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CONTRICION:
PRIMER ACTO DEL PENITENTE
(1/3)
Naturaleza de la
contrición.- La contrición
es un dolor del alma y una detestación del pecado cometido, con
el firme propósito de no volver a pecar (Coric. Trid. Seso XIV, cap. 4).
Se dice con propósito
de confesarse, porque en la Ley de gracia no puede tener efecto la contrición
sin propósito de confesión y de enmienda.
La palabra contrición,
según su etimología, se deriva de la voz latina contérere, que
significa romper, quebrantar, y por lo tanto expresa el quebranto del corazón.
La Sagrada
Escritura la usa frecuentemente para manifestar un gran dolor que quebranta el
corazón. Y la Iglesia la ha usado siempre para explicar el dolor del pecado en
el Sacramento de la Penitencia; porque contrición es lo mismo que compunción,
dolor, arrepentimiento, y por eso no se aplica más que al dolor que siente
el corazón por haber ofendido a Dios.
La contrición
encierra tres cosas esenciales, a saber:
a) En cuanto a
lo presente, el dolor del alma, impresionada por la gracia; el
sentimiento, la pena o tristeza que siente por la maldad que encierra el pecado.
b) En cuanto a
lo pasado, la detestación de los pecados cometidos, que radica en la
voluntad, que quisiera no haberlos cometido, y por lo tanto la hace sentir el
odio y el arrepentimiento de todos ellos.
c) En cuanto a
lo futuro, el propósito firme de no pecar en lo sucesivo.
Clases de
contrición.- Hay dos
clases o especies de
contrición: la contrición perfecta
y la contrición Imperfecta o atrición.
a) La contrición
perfecta es el dolor del alma y la detestación del pecado nacidos. del amor
especial que se tiene a Dios, «por ser quien es, esto es, por ser sumamente
bueno, con propósito de confesarse, enmendarse y cumplir la penitencia».
b) La contrición
imperfecta o atrición es el dolor del alma y la detestación del
pecado nacidos de otros motivos .sobrenaturales, pero no del amor de
Dios. o sea «un dolor o pesar de haber ofendido a Dios, o por la fealdad del
pecado, o por temor del infierno, o por haber perdido la gloria, con propósito
de confesarse, enmendarse y cumplir la penitencia».
Estas dos clases de
contrición se diferencian en sus motivos y en sus efectos.
1.° Se
distinguen en sus motivos. porque el motivo de la contrición perfecta es el
amor y el motivo de la contrición imperfecta es el temor. La
contrición perfecta mira a Dios como amable, la contrición imperfecta le mira
como justiciero, ésta se funda en el amor de si mismo; por eso se llama imperfecta,
porque los motivos en que se funda proceden del egoísmo, del amor a
nosotros mismos, es decir, porque la ofensa de Dios es causa para nosotros de la
pérdida del cielo o de los tormentos del infierno, etc.
2.° Se
distingue en sus efectos, porque la contrición perfecta borra todos los
pecados, aun antes de confesarse, aunque incluye el propósito de recibir este
Sacramento, y la atrición no justifica por si sola, sino cuando va unida a la
confesión. La contrición justifica al alma del pecador, porque es un acto
perfecto de amor de Dios, y «quien permanece en caridad, dice San Juan, en Dios
permanece, y Dios en él» (1º, IV, 16); pero siempre con la condición de
confesarse. y no se perdonada sin esa voluntad y propósito (Trid. Seso XIV,
cap. 4). Por eso decía el Salmista: «Me confesaré, y vos, Señor, ya
perdonasteis mi maldad» (Salm. XXXI. 5). Buen símil tenemos en la curación de
los diez leprosos, a quienes el Señor, después de curados les mandó que se
presentasen a los sacerdotes (Luc. XVII, 14).
La atrición aunque
no tiene la virtud de justificar por si sola al pecador en si misma es un don
del Espíritu Santo, que no habita todavía en el alma del penitente, pero que
le excita a convertirse, y le dispone para obtener la gracia de Dios mediante
este Sacramento, y entonces de atrito se hace contrito. porque la atrición
con la absolución sacramental produce los mismos efectos que la contrición
antes de recibir el Sacramento. Un ejemplo lo tenemos en el arrepentimiento del
hijo pródigo, que fue perdonado, no cuando se arrepintió ante el recuerdo de
los mercenarios que en casa de su padre tenían abundancia de pan, sino cuando
se levantó, y se fue a su casa y se postró ante su padre pidiéndole perdón
(Luc. XV, 11-24).
Excelencia de la
contrición perfecta.- De
estas dos clases de dolor, el mejor y el más excelente como se ve, es el de
perfecta contrición, por ser tan grande su eficacia, para justificar al
pecador. Aun más, la contrición perfecta en un instante eleva al penitente a
una grande santidad, y llena su alma de grandísima paz, como lo atestiguan los
grandes pecadores arrepentidos. La contrición es la que formó todos los
verdaderos penitentes y los grandes santos. Ejemplos de ello los tenemos
abundantísimos en la Sagrada Escritura. Bastará recordar el de la Magdalena.
quien tuvo el consuelo de oír de los labios de Jesús: «Le son perdonados
muchos pecados, porque ha amado mucho» (Luc. VII, 47).
Por eso es muy
provechoso el excitarse con frecuencia a la contrición perfecta. sobre
todo cuando se ha tenido la desgracia de cometer algún pecado mortal, o se teme
haber caído en él, a fin de recobrar la gracia cuanto antes. Y también es muy
recomendable hacer fervorosamente el acto de perfecta contrición todos
los días antes de acostarse, después de un breve examen sobre las faltas
cometidas durante el día por si sobreviniera una muerte repentina.
El dolor que se
necesita para confesarse uno bien. Para confesarse uno bien basta el dolor de atrición, que lleva implícita
la esperanza del perdón, y no excluye el amor de Dios, antes es una buena
preparación para llegar a él.
Pero el penitente debe
excitarse siempre a la contrición perfecta, porque
es la mejor, la más segura, la más meritoria y la más grata a Dios.
Necesidad de la
contrición.- La contrición,
ya sea la perfecta junto con el deseo o propósito de la confesión, ya la
imperfecta con la misma confesión, es absolutamente necesaria para
obtener el perdón, y la salvación. al que hubiese delinquido gravemente.
Es la razón,
porque el hombre. al ofender a Dios grave mente se aparta de Dios para adherirse
a una criatura. Ahora bien; para que Dios le perdone esa ofensa es preciso que
se convierta a Dios, que deteste su pecado y proponga firme mente la enmienda. Y
como esto no puede hacerse sin la contrición; luego sin contrición no hay perdón
posible.
Lo demuestra también
la Sagrada Escritura y el Concilio de Trento y otras muchísimas razones
La contrición es
tan necesaria que sin ella jamás,
por apurado que sea el caso, se podrá recibir el Sacramento de la
Penitencia, ni obtenerse el perdón de los pecados. Podrá darse la absolución
de los pecados sin la confesión cuando ésta es imposible, y sin la satisfacción,
como acontecería al que sorprendido por un accidente repentino, diera al
confesor señales de arrepentimiento sin poder proferir palabra. Mas sin
contrición, aunque uno confiese todos los pecados con todas sus circunstancias,
nunca podrá haber remisión.
Son indignos por lo tanto de
recibir la absolución por falta de la disposición esencial para
ello:
a) Los que ignoran las verdades absolutamente necesarias para
salvarse.
b) Los que están habitualmente en pecado mortal y no hacen
esfuerzo alguno para corregirse.
c) Los que no quieren dejar las ocasiones próximas de pecado
mortal.
i) Los que se resisten a perdonar a sus enemigos.
e) Los que no quieren restituir lo mal adquirido o reparar los daños
causados al prójimo.
Y así de otros casos semejantes.
Cualidades de la
contrición.- Para que la contrición,
ya perfecta, ya imperfecta sea válida para la recepción del Sacramento de la
Penitencia, es necesario que tenga cuatro cualidades.
Debe ser interna,
sobrenatural, suma y universal.
1.°
Interna.- Es decir, que verdaderamente salga del corazón, que sea dolor
interior o del alma, y no esté sólo en la imaginación o en los
labios; porque el corazón es el que. ha pecado, y él es el que
ha de arrepentirse.
Por eso no basta
decir el acto de contrición con los labios, si no va acompañado
de los actos internos de la voluntad o del corazón.
a) Ha de ser un
dolor del alma y no del cuerpo; así por ejemplo, cuando un padre reprende a su
hijo o le rifle, a éste no le duele nada, pero tiene una pena: es el dolor del
alma.
b) No se requieren
demostraciones exteriores, como los golpes de pecho, extender los brazos,
humillarse en el suelo, etc., si bien son muy provechosas cuando acompañan al
dolor del alma. Ni tampoco es necesario recitar el acto de contrición
vocalmente, aunque esto sea muy bueno si se siente interiormente; porque la
fuerza del dolor ha de estar en la
voluntad, que aborrece y detesta el pecado. En este sentido dice la Escritura:
«Rasgad vuestros corazones, y no vuestros vestidos» (Joel, 11, 13).
“Porque del corazón
y del alma, dice Jesucristo, proceden los demás pensamientos, los homicidios,
los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las
blasfemias» (Mat. XV, 19).
2,° Sobrenatural.-
La contrición ha de ser también sobrenatural, es decir, que se ha
de formar con el auxilio de la gracia y por motivos de fe, sobrenaturales o que
de algún modo se refieran a Dios, como seria dolerse por los males
sobrenaturales que causa el pecado.
Según esto, para
que el dolor sea eficaz de perdón, se requiere que esté fundado en motivos de
fe, por ejemplo, la bondad de Dios, a quien el pecado ultraja y
desprecia, la pasión de Jesucristo, que el pecado renueva. la malicia
infinita que encierra el infierno creado por Dios para castigarle. el
cielo reservado por Dios a la inocencia y perdido por el pecado, etc.
a) El dolor
natural, que es aquel que nace de motivos naturales, como el que se
arrepintiese por temor de castigos temporales, por la pérdida de la salud o del
honor, o por otros motivos semejantes, no sirve para borrar los pecados. Caín
se dolió de haber matado a su hermano Abel, y Dios no le perdonó, porque
el dolor que tuvo fue motivado por las calamidades a que Dios le sujetó (Gén.
IV, 11-13). Saúl se arrepintió de su desobediencia a Dios cuando Samuel
le notificó que el Señor le había desechado para que no fuera rey: «He
pecado, dijo, por haber quebrantado el mandato del Señor». Pero ni su
arrepentimiento, ni la confesión de su pecado le valieron para obtener el perdón,
porque no se dolió de haber ofendido a Dios, sino de que ya no podía ser rey
de Reyes, XV, 23.26).
b) Se requiere
dolor producido por el auxilio de la gracia, es decir, sobrenatural, o el de perfecta
contrición o el de atrición. Mejor el perfecto como el de David,
que con sólo decir: «Pequé contra el Señor» , al punto quedó perdonado (2º
Reyes, XII, 13). O como el de la Magdalena... o como el de Pablo... O como el de
Agustín, etc. Pero si no llegamos a eso, al menos tiene que ser el de atrición,
que aunque imperfecto. es suficiente, con la absolución sacramental, para
obtener la remisión de todos los pecados.
3.° Suma.- La contrición
ha de ser además suma, es decir, que se debe aborrecer apreciativamente
el pecado más que todos los males; porque así como debemos amar a Dios
sobre todas las cosas, porque le estimamos el supremo bien, así debemos
aborrecer el pecado sobre todos los males, queriendo antes perder todas las
cosas del mundo, que ofender a Dios, porque el pecado es el supremo mal.
a) Ha de ser
apreciativo, esto es, de razón o preferencia, concebido
verdaderamente en el alma por el entendimiento y la voluntad.
b) No se
requiere que sea intenso, o sea sentir el dolor en mayor grado posible;
basta que uno sinceramente se duela de haber ofendido a Dios por ser él tan
bueno, o por los otros motivos, etc. Ni se requiere que exista desde mucho
tiempo, porque Dios perdona al pecador al instante en que se arrepiente.
Basta un solo acto de la voluntad aborreciendo y detestando el pecado como el
mayor mal.
c) No es preciso
que sea sensible, es decir, que lo sienta uno sensiblemente o hasta
el punto de derramar lágrimas; ni que broten de nuestro pecho los mismos
sollozos que si, por ejemplo, hubiéremos perdido al padre o a la madre. Basta
la detestación del pecado con la voluntad y la resolución práctica de evitar
su causa. Un ejemplo de esto nos ofrece el Rey David. Muere su hijo Absalón,
que tanto le hizo sufrir, y lloró desconsolado (2º Reyes, XVIII, 33). Pero
cuando el profeta Natán le reprendió el feísimo pecado en que había caído,
David no llora, ni despide un suspiro. Sólo baja la cabeza y lleno de confusión
por haber ofendido a Dios, dice: «He pecado contra el Señor». Esta pena y
confusión agradó tanto a Dios. que le dijo Natán: «El Señor, que ve tu
dolor, perdona tu culpa) (2º Reyes. XII. 13). Esto es lo que han hecho los mártires...
Mas el sentir sensiblemente el dolor de nuestros pecados, de modo que impresione
el corazón y lleguemos a derramar abundantes lágrimas, como fue el dolor de la
Magdalena y el de San Pedro. no depende de nosotros. Si Dios nos concede esa
gracia, grande cosa es llorar así los pecados y gracia muy grande; pero no es
necesario.
4.° Universal.-
La contrición por fin, ha de ser universal, es decir, que se
extienda a todos los pecados mortales que se han cometido, sin excluir a
ninguno. Porque como no hay uno que no sea grave ofensa a Dios, y todos hacen al
alma enemiga suya y digna de! infierno; luego es necesario detestarlos todos sin
exceptuar ninguno.
La contrición
empero de los pecados veniales, basta que tenga las tres primeras
condiciones, sin que se requiera respecto de estos pecados el que sea
universal.
En la actual
providencia no se perdona el pecado sin que a la vez se devuelva al alma la
gracia perdida. Además la gracia y el pecado no pueden residir en el alma
simultáneamente. Luego para poder ser absuelto en la confesión de todos los
pecados graves es necesario detestarlos todos sin excepción. porque no pueden
perdonarse unos sin otros. Un hombre. Por ejemplo, que tuviera tres heridas
mortales de necesidad. estaría siempre en peligro cierto de muerte si dejara de
curar una sola herida. Del propio modo el alma que tuviera, por ejemplo, tres
pecados mortales, continuaría en estado de muerte, privada de la gracia, si
dejara de arrepentirse de uno solo.
En la vida de San Sebastián se refiere, que el Prefecto de Roma. Cromacio, hallándose enfermo de la gota, pidió al Santo que le alcanzase de Dios la salud. Respondió San Sebastián, que si destruía todos los ídolos de su palacio, sanaría. Prosiguió su enfermedad, y lejos de sanar, se sintió aún más atormentado que antes. y preguntándole San Sebastián si había despedazado todos los ídolos, djio que sí; pero que había reservado uno muy pequeño de oro, a quien tenía mucha afición, y que conservaba como recuerdo de familia. Pues mientras no te deshagas de él. replicó el Santo, no sanarás. Hízolo así el idólatra. y al punto recobró la salud.
De la misma manera sucede con el que no se arrepiente de todos
los pecados mortales: conservar afecto a uno solo es permanecer enemigo de
Dios.
Medios para
obtener la contrición.- Son
varios, He aquí los principales:
1.° Pedirla a
Dios fervorosamente, ,porque la contrición es un don de Dios y quiere que
se la pidamos. El es el ofendido, justo es que a él acudamos. Es muy eficaz
pedirla por intercesión de la Santísima Virgen, porque ella es la Medianera de
todas las gracias, y la gracia de un verdadero arrepentimiento, es una de las
grandes gracias que ella se complace en concedernos,
2.° Reflexionar
sobre los castigos que merece el pecado o sobre sus efectos, pensando
en el cielo que nos ha hecho perder y en el infierno que nos ha merecido, y
después hacer aplicaciones a nosotros mismos.
3.° Considerar
que nuestros pecados son la causa de la pasión y muerte de Nuestro Señor
Jesucristo, puesto que con ellos renovamos su Pasión, y no son ahora los
judíos quienes esto hacen. sino un alma rescatada con su sangre.
4.° Recordar
los beneficios que hemos recibido de Dios. y no obstante le ofendimos y
ultrajamos con nuestros pecados, mostrándonos ingratos a su amor.
5° Pensar,
finalmente, en la bondad infinita de Dios, yen que nos ama como padre, y con
el amor más tierno y abnegado; y no obstante le ofendemos. Este es el motivo más
elevado, y el que hemos de procurar excitar en nuestros corazones, 'para lo cual
ayudará mucho recitar lenta y sentida mente El acto de perfecta contrición que
ponen todos los catecismos.
Manera práctica
para formar la contrición.- Para dolerse uno
bien de los pecados hay tres principales estaciones, que debemos recorrer
mentalmente siempre que nos hemos de confesar, como hacia n algunos Santos; que
son el infierno, el cielo y el Calvario sobre todo.
1.° Descender
con el pensamiento al infierno, y ver los los castigos que merecimos por
nuestros pecados. Esto nos moverá a aborrecerlos.
2º Subir al
cielo, y ponderar la grandeza
de los premios y recompensas que Dios tiene reserva<!os para los justos, y
que por nuestros pecados hemos perdido. Esto nos moverá más todavía a
detestarlos.
3° Ir al
Calvario. y ver allí a todo un Dios-hombre muerto, clavado en la cruz por
el pecado. Esto nos hará conocer más la malicia infinita del pecado, y nos
excitará a aborrecer le de todo corazón.
Propósito de la
enmienda.- El propósito de
la enmienda es la voluntad de
no pecar en adelante.
Consiste por lo
tanto en una firme resolución de nunca jamás ofender a Dios gravemente.
El propósito es
parte esencial de la contrición, porque la contrición abraza lo pasado
y lo porvenir: lo pasado para detestar los pecados; lo porvenir para evitarlos.
Luego sin el propósito no hay verdadera contrición.
No se requiere que
sea explícito, o que se haga este acto expresamente cuando se forma el
dolor, aunque esto es lo mejor y lo más seguro y recomendable; basta que sea implícito
o incluido formalmente en la misma detestación del pecado, y que se
extienda a evitar los peligros y ocasiones de pecar y a poner los medios
necesarios para ello.
La voluntad sincera
de no volver a pecar es tan necesaria para obtener el perdón de nuestros
pecados, como lo es el arrepentimiento de haberlos cometido, pues no se concibe
dolor verdadero sin llevar .consigo el propósito de la enmienda.
Lo contrario, es un
engaño, una hipocresía, una ilusión, decir que está uno arrepentido y seguir
con el afecto al pecado, con la voluntad de no corregirse de él o la de seguir
cometiéndole. y buscar las ocasiones lo mismo que antes. Ir a confesarse sin el
propósito de la enmienda es una profanación del Sacramento. una burla hecha a
Dios, que no dejará sin castigo. Por eso dijo Jesucristo cuando hubo curado al
paralítico de la piscina: «Mira que ya estás curado; no peques, pues,
"en adelante, para que no te suceda alguna otra cosa peor» {Juan, V, 14).
Condiciones del
propósito.- El propó.sito,
para que sea tal propósito verdadero de la enmienda, debe tener tres
condiciones, a saber: ha de ser firme, eficaz y universal.
1.° Firme, que
consiste en una actual voluntad decidida y resuelta de no recaer en pecado
mortal, aunque para ello tenga el penitente que arrostrar dificultades. Como el
grande Apóstol. cuando decía: «¿Quién podrá separarnos del amor de Cristo?
¿Acaso la tribulación... o el peligro, o la persecución, o la espada?.. Pero
estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida..., ni lo presente, ni lo venidero,
ni (Otra criatura ninguna podrá jamás separarnos del amor de Dios, que se
funda en Jesucristo nuestro Señor» (Rom. VIII. 35.39). No se requiere la certeza
de la futura enmienda, ni se opone el temor de volver a caer, con tal
de que entonces, cuando se forma la contrición. esté uno seriamente decido a
la enmienda.
2.° Eficaz. que
consiste en una voluntad sincera de poner todos tos medios necesarios que al
penitente te dicte su conciencia o el confesor le sugiere, para evitar las recaídas.
Por lo tanto, debe estar dispuesto a evitar toda ocasión próxima del pecado; a
arrancar los malos hábitos que tenga; a tomar las medicinas espirituales que le
indique el confesor en orden a curar las llagas o enfermedades de su alma, etc.
Porque así como el enfermo que desea recobrar la salud toma los remedios que el
médico le prescribe, así el penitente debe tomar los que el confesor o la
prudencia aconseja, si de veras quiere sanar.
3." Universal,
o sea que se extienda a todos los pecados mortales, de la misma manera que
se dijo de la contrición.
.
Para la confesión
de solos pecados veniales se requiere y basta el tener propósito eficaz
de evitar, al menos, un pecado venial de los confesados o proponerse la
enmienda de algunos de ellos en especial, los deliberados, etc. Pero siempre se
requiere algún dolor de ellos, para que se perdonen.
Señales de
contrición y propósito verdaderos.-
Son señales claras de verdadera contrición y propósito las
siguientes:
.
1º
Los esfuerzos que se hacen para
corregirse uno de sus faltas y destruir los malos hábitos.
2.° El huir de las
ocasiones de pecar y evitar todas sus causas.
3. o El
cambio de vida, empleando los medios necesarios para vivir cristianamente.
En consecuencia, pueden
creer no haber tenido dolor ni propósito en sus confesiones, dice el
Catecismo, los que no se apartan de las ocasiones de pecar, y los que después
de una y otra confesión caen en unos mismos pecados.
Ciertamente, los
que no evitan las ocasiones próximas de ofender a Dios pueden
estar ciertos de falta de dolor y propósito. Lo mismo puede decirse de los reincidentes
en las mismas culpas. Con todo, estos últimos si tienen voluntad seria de
enmendarse y hacen cuanto está de su parte para no caer, y sin embargo
reinciden en el pecado, no será señal de falta de dolor y propósito, ni de
malas confesiones. sino más bien de flaqueza y miseria. Aunque con la gracia de
Dios pueden éstos curarse, si de veras lo piden a Dios y son fieles en
poner los remedios que les aconseje el prudente confesor.
Cuándo se ha de
formar el dolor y el propósito.- El dolor y el propósito hay que procurar formarlos antes de la confesión:
en rigor basta que preceda a la absolución.
Por eso es
necesario prepararse convenientemente antes de ir uno a confesar, como se
dirá al tratar del examen; porque el confesor no pude dar la absolución
mientras el penitente no esté preparado, y no estará preparado el que esperara
a formar el dolor y el propósito en el momento mismo de confesarse. El
penitente debe prepararse antes; y si ya lo hizo con alguna anticipación o algún
tiempo antes, debe renovar el dolor y el propósito antes de presentarse en el
santo tribunal y mientras que el confesor le absuelve, recitar nuevamente el
acto de contrición.
... continuará; por el Padre Pío