ha amado mucho» (Luc. VII, 47).

Por eso es muy provechoso el excitarse con frecuencia a la contrición perfecta. sobre todo cuando se ha tenido la desgracia de cometer algún pecado mortal, o se teme haber caído en él, a fin de recobrar la gracia cuanto antes. Y también es muy recomendable hacer fervorosamente el acto de perfecta contrición todos los días antes de acostarse, después de un breve examen sobre las faltas cometidas durante el día por si sobreviniera una muerte repentina.

El dolor que se necesita para confesarse uno bien.­ Para confesarse uno bien basta el dolor de atrición, que lleva implícita la esperanza del perdón, y no excluye el amor de Dios, antes es una buena preparación para llegar a él.

Pero el penitente debe excitarse siempre a la contrición perfecta, porque es la mejor, la más segura, la más meritoria y la más grata a Dios. 

Necesidad de la contrición.- La contrición, ya sea la perfecta junto con el deseo o propósito de la confesión, ya la imperfecta con la misma confesión, es absolutamente necesaria para obtener el perdón, y la salvación. al que hubiese delinquido gravemente.

Es la razón, porque el hombre. al ofender a Dios grave mente se aparta de Dios para adherirse a una criatura. Ahora bien; para que Dios le perdone esa ofensa es preciso que se convierta a Dios, que deteste su pecado y proponga firme mente la enmienda. Y como esto no puede hacerse sin la contrición; luego sin contrición no hay perdón posible.

Lo demuestra también la Sagrada Escritura y el Concilio de Trento y otras muchísimas razones

La contrición es tan necesaria que sin ella  jamás, por apurado que sea el caso, se podrá recibir el Sacramento de la Penitencia, ni obtenerse el perdón de los pecados. Podrá darse la absolución de los pecados sin la confesión cuando ésta es imposible, y sin la satisfacción, como acontecería al que sorprendido por un accidente repentino, diera al confesor señales de arrepentimiento sin poder proferir palabra. Mas sin contrición, aunque uno confiese todos los pecados con todas sus circunstancias, nunca podrá haber remisión. 

Son indignos por lo tanto de recibir la absolución por falta de la disposición esencial para ello:   

    a) Los que ignoran las verdades absolutamente necesarias para salvarse.

    b) Los que están habitualmente en pecado mortal y no hacen esfuerzo alguno para corregirse.

    c) Los que no quieren dejar las ocasiones próximas de pecado mortal.

    i) Los que se resisten a perdonar a sus enemigos.

    e) Los que no quieren restituir lo mal adquirido o reparar los daños causados al prójimo.

    Y así de otros casos semejantes. 

Cualidades de la contrición.- Para que la contrición, ya perfecta, ya imperfecta sea válida para la recepción del Sacramento de la Penitencia, es necesario que tenga cuatro cualidades.

Debe ser interna, sobrenatural, suma y universal.

 1.° Interna.- Es decir, que verdaderamente salga del corazón, que sea dolor interior o del alma, y no esté sólo en la imaginación o en los labios; porque el corazón es el que. ha pecado, y él es el que ha de arrepentirse.

Por eso no basta decir el acto de contrición con los labios, si no va acompañado de los actos internos de la voluntad o del corazón.

a) Ha de ser un dolor del alma y no del cuerpo; así por ejemplo, cuando un padre reprende a su hijo o le rifle, a éste no le duele nada, pero tiene una pena: es el dolor del alma.

b) No se requieren demostraciones exteriores, como los golpes de pecho, extender los brazos, humillarse en el suelo, etc., si bien son muy provechosas cuando acompañan al dolor del alma. Ni tampoco es necesario recitar el acto de contrición vocalmente, aunque esto sea muy bueno si se siente interiormente; porque la fuerza del dolor ha  de estar en la voluntad, que aborrece y detesta el pecado. En este sentido dice la Escritura: «Rasgad vuestros corazones, y no vuestros vestidos» (Joel, 11, 13).

“Porque del corazón y del alma, dice Jesucristo, proceden los demás pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias» (Mat. XV, 19). 

2,° Sobrenatural.- La contrición ha de ser también sobrenatural, es decir, que se ha de formar con el auxilio de la gracia y por motivos de fe, sobrenaturales o que de algún modo se refieran a Dios, como seria dolerse por los males sobrenaturales que causa el pecado. 

Según esto, para que el dolor sea eficaz de perdón, se requiere que esté fundado en motivos de fe, por ejemplo, la bondad de Dios, a quien el pecado ultraja y desprecia, la pasión de Jesucristo, que el pecado renueva. la malicia infinita que encierra el infierno creado por Dios para castigarle. el cielo reservado por Dios a la inocencia y perdido por el pecado, etc. 

a) El dolor natural, que es aquel que nace de motivos naturales, como el que se arrepintiese por temor de castigos temporales, por la pérdida de la salud o del honor, o por otros motivos semejantes, no sirve para borrar los pecados. Caín se dolió de haber matado a su hermano Abel, y Dios no le perdonó, porque el dolor que tuvo fue motivado por las calamidades a que Dios le sujetó (Gén. IV, 11-13). Saúl se arrepintió de su desobediencia a Dios cuando Samuel le notificó que el Señor le había desechado para que no fuera rey: «He pecado, dijo, por haber quebrantado el mandato del Señor». Pero ni su arrepentimiento, ni la confesión de su pecado le valieron para obtener el perdón, porque no se dolió de haber ofendido a Dios, sino de que ya no podía ser rey de Reyes, XV, 23.26).

b) Se requiere dolor producido por el auxilio de la gracia, es decir, sobrenatural, o el de perfecta contrición o el de atrición. Mejor el perfecto como el de David, que con sólo decir: «Pequé contra el Señor» , al punto quedó perdonado (2º Reyes, XII, 13). O como el de la Magdalena... o como el de Pablo... O como el de Agustín, etc. Pero si no llegamos a eso, al menos tiene que ser el de atrición, que aunque imperfecto. es suficiente, con la absolución sacramental, para obtener la remisión de todos los pecados. 

3.° Suma.- La contrición ha de ser además suma, es decir, que se debe aborrecer apreciativamente el pecado más que todos los males; porque así como debemos amar a Dios sobre todas las cosas, porque le estimamos el supremo bien, así debemos aborrecer el pecado sobre todos los males, queriendo antes perder todas las cosas del mundo, que ofender a Dios, porque el pecado es el supremo mal. 

a) Ha de ser apreciativo, esto es, de razón o preferencia, concebido verdaderamente en el alma por el entendimiento y la voluntad.

b) No se requiere que sea intenso, o sea sentir el dolor en mayor grado posible; basta que uno sinceramente se duela de haber ofendido a Dios por ser él tan bueno, o por los otros motivos, etc. Ni se requiere que exista desde mucho tiempo, porque Dios perdona al pecador al instante en que se arrepiente. Basta un solo acto de la voluntad aborreciendo y detestando el pecado como el mayor mal.

c) No es preciso que sea sensible, es decir, que lo sienta uno sensiblemente o hasta el punto de derramar lágrimas; ni que broten de nuestro pecho los mismos sollozos que si, por ejemplo, hubiéremos perdido al padre o a la madre. Basta la detestación del pecado con la voluntad y la resolución práctica de evitar su causa. Un ejemplo de esto nos ofrece el Rey David. Muere su hijo Absalón, que tanto le hizo sufrir, y lloró desconsolado (2º Reyes, XVIII, 33). Pero cuando el profeta Natán le reprendió el feísimo pecado en que había caído, David no llora, ni despide un suspiro. Sólo baja la cabeza y lleno de confusión por haber ofendido a Dios, dice: «He pecado contra el Señor». Esta pena y confusión agradó tanto a Dios. que le dijo Natán: «El Señor, que ve tu dolor, perdona tu culpa) (2º Reyes. XII. 13). Esto es lo que han hecho los mártires... Mas el sentir sensiblemente el dolor de nuestros pecados, de modo que impresione el corazón y lleguemos a derramar abundantes lágrimas, como fue el dolor de la Magdalena y el de San Pedro. no depende de nosotros. Si Dios nos concede esa gracia, grande cosa es llorar así los pecados y gracia muy grande; pero no es necesario. 

4.° Universal.- La contrición por fin, ha de ser univer­sal, es decir, que se extienda a todos los pecados mortales que se han cometido, sin excluir a ninguno. Porque como no hay uno que no sea grave ofensa a Dios, y todos hacen al alma enemiga suya y digna de! infierno; luego es necesario detestarlos todos sin exceptuar ninguno.

La contrición empero de los pecados veniales, basta que tenga las tres primeras condiciones, sin que se requiera res­pecto de estos pecados el que sea universal. 

En la actual providencia no se perdona el pecado sin que a la vez se devuelva al alma la gracia perdida. Además la gracia y el pecado no pueden residir en el alma simultáneamente. Luego para poder ser absuelto en la confesión de todos los pecados graves es necesario detestarlos todos sin excepción. porque no pueden perdonarse unos sin otros. Un hombre. Por ejemplo, que tuviera tres heridas mortales de necesidad. estaría siempre en peligro cierto de muerte si dejara de curar una sola herida. Del propio modo el alma que tuviera, por ejemplo, tres pecados mortales, continuaría en estado de muerte, privada de la gracia, si dejara de arrepentirse de uno solo. 

En la vida de San Sebastián se refiere, que el Prefecto de Roma. Cromacio, hallándose enfermo de la gota, pidió al Santo que le alcanzase de Dios la salud. Respondió San Sebastián, que si destruía todos los ídolos de su palacio, sanaría. Prosiguió su enfermedad, y lejos de sanar, se sintió aún más atormentado que antes. y preguntándole San Sebastián si había despedazado todos los ídolos, djio que sí; pero que había reservado uno muy pequeño de oro, a quien tenía mucha afición, y que conservaba como recuerdo de familia. Pues mientras no te deshagas de él. replicó el Santo, no sanarás. Hízolo así el idólatra. y al punto recobró la salud.

De la misma manera sucede con el que no se arrepiente de todos los pecados mortales: conservar afecto a uno solo es permanecer enemigo de Dios. 

Medios para obtener la contrición.- Son varios, He aquí los principales: 

1.° Pedirla a Dios fervorosamente, ,porque la contrición es un don de Dios y quiere que se la pidamos. El es el ofendido, justo es que a él acudamos. Es muy eficaz pedirla por intercesión de la Santísima Virgen, porque ella es la Medianera de todas las gracias, y la gracia de un verdadero arrepentimiento, es una de las grandes gracias que ella se complace en concedernos,

2.° Reflexionar sobre los castigos que merece el pecado o sobre sus efectos, pensando en el cielo que nos ha hecho perder y en el infierno que nos ha merecido, y después hacer aplicaciones a nosotros mismos.

3.° Considerar que nuestros pecados son la causa de la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo, puesto que con ellos renovamos su Pasión, y no son ahora los judíos quienes esto hacen. sino un alma rescatada con su sangre.

4.° Recordar los beneficios que hemos recibido de Dios. y no obstante le ofendimos y ultrajamos con nuestros pecados, mostrándonos ingratos a su amor.

Pensar, finalmente, en la bondad infinita de Dios, yen que nos ama como padre, y con el amor más tierno y abnegado; y no obstante le ofendemos. Este es el motivo más elevado, y el que hemos de procurar excitar en nuestros corazones, 'para lo cual ayudará mucho recitar lenta y sentida mente El acto de perfecta contrición que ponen todos los catecismos. 

Manera práctica para formar la contrición.- Para dolerse uno bien de los pecados hay tres principales estaciones, que debemos recorrer mentalmente siempre que nos hemos de confesar, como hacia n algunos Santos; que son el infierno, el cielo y el Calvario sobre todo.

1.° Descender con el pensamiento al infierno, y ver los los castigos que merecimos por nuestros pecados. Esto nos moverá a aborrecerlos.

2º Subir al cielo, y ponderar la grandeza de los premios y recompensas que Dios tiene reserva<!os para los justos, y que por nuestros pecados hemos perdido. Esto nos moverá más todavía a detestarlos.

Ir al Calvario. y ver allí a todo un Dios-hombre muerto, clavado en la cruz por el pecado. Esto nos hará conocer más la malicia infinita del pecado, y nos excitará a aborrecer le de todo corazón. 

Propósito de la enmienda.- El propósito de la enmienda es la voluntad de no pecar en adelante.

Consiste por lo tanto en una firme resolución de nunca jamás ofender a Dios gravemente.

El propósito es parte esencial de la contrición, porque la contrición abraza lo pasado y lo porvenir: lo pasado para detestar los pecados; lo porvenir para evitarlos. Luego sin el propósito no hay verdadera contrición.

No se requiere que sea explícito, o que se haga este acto expresamente cuando se forma el dolor, aunque esto es lo mejor y lo más seguro y recomendable; basta que sea implícito o incluido formalmente en la misma detestación del pecado, y que se extienda a evitar los peligros y ocasiones de pecar y a poner los medios necesarios para ello. 

La voluntad sincera de no volver a pecar es tan necesaria para obtener el perdón de nuestros pecados, como lo es el arrepentimiento de haberlos cometido, pues no se concibe dolor verdadero sin llevar .consigo el propósito de la enmienda.

Lo contrario, es un engaño, una hipocresía, una ilusión, decir que está uno arrepentido y seguir con el afecto al pecado, con la voluntad de no corregirse de él o la de seguir cometiéndole. y buscar las ocasiones lo mismo que antes. Ir a confesarse sin el propósito de la enmienda es una profanación del Sacramento. una burla hecha a Dios, que no dejará sin castigo. Por eso dijo Jesucristo cuando hubo curado al paralítico de la piscina: «Mira que ya estás curado; no peques, pues, "en adelante, para que no te suceda alguna otra cosa peor» {Juan, V, 14). 

Condiciones del propósito.- El propó.sito, para que sea tal propósito verdadero de la enmienda, debe tener tres condiciones, a saber: ha de ser firme, eficaz y universal. 

1.° Firme, que consiste en una actual voluntad decidida y resuelta de no recaer en pecado mortal, aunque para ello tenga el penitente que arrostrar dificultades. Como el grande Apóstol. cuando decía: «¿Quién podrá separarnos del amor de Cristo? ¿Acaso la tribulación... o el peligro, o la persecución, o la espada?.. Pero estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida..., ni lo presente, ni lo venidero, ni (Otra criatura ninguna podrá jamás separarnos del amor de Dios, que se funda en Jesucristo nuestro Señor» (Rom. VIII. 35.39). No se requiere la certeza de la futura enmienda, ni se opone el temor de volver a caer, con tal de que entonces, cuando se forma la contrición. esté uno seriamente decido a la enmienda.

2.° Eficaz. que consiste en una voluntad sincera de poner todos tos medios necesarios que al penitente te dicte su conciencia o el confesor le sugiere, para evitar las recaídas. Por lo tanto, debe estar dispuesto a evitar toda ocasión próxima del pecado; a arrancar los malos hábitos que tenga; a tomar las medicinas espirituales que le indique el confesor en orden a curar las llagas o enfermedades de su alma, etc. Porque así como el enfermo que desea recobrar la salud toma los remedios que el médico le prescribe, así el penitente debe tomar los que el confesor o la prudencia aconseja, si de veras quiere sanar.

3." Universal, o sea que se extienda a todos los pecados mortales, de la misma manera que se dijo de la contrición.            .

Para la confesión de solos pecados veniales se requiere y basta el tener propósito eficaz de evitar, al menos, un pecado venial de los confesados o proponerse la enmienda de algunos de ellos en especial, los deliberados, etc. Pero siempre se requiere algún dolor de ellos, para que se perdonen. 

Señales de contrición y propósito ver­daderos.- Son señales claras de verdadera contrición y propósito las siguientes:            .

Los esfuerzos que se hacen para corregirse uno de sus faltas y destruir los malos hábitos.

2.° El huir de las ocasiones de pecar y evitar todas sus causas.

3. o El cambio de vida, empleando los medios necesarios para vivir cristianamente. 

En consecuencia, pueden creer no haber tenido dolor ni propósito en sus confesiones, dice el Catecismo, los que no se apartan de las ocasiones de pecar, y los que después de una y otra confesión caen en unos mismos pecados.

Ciertamente, los que no evitan las ocasiones próximas de ofender a Dios pueden estar ciertos de falta de dolor y propósito. Lo mismo puede decirse de los reincidentes en las mismas culpas. Con todo, estos últimos si tienen voluntad seria de enmendarse y hacen cuanto está de su parte para no caer, y sin embargo reinciden en el pecado, no será señal de falta de dolor y propósito, ni de malas confesiones. sino más bien de flaqueza y miseria. Aunque con la gracia de Dios pueden éstos curarse, si de veras lo piden a Dios y son fieles en poner los remedios que les aconseje el prudente confesor. 

Cuándo se ha de formar el dolor y el propósito.- ­El dolor y el propósito hay que procurar formarlos antes de la confesión: en rigor basta que preceda a la absolución.

Por eso es necesario prepararse convenientemente antes de ir uno a confesar, como se dirá al tratar del examen; porque el confesor no pude dar la absolución mientras el penitente no esté preparado, y no estará preparado el que esperara a formar el dolor y el propósito en el momento mismo de confesarse. El penitente debe prepararse antes; y si ya lo hizo con alguna anticipación o algún tiempo antes, debe renovar el dolor y el propósito antes de presentarse en el santo tribunal y mientras que el confesor le absuelve, recitar nuevamente el acto de contrición.

... continuará; por el Padre Pío